Las huellas que Adorni no consigue tapar

Se encontró dinero en el departamento de su padre muerto en 2002. Lo guardó. Siguió ahorrando, en negro, “como todo el mundo”. Diez años después lo invirtió en Bitcoin, una extravagancia para aquellos tiempos. Ganó. Vivió austeramente con una módica fortuna de 500.000 dólares guardada para la educación de sus hijos. Pero decidió gastársela apenas asumió un cargo en el Estado. Por suerte, Manuel Adorni halló entre chatarras electrónicas que colecciona el pendrive con la documentación respaldatoria del éxito financiero detrás del enriquecimiento por el que lo investiga la Justicia. Tres meses le llevó al jefe de Gabinete justificar las inconsistencias de su patrimonio declarado. El resultado fue un trabajo de orfebrería jurídica pensada para ayudarlo en sus causas penales a costa de un valor esencial para un político: la credibilidad de su palabra. Tuvo que admitir que le había mentido al Congreso y a la opinión pública cuando dijo que “no hubo ocultación alguna” en las declaraciones de bienes que ahora rectificó. Aceptó como algo natural que evadió impuestos durante 20 años. Y construyó un relato que rivaliza con el de aquel pastor chaqueño al que Javier Milei le inauguró el templo y que hacía el milagro de convertir los pesos en dólares. La reescritura que hizo Adorni para probar que su bonanza precede su ingreso al Gobierno dejó huellas de un disimulo contable que terminó mal. El eslabón más débil se vincula con la compra de la casa en el country de Indio Cua, escriturada el 15 de noviembre de 2024. En el registro de la propiedad quedó anotada solo a nombre de Bettina Angeletti, esposa del funcionario. “Fue un error”, dice ahora Adorni, que incluyó su 50% de ese bien ganancial en la nueva versión de su declaración jurada 2024. Ese “error” impidió convenientemente que la opinión pública pudiera conocer la compra gracias a las leyes de transparencia que obligan a los cargos políticos a informar su patrimonio a la Oficina Anticorrupción. Los bienes de los cónyuges deben presentarse en un sobre cerrado que es secreto, salvo si lo requiere un juez. Adorni ni siquiera entregó en su momento el anexo sobre Angeletti. Pero sí registró en la declaración original un préstamo con Graciela Molina y otro con Victoria Cancio, dos policías federales, por un total de 50.000 dólares. Cuando la casa del country quedó expuesta en la investigación judicial, salió a la luz que Molina y Cancio le habían prestado al matrimonio Adorni 100.000 dólares que se usaron para la operación inmobiliaria. Trabaron una hipoteca sobre el departamento de Parque Chacabuco en el que entonces vivía el funcionario. Era un crédito con un interés anual del 11%, según contó la escribana que certificó todo, Adriana Nechevenko. ¿Por qué Adorni se olvidó de declarar a tiempo su parte de la casa, pero anotó rigurosamente el 50% de la deuda que el matrimonio contrajo para comprarla?Si se analiza la documentación rectificada esta semana surge otra pregunta más filosa. Según el documento, el funcionario tenía a finales de 2024 (45 días después de haber firmado el préstamo con las policías) 388.961,52 dólares en efectivo. Sería lo que le quedaba de aquellos “ahorros en negro” frutos de su éxito con el Bitcoin (BTC). ¿Quién elegiría hipotecar la casa en la que vive y pagar un interés altísimo si tiene a la mano una cantidad de dinero casi tres veces mayor? Expertos contables señalan que anotar deudas es la mejor forma de regularizar a mediano plazo un dinero que no se puede explicar. Quizá en este caso sea solo un accidente. Las jubiladas y el “hombre bomba”La otra propiedad que adquirió Adorni en la función pública es el departamento de la calle Miró, en Caballito, al que se mudó este año. También obtuvo una hipoteca, concedida por dos mujeres jubiladas que figuraron seis meses como dueñas del inmueble. Le financiaron 200.000 dólares por tiempo indefinido y sin interés. Adorni aclaró que una de las señoras es la madre de un amigo que le hizo el favor porque necesitaba mudarse con urgencia. En el edificio de Parque Chacabuco había vecinos que lo insultaban en los pasillos. Puso en venta el departamento. Al venderlo saldaría la deuda. Ese amigo, Pablo Feijoo, declaró en la Justicia que aunque el inmueble de Miró se escrituró en 230.000 dólares pactaron otros 65.000 adicionales por fuera de los papeles. Adorni, en la declaración jurada correspondiente a 2025, detalló un préstamo por ese monto, en este caso al 100%, sin considerar una parte a nombre de su esposa, al contrario de lo que había hecho con la otra hipoteca. La sucesión de préstamos ofrecía argumentos contables para acreditar, al menos a nivel judicial, la prosperidad de los Adorni. Fuentes que participan de las discusiones internas del oficialismo señalan que el funcionario transmitía a los Milei una confianza ciega en que podría explicar todo. Así fue durante los primeros dos meses del escándalo que se había iniciado cuando se descubrió que Angeletti había subido al avión presidencial con la comitiva oficial que viajó a Estados Unidos a principios de marzo. Adorni fue al Congreso el 29 de abril y dio una conferencia de prensa el 4 de mayo en las que juró que su patrimonio estaba debidamente declarado, sin ocultamiento de ningún tipo. ¿Por qué habría de comprometer su palabra de ese modo si sabía que al final del camino tendría que confesar la tenencia de dinero en negro? “Hasta ese momento creyó que no iba a ser necesario”, sugiere un funcionario que participó de la preparación de la sesión de Adorni en la Cámara de Diputados. El recuerdo de aquella puesta en escena todavía eriza la piel de algunos integrantes del Gabinete. “Nos hicieron ovacionar una mentira”, se indigna, fuera de micrófono, uno de los que pobló los palcos principales el día en que Adorni desafió a quienes dudaban de su palabra en el mayor escenario de la institucionalidad democrática. El punto de quiebre fue la refacción de Indio Cua. El constructor Matías Tabar fue el “hombre bomba” que desarticuló la estrategia de Adorni. El 4 de mayo, cinco días después de la sesión parlamentaria, declaró en la Justicia que las obras en la casa de fin de semana habían costado 245.000 dólares y que el funcionario pagó en efectivo. Dijo también que Adorni lo había estado llamando para ofrecerle asistencia. “Te va a estar llamando gente de mi equipo”, le escribió antes de la comparecencia ante el fiscal. Un peritaje sobre el teléfono de Tabar busca determinar cuántos mensajes y de quién recibió el testigo en los días previos a su presentación. Para Adorni significó un desequilibrio político y emocional que Tabar, a diferencia de Feijoo, le jugara en contra. Los Milei también estallaron. Justificar 245.000 dólares en efectivo cambiaba por completo la misión de cuadrar las cuentas. Para colmo, la revelación de que la pileta incluía una cascada multiplicó la resonancia popular del caso. Milei llegó a acusar en público a Tabar de ser “un kirchnerista”, de “prontuario dudoso”. Ya rendido, Adorni redimió a su verdugo judicial cuando el periodista José Del Rio le recordó en LN+ que al contratista lo habían tildado de militante del kirchnerismo. "No, no sé. Han dicho cualquier barbaridad”, respondió. Los 37 días que siguieron a la deposición de Tabar fueron un hervidero de versiones sobre qué podría presentar Adorni. Lo asistió un equipo de abogados de primer nivel, especialistas en derecho penal y tributario. Hubo versiones de que hablaría de otro préstamo, de una herencia, de inversiones fructíferas.La billetera fríaFinalmente emergió un mix: dinero encontrado en la casa del padre fallecido y éxito con monedas virtuales. Bajo presión, el contador Adorni incurrió en fallas de su otra especialidad, la comunicación. La versión imprecisa que se difundió desde la Casa Rosada fue que había encontrado los Bitcoin en una “billetera fría”, un dispositivo físico que guarda las claves privadas criptográficas fuera de línea. Ya en la entrevista en televisión Adorni contó que lo que había hallado entre sus computadoras viejas era la documentación respaldatoria de las operaciones cripto. Pero el “pendrive mágico” pasó a engrosar la lista de elementos sarcásticos de esta historia, junto a la cascada, las jubiladas generosas y la escribana estridente. El caso convirtió en caricatura aquello de “la moral como política de Estado”. Milei felicitó a Adorni apenas terminó la entrevista. Sin esperar salió un tuit del director audiovisual del Gobierno, Santiago Oría, que aspira a ser un Gordo Dan del karinismo: “Listo, explicó todo y perfecto”. Exigió, además, que los periodistas pidieran disculpas. Pero el resto del oficialismo se refugió en el silencio. La presión para que el jefe de Gabinete renuncie se agigantó. Patricia Bullrich empezó una carrera con el Pro de Mauricio Macri por ver quién se anota el premio de convencer a Milei. La indignación perforó la burbuja del algoritmo libertario. “Se está cargando al Gobierno. Qué bronca LPM”, escribió el analista financiero Julián Yosovitch, que entrevistó el mes pasado a Milei en su programa de streaming. El consultor Antonio Aracre, desde el cariño, le sugirió a Adorni: “Andate a vivir un año al exterior y sacá a tus hijos de este entorno tóxico”. El hilo que sostiene a Adorni no resiste el archivo. Viejas grabaciones del ahora jefe de Gabinete en disertaciones por las que cobraba cuando no estaba en la política tensionan su narrativa actual. En un video de 2020, describe el asombro de cuando descubrió el Bitcoin, en tiempos en que la cotización estaba en 6000 dólares. De ser así, tiene que haber ocurrido no antes de octubre de 2017, cuando alcanzó por primera vez esa cima. “No conocía mucho de eso”, se lo oye confesar. Definime conocer, diría su escribana. A Del Rio le dijo que empezó a operar “fuerte” en BTC en 2014 y que se retiró en 2018. Pero en otra conferencia de 2022 desaconseja la inversión en BTC, porque la considera demasiado volátil. Y en una más, de ese mismo año, dice: “Yo soy un tipo del dólar; me gustan las mone
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