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Ingrid Pelicori: del dolor por la muerte de su padre a su gran histororia de amor y cuál es su mayor deseo
En una extensa entrevista con LA NACION, la actriz repasa su historia personal y profesional y hace un análisis de la realidad teatral local
Es una de las mejores actrices de la Argentina, de las más prestigiosas y respetadas, con una carrera —fundamentalmente teatral— sin fisuras. Supo formar parte del histórico elenco estable del Teatro San Martín, allá por los ochenta, y luego de espectáculos variopintos, siempre de altísima calidad, en los distintos circuitos teatrales. Hoy Ingrid Pelicori coprotagoniza el clásico de Arthur Miller La muerte de un viajante en el teatro El Tinglado. Lo hace junto a Alejandro Awada y a un elenco conformado por Gustavo Rey, Marcos Woinsky, Anahí Gadda, Junior Pisanu, Toto Salinas y Lucas Maley. La puesta de Daniel Marcove es una de las más rigurosas y logradas de la famosa pieza de la dramaturgia universal.Nació en una familia de actores. Es hija del recordado Ernesto Bianco y de Iris Alonso, y sobrina de Tito Alonso y Paola Alonso. Y su hermana, Irina Alonso, también es actriz. Fue Madame de Merteuil en Quartett y Natasha Ivánovna en Tres hermanas. También, Andrómaca en Las troyanas, Helena Alving en Espectros y hasta Liv Ullman en Berman y Liv, por nombrar solo algunas de las criaturas a las que dio vida sobre un escenario. Ahora, a los 69 años, le llegó el turno de uno de los roles femeninos más importantes: el de Linda Loman, la mujer que es testigo del derrumbe del vendedor ambulante que es a la vez símbolo y víctima de todos los males de la sociedad capitalista. -¿La muerte de un viajante era una cuenta pendiente en tu carrera?-No suelo tener cuentas pendientes ni desear a priori hacer una determinada obra o personaje. Pero esta siempre me encantó. La vi varias veces y es una de las que más me gustan de toda la historia del teatro. Por eso, en cuanto me la propusieron, dije que sí.-¿Qué es lo que más te interesó del proyecto?-¿Además de la obra, que es una maravilla? Que estuviera Alejandro Awada, que es un actor que me encanta y al que quiero mucho. Además, creo que ese personaje, el del viajante, es realmente para él.-¿Por qué creés que la obra hoy se mantiene tan vigente?-Primero porque está muy bien escrita. Tiene una cualidad poética impresionante y eso la vuelve universal. También por su conocimiento de la condición humana, por la situación social que da cuenta, y que es determinante porque marca el destino de estos personajes. Habla del mandato social de estas sociedades crueles en las que vivimos, que exigen el éxito a ultranza, sobre todo el éxito económico. Esto creo que hoy ha recrudecido. De ahí la gran vigencia de la obra. Creo que esta pieza va más allá del “sueño americano”, que por otro lado y a esta altura se ha extendido a todo Occidente. Habla sobre el sentido de la vida, sobre esas preguntas profundas que nos hacemos todos los seres humanos: por qué y para qué vivir.-¿Qué es lo que más te atrajo de tu personaje, Linda Loman?-Es un personaje hermoso al que me interesó encarar no tanto por el lado de su sumisión, sino como a una mujer reservada, que es lo que me parece que es; y sin juzgarla nunca, para nada. Eso, en todo caso, que lo haga el espectador. Me interesó explorar en eso del misterio del amor incondicional, en eso que no se puede explicar bien por qué, pero ocurre, ¿no? En eso que, si se quiere, hasta justificaría en su caso la sumisión y el maltrato que acepta y recibe. Porque lo paradójico es que ella no es una mujer débil; de hecho, no lo es con sus hijos, ni parece haberlo sido durante su juventud. Hay que suponer que la sumisión y el maltrato, más allá de razones de época, fueron ocurriendo con el tiempo, a medida que se produce el deterioro del personaje de Willy Loman, su esposo. En los raccontos de su juventud se nota que hubo mucho amor y complicidad entre ellos; y que Linda en todo momento trata de levantarle el ánimo cuando en el trabajo las cosas no están muy bien.-Vos la ves como a una mujer absolutamente enamorada de ese hombre.-Sí, sí. Incondicional, incluso para poner a sus hijos en segundo lugar. Al punto que en un momento les dice: si es necesario se van de acá, pero a él no lo torturan más. -En el texto original, tu personaje secunda al protagonista, al viajante del título. En esta versión, en cambio, Linda Loman gana protagonismo y están a la par. ¿Fue algo buscado? ¿Fue una decisión tuya o del director?-No, fue ocurriendo así, pero no hay ninguna modificación del texto para eso. El texto es tal cual. En todo caso, uno podría preguntarse, ¿por qué en otras versiones no era así? La obra la termina ella y sin embargo nadie recordaba eso. Acá queda bien claro. Supongo que ayuda mucho la proximidad de la sala. Puede ser que como se trata de un personaje bastante reservado, sirva verlo de cerca para seguir en detalle todo su proceso y su gran arco. Lo que sí sucedió, ahora que lo recuerdo, es que el director en todo momento me sugirió que tuviera un rol más activo, sin modificar por supuesto nada del texto: que aún dentro de sus silencios hubiera una mayor actividad. Y así lo hice. A él le parecía importante que se notara que ella es el sostén de la familia.-En relación a eso, creo que esta versión tiene un tinte femenino y hasta feminista. Porque por algún motivo la jefa de Willy Loman ahora es una mujer y no un hombre como está especificado en el texto original.-Eso sí, eso podemos interpretarlo de esa manera, como un pequeño aggiornamiento, como una licencia. Eso fue una decisión del director.-¿Qué diferencias existen entre hacer un clásico en un teatro oficial y en uno independiente?-Las diferencias fundamentales son de producción, por supuesto. No tenés todas esas comodidades que te ofrece el teatro público, desde ensayos pagos hasta un sueldo, una vestidora, una maquilladora y un montón de otras cosas. En esos casos solo te tenés que preocupar de la actuación. De todos modos, yo ya hace un buen tiempo que vengo haciendo teatro clásico por fuera del circuito oficial y la falta de comodidad no le resta nada a la mística de mi trabajo. Es más, cuando el proyecto es independiente ganás algo: la sensación de que el espectáculo es más tuyo, algo propio; y que, como actor, tenés más peso a la hora de las decisiones. Además, contás con más tiempo para ensayar y alcanzar un buen resultado. En los teatros oficiales, los ensayos no duran más de dos meses. Para llevar a escena La muerte de un viajante, en cambio, nos tomamos seis meses. Empezamos a ensayar en noviembre y solo paramos un mes en el verano. Fue un largo e intenso período de ensayos, de cinco días a la semana, en el que el elenco completo puso todo de sí.-¿Por qué los clásicos ya no se montan como antes en las salas oficiales?-Bueno, se estrenan, algunos se estrenan. Lo que pasa es que a veces son versiones remozadas. Yo el año pasado participé en el teatro San Martín de una versión modernizada de Ricardo III, que dirigió (el español) Calixto Bieito, con Joaquín Furriel de protagonista. Finalmente se trató de un clásico, pero hecho de una manera muy transgresora, que no pretendió ser la obra tal cual es conocida.-En el circuito oficial se solían estrenar los clásicos en versiones convencionales y en el independiente (si es que llegaban), en versiones más libres. Hoy presenciamos el fenómeno contrario, ¿no?-Tal cual. De todos modos, hay que reconocerlo, el año pasado se estrenó en el San Martín una versión de La Gaviota, con dirección de Rubén Szuchmacher, que no pretendía ser rupturista ni nada por el estilo. Eso, a veces, no depende tanto del teatro o del circuito como de la estética y la ideología del director. Por otro lado, ya se trate de una puesta moderna o clásica, debemos recordar que fue en los teatros independientes donde muchas veces se dio acogida por primera vez en la Argentina a los grandes textos del teatro mundial, a los mejores autores. Cuando nadie apostaba por ellos, por ejemplo, en pequeñas salitas se empezaron a estrenar títulos de Brecht. Ahora estamos en presencia como de una vuelta a todo aquello. Hoy es el teatro independiente el que asume los riesgos: el que vuelve a apostar por los grandes autores.-También hubo un tiempo en el que los clásicos formaban parte de la cartelera del circuito comercial.-Exacto. Hubo un momento en el que Alfredo Alcón hizo La muerte de un viajante en el Paseo La Plaza. ¡Y también hizo Rey Lear, en el Teatro Apolo! Y Arturo Puig con Selva Alemán protagonizaron Cristales rotos, otra obra de Arthur Miller, en el teatro Blanca Podestá (hoy Multiteatro). Hace rato que existe la idea de que a las salas del circuito comercial solo se va a reír. Y es una lástima, obviamente. Después está el tema económico. Salvo las comedias musicales que cuentan con mucha producción detrás, en el teatro de texto se trata –por razones de viabilidad económica- de que haya pocos actores en escena. Y eso, claro, afecta las posibilidades de montar un clásico con muchos personajes. -¿Hoy el mejor teatro de Buenos Aires está en el circuito off?-Yo pienso que hoy circula ese concepto porque somos las mismas personas las que hacemos teatro en los distintos circuitos: en el comercial, en el oficial y en el independiente. Tanto los actores y las actrices como los directores vamos rotando por todos lados. De repente, un director presenta un proyecto en el San Martín o en el Cervantes, si lo aceptan, bien, lo hace ahí; pero si no, lo hace en otro lado. Por supuesto que las posibilidades de producción serán diferentes, pero la calidad del producto, no necesariamente.-¿Y cómo evalúas el fenómeno de los títulos que son exitosos en el circuito independiente y luego son coptados por el comercial y arriban a la avenida Corrientes?-Me parece buenísimo. Hay algunos que generan tanta pero tanta convocatoria y aceptación en el circuito independiente que está genial que puedan intentar captar el interés de otro tipo de público. Eso le conviene a ambos circuitos. Uno puede traer agua para el molino del otro. Siempre hubo gente que le interesó el teatro independiente como otra que le tira más el comercial. Ahora eso se está desdibujando y me parece muy bien. Eso le sirve a todo el teatro. Además, ya se e