Luis Pescetti: el cantautor infantil que ahora también escuchan los chicos italianos

Ceci, de tres años, le envía un mensaje de audio al músico y autor Luis Pescetti desde Biella, en el norte de Italia: ”Ciao! Mi piace molto, grazie per avermi fatto ascoltare questa canzone. La mia preferita è Vino el lunes... e anche tutte le tue canzoni. Ciao, buona notte!” Es la hija de un músico piamontés, Gabriele Greggio, al que Pescetti le había dejado en un viaje links de música latinoamericana dedicada a la infancia, incluyendo también temas suyos. “Tuve una de esas intuiciones”, dice Pescetti hoy, a poco más de un año de haber recibido ese audio por WhatsApp. Y agrega: “Si le gustó la canción en español, ¿cuánto más le podría gustar en italiano? Imaginé que esa podría ser la situación de muchos chicos y me puse a indagar qué hay de canción infantil en Italia.” Encontró que no existía la canción de autor como se la conoce en la Argentina, Brasil, México o Colombia, sino más que nada temas de difusión televisiva, como los cantados por niños en el Festival Zecchino d´Oro, o bien canciones tradicionales del repertorio popular. “Entonces, por qué no traducir diez de mis canciones... Pero no para que reconozcan mi obra, sino para devolverle a Italia una versión mía de lo que puede ser la canción infantil, en su lengua. Estuvimos todo el año traduciendo, con un amigo de allá, un actor, y luego yo estuve dos meses practicando la pronunciación.” El resultado se está difundiendo desde hace unos días en Italia en una veintena de plataformas musicales: Canzoni per bimbe, bimbi e altre creature giganti se llama el álbum que alude a darle una dimensión propia a la infancia. Pescetti no deja de jugar con la idea de “no minimizar los chicos como si fueran un adulto stand-by”. Pescetti adquirió popularidad por sus libros para chicos –Natacha, El pulpo está crudo, entre muchos otros- y por sus canciones, siempre navegando entre el humor con desparpajo y una poética de mirada sorprendente. Pero también por sus reflexiones sobre la vida cultural de las infancias, que suele difundir por sus redes, ahora también con un apartado en italiano.“Los chicos necesitan canciones para chicos, que puedan contar sus vidas, sus historias. ¿Por qué? Básicamente porque cuando uno tiene una canción, reconoce su existencia como lo que es. Si tenés un relato en el que te ves reflejado decís: ‘ah, yo existo’. Si ningún relato te refleja es una situación muy de poscolonialismo”, afirma, dando por ejemplo de ese “poscolonialismo” a la situación en la que los chicos adoptan productos que no les son propios. -¿Cuáles son esas situaciones de enajenación musical de la infancia? -Ves chicos de 6, 7 años que están escuchando rap, trap y las rezarpadas anécdotas que cuentan, cantan los temas de (el rapero) Wos, saltan generaciones. Pero antes era más aun así, no había ese intermedio de música juvenil y los chicos cantaban canciones del adulto, entendiendo lo que entienden y lo demás pasa a no significarles nada. Lo que sí es seguro, es que su experiencia cotidiana, sus emociones, su pequeña cosmovisión que se va armando no tienen reflejo, no tienen rebote. Les llega un universo, un discurso de canciones y de anécdotas que los excluye por completo, entran a un intercambio social y cultural como yendo al Carnaval, con un disfraz de adultos. - ¿Por no tener historias propias? -Había un cortometraje, no recuerdo si noruego o de los Países Bajos, en el que se veía a un grupo de chicas en un patio y se oía en off a un grupo de varones que decían “sí, a esa me la besé” y otras acciones sexualizadas. Y después la cámara tomaba a los mismos chicos en primer plano de a uno, y cada uno confesaba: “no yo en realidad nunca le di ningún beso a ninguna chica, pero digo eso porque si no, mis amigos me burlan “. Y otro decía lo mismo y así todos los demás. Ese es el riesgo de no tener representación o de no tener historias, que te inventás una ficción que no te refleja. Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida por Luis Pescetti (@luispescetti)
-¿Cómo elegiste del centenar largo de tus canciones del repertorio la decena para armar el álbum italiano? ¿Tuviste en cuenta alguna diferencia de los chicos en Italia con respecto a tu público habitual? -Parto de que no hay grandes diferencias entre lo que emociona o hace reír a niños y niñas de un país a otro, más allá de las variaciones del idioma. Vengo de constatarlo una vez más en México, donde estuve en abril con shows y presentaciones en la televisión pública, y lo he vivido antes en Colombia y otros países latinoamericanos. Para la selección de temas fui haciendo un mix que, por una parte tuviera esas pequeñas intuiciones, como la de la niña que le gustaba Vino el lunes o la de otro chico italiano que se reía cuando escuchó la primera traducción de En el día de tu cumpleaños y del texto del Cuento de la caca. Por otra parte incluí temas que están entre los más escuchados en las plataformas. Y busqué además que hubiera un equilibrio entre las canciones de humor muy ácido, muy arriba, que componía al comienzo, como El vampiro negro, y otras en las que fui dando luego más lugar a la ternura, como No hay otro lugar como mamá, Toc toc o Catalina va en globo a París. Durante todo 2025 hicimos las traducciones de las canciones y en febrero pasado fui a grabar las voces a Biella, que es un pueblito de una zona textil del Piamonte, que curiosamente me encontré con que de ahí venía una parte de mi familia, del valle del Aosta. -Alguna vez contaste de tu infancia, que tu familia venía del Piamonte, que escuchabas cantar en italiano... -Claro, en piamontés en verdad. Yo cantaba en un coro de canciones alpinas tridentinas, de los 13 a los 17 años, en San Jorge, mi pueblo en la provincia de Santa Fe. Obviamente hay una filiación familiar. Pero este proyecto no tiene un tono de regreso ni de retorno, sino de transitar este lugar nuevo de la profesión, como diciendo “che, los chicos necesitan canciones para chicos, que puedan contar sus vidas, sus historias, y lo voy a hacer en su idioma”. -En este caso la frase adopta un doble sentido, el del lenguaje de la vida cotidiana de los chicos, y el del idioma italiano en que se expresan. -Lo fuerte de esta movida no es decir Italia “invitame a que te muestre mi trabajo, ahí voy yo y hago mis canciones infantiles”. No, es, yo me meto de alguna manera en tu cultura y yo te llevo, me apropio de tu lengua para cantarte, pero no para llamar la atención sobre mi obra, sino te estoy mostrando qué les pasa a tus hijos cuando tienen una canción así y le tiene que llegar de la manera más invisible. -¿Cómo sigue entonces esa inserción en la infancia italiana? -Es una apuesta, una intuición, que se dio a partir de ese intercambio, la sorpresa con la reacción de esta nena, y pensar que ahí había una punta de algo. Es como encontrar una veta. ¿Por dónde sigue ahora la veta? Llega un momento de promoverlo, quiero volver a Italia. Una buena manera de promoverlo en Italia es que una buena editorial italiana lo tome, lo ilustre y lo distribuya. Pero eso empieza recién ahora. No podía empezar ese proceso sin que el disco estuviera. Ahora comencé a mandarlo a una editorial y a agentes literarios italianos. La idea es sacar un libro con el QR que lleve a la grabación, hacés pin y tenés el disco. También existe la posibilidad de hacer recitales allí. De hecho, cuando fui por la grabación hicimos una pequeña presentación con músicos amigos, hice juegos y hablé con el público, se sorprendían y reían. Hay algo de eso que te decía, los archivos de la infancia están siempre ahí, los chicos están ahí. -Y apreciarán que un adulto esté realmente ahí frente a ellos, a su altura de pequeños gigantes... -Lo aclaro en el subtítulo del álbum: “Tutto fato per persona reale” (ríe), que acá no hubo IA, no hubo maquinita, todo fue tocado real, cantado real, yo viajé a Italia real.
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