El joven golondrina: cuando la desaparición de una adolescente desnuda los secretos y las miserias de un pueblo

Autora y directora: Laura Santos. Intérpretes: Eva Bianco, Daniel Cabot, Paula Mbarak, Balthazar Murillo, Dolores Oliverio, Carmela Rivero, Paula Staffolani, Daniel Valenzuela. Vestuario: Lara Sol Gaudini. Escenografía: Mariana Tirante. Iluminación: Matías Sendón. Música: Shaman Herrera. Coreografía: Leticia Mazur. Sala: Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815. Funciones: jueves a domingos a las 21. Duración: 90 minutos. Nuestra opinión: buenaActriz, dramaturga y directora, Laura Santos viene dando a conocer en Buenos Aires buena parte de su producción en los últimos años (Haya, Los nadadores). Su teatro, en general, posee una intensa impronta social. Sus personajes suelen ser seres desvalidos que tratan de vivir dentro de un mundo que cuestionan con cierta entereza y poseen argumentos muy valorables.La autora escribió Un joven golondrina durante el programa de residencias para dramaturgos latinoamericanos del Royal Court de Londres y fue coproducido por la Fundación Teatro a Mil, INAE y el Complejo Teatral de Buenos Aires. Posteriormente fue traducida al inglés. La pieza, además, fue nominada al premio Münchner Förderpreis für neue Dramatik, en Munich.Un joven golondrina es una tragedia rural cuya historia se desarrolla en el Valle de Río Negro, en una pequeña localidad a la que anualmente llegan los trabajadores golondrinas de diferentes partes del país para trabajar en la cosecha. Uno de ellos arriba con su hermano mayor, quien ya conoce la labor que deberá realizar en la zona.En el pequeño poblado todos se conocen y llevan una vida más o menos rutinaria. Pero hay dos chicas adolescentes (Mora y Belinda) que han logrado construir una relación muy férrea. Suelen ir al río donde comparten sus historias de vida, sus ganas de viajar y hasta están decidiendo cuáles les gustaría que fueran sus destinos profesionales cuando sean mayores. Una quiere ser oceanógrafa y la otra, guardabosques.Cierta tarde un camión que traslada ganado vuelca en una ruta cercana al paraje en el que ellas se encuentran. El conductor falleció, parte de las vacas murieron y los vecinos deciden ir al lugar y faenar a los animales para llevar sus restos a sus casas.La tensión que produce el hecho es notablemente significativa. En la confusión que provoca ese aglomeramiento de gente, entre animales muertos, la desesperación por arrebatar un trozo de carne, una fuerte lluvia comienza a caer. Los habitantes se mezclan con los golondrinas y hasta con los patrones de la empresa que los contrata.Inesperadamente Mora desaparece. Belinda cae en una profunda tristeza. Sus tías (Amanda y Aurora) no logran sacarla de esa situación, mientras se inicia la búsqueda desesperada de de la chica que, en un comienzo, suponen que fue raptada por un trabajador golondrina.Ambiente hostilAquí la pieza comienza a adquirir una cualidad más intensa. Se van develando las diversas capas que conforman el entramado social del lugar. En él conviven los pobladores naturales, junto a empresarios oportunistas y maltratadores de sus trabajadores, un servicio policial que poco atiende las problemáticas de su comunidad y un submundo conformado por delincuentes que hostigan a algunos habitantes y se aprovechan de las jovencitas.Hay dos voces en este texto que no solo alertan sobre la situación que se vive en el lugar, sino que conocen en profundidad el trasfondo de esa sociedad, Helen (una prostituta dueña de un bar) y Mamani (un hombre mayor que define con mucha certeza las condiciones de vida de un poblado que parecería no tener posibilidades de salir de su estado caótico).El espectáculo creado y dirigido por Santos posee una atractiva composición estética. Algunas de las actuaciones logran definir con profunda claridad ese ambiente hostil que termina provocando un femicidio, que injustamente encarcela a seres indefensos que solo buscan una posibilidad de ganar algo de dinero trabajando dignamente, pero que ingresan en una “espiral de fuego” que termina quemándolos, por decirlo de algún modo.Eva Bianco se adueña de una presencia escénica muy fuerte y desde allí parte para mostrar a una Helen aguerrida sin ser agresiva, simplemente haciendo uso de ciertas cualidades personales que combinan la seducción y el respeto por la “gente de bien”. En la misma línea trabaja Daniel Valenzuela (Mamani), un pícaro conocedor de la conducta humana que, simplemente porque ha vivido y visto mucho, sus reflexiones posibilitan entender cómo funcionan esos espacios en los que se mueve.El resto del elenco construye sus personajes con autenticidad, pero, en verdad, no logran provocar el impacto que deberían. La pieza está cargada de pequeñas tensiones que van sumándose hasta que estalla la tragedia. Y eso aún no aparece con la intensidad necesaria. Quizá con el correr de las funciones suceda. Santos propone una reflexión muy severa sobre las conductas humanas contemporáneas, que deberían producir una fuerte conmoción en la platea.3 stars
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