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De la ilusión a la urgencia: Boca apagó la mística a la Bombonera y llega golpeado al momento clave de la Copa
Sumó su cuarta eliminación de local en 15 meses; niveles bajos y dos partidos decisivos que definirán mucho más que el rumbo del semestre
La Bombonera ya no gana partidos. O, al menos, no parece tener esos superpoderes que durante años la rodearon de una mística difícil de explicar. Si alguna vez fue así, ya no alcanza. Porque incluso a la mística hay que ayudarla y Boca volvió a fallar en una instancia decisiva. En apenas 15 meses, Boca quedó eliminado de cuatro torneos en su cancha: el repechaje de la Copa Libertadores ante Alianza Lima, los cuartos de final del Apertura 2025 contra Independiente, las semifinales del Clausura frente a Racing y ahora estos octavos contra Huracán. El equipo de Claudio Ubeda quedó sin margen de error en el semestre y llegará golpeado al tramo decisivo de la fase de grupos de la Copa Libertadores, el gran objetivo del año. Mientras tanto, deberá mirar la definición del Apertura desde afuera y pendiente de que River tampoco avance demasiado para que el golpe no se profundice todavía más.Boca, sobre todo en el primer tiempo, hizo méritos suficientes para ganar el partido. Generó situaciones, empujó, arrinconó a Huracán y remató más de diez veces al arco. Pero en el fútbol argentino eso no basta y la imagen del final volvió a mostrar a un Boca derrotado, cabizbajo y lleno de dudas. Otra vez en su estadio. Otra vez con errores propios que en partidos decisivos de pagan caros. Otra vez dejando la sensación de que es un equipo que, por momentos, entra en un modo autodestructivo del que le cuesta salir.Contra Huracán tampoco apareció esa vibra de otros tiempos. La cancha levantó sobre el final, con el empate y el alargue, pero desde el primer penal convertido por el equipo de Parque Patricios se respiró un clima tibio, lejos de aquella Bombonera que parecía jugar su propio partido. Tal vez tenga que ver con que cambió el público, que hoy no solo va a alentar sino también a vivir eso que las agencias de turismo venden como una “full experience”. Pero también influye el equipo: más allá de los clásicos contra River, Boca viene mostrando demasiadas flaquezas en momentos límite y ya no transmite esa sensación de seguridad que antes contagiaba a la tribuna.La eliminación, además, deja expuestas varias falencias en puestos sensibles, algo que empieza a transformarse en una preocupación de cara al futuro inmediato. Leandro Brey, que llegó con lo justo después del fuerte impacto sufrido en Guayaquil ante Barcelona, tuvo responsabilidad en el primer gol, cuando entregó una pelota comprometida a Milton Delgado, y tampoco logró hacerse fuerte en los penales, una especialidad histórica de Boca. Falló la punta en los dos remates de Óscar Romero, justamente un excompañero suyo en el club, que definió de la misma manera en ambas ejecuciones. Boca buscará un arquero en junio, pero mientras tanto tendrá que afrontar el tramo crucial de la fase de grupos de la Copa con lo que tiene. Y ya casi no hay posibilidad de equivocarse: primero recibirá a Cruzeiro y luego a Universidad Católica, en un grupo parejo en el que tiene tantas posibilidades de clasificar como de quedarse afuera.Boca tendrá nueve días hasta el choque con Cruzeiro, un plazo prudencial para recuperar piernas y ajustar piezas. El problema es otro: cómo reacciona el equipo desde lo anímico. Porque Boca venía en levantada y ahora perdió tres de los últimos cuatro partidos. Incluso en varios mereció mejor suerte, pero en el fútbol los errores en las áreas suelen marcar diferencias. Y Boca viene acumulando demasiados en muy poco tiempo.La derrota con Huracán también dejó al descubierto que el lateral derecho sigue siendo un problema sin resolver. Marcelo Weigandt volvió a ser titular, pero salió reemplazado en el entretiempo por Malcolm Braida, que habitualmente juega por izquierda y jamás había ocupado ese sector pese a ser derecho.A eso se sumó la incertidumbre por Adam Bareiro. El goleador del equipo salió antes del descanso con un fuerte dolor en el pubis y se esperan estudios para determinar qué tiene. Dejó la cancha con dificultad y gestos de mucho dolor. Milton Giménez, su reemplazante, volvió a convertir y lleva cuatro goles en siete partidos, pero la jerarquía del paraguayo -incluso con sus excesos, como la expulsión ante Cruzeiro- hoy parece difícil de reemplazar.También hubo futbolistas de peso que quedaron en deuda, justo cuando Boca más los necesita para lo que viene. Lautaro Di Lollo cometió dos penales en apenas nueve minutos; Leandro Paredes no logró hacerse dueño del partido en el momento en que Boca más lo necesitaba; Miguel Merentiel falló tres chances claras; y Exequiel Zeballos sigue lejos de aquel nivel explosivo que tenía antes de la lesión. Entró desde el banco y, más tarde, con Huracán jugando con dos hombres menos y espacios para desequilibrar, tampoco logró cambiar el desarrollo.En ese contexto, Ubeda vuelve a quedar bajo la lupa. Desde el momento en que Juan Román Riquelme decidió sostenerlo en enero se sabía que ante el primer paso en falso reaparecerían los cuestionamientos. Boca fue superior ante Huracán, pero el entrenador viene de cometer errores sensibles también en la Copa Libertadores. Contra Cruzeiro eligió refugiarse demasiado temprano, cedió pelota y terreno ante un rival que no encontraba los caminos y terminó perdiéndolo sobre el final. Frente a Barcelona hizo lo contrario: desprotegió al equipo con cambios demasiado ofensivos para el contexto del partido y lo perdió de contraataque.Esta vez no quedó apuntado como en otros momentos, aunque la tolerancia con él es todavía menor que con el propio equipo. Ya le pasó a fines de 2025: Boca también atravesaba una buena racha y venía de ganar el clásico, pero alcanzó una derrota ante Racing y la recordada salida de Zeballos para que su continuidad se pusiera en duda. Ahora, además, hay otro detalle importante: su contrato vence en junio y en Boca esperarán el desenlace del semestre antes de tomar una decisión.“No podemos cometer los errores que venimos cometiendo en las dos finales que tendremos por delante. Lo vamos a trabajar para evitarlo, pero no puede ocurrir en la Libertadores. No podemos arrancar perdiendo al minuto cinco por un error. Lo vamos a absorber y corregir para que no vuelva a ocurrir”, reconoció el entrenador. Y agregó: “Hay que levantar la cabeza ya mismo. Vamos por dos partidos que nos marcan. Son dos finales y sé que el equipo va a responder”.Hace apenas dos semanas, después de las dos victorias en la fase de grupos de la Copa, en Boca empezaban a ilusionarse con un mercado ambicioso, hasta con la posibilidad de ir en busca de nombres como el de Paulo Dybala. Hoy la realidad es mucho más terrenal: el objetivo central pasó a ser asegurarse un lugar en los octavos de final de la Libertadores.Boca lleva ya tres años y medio sin títulos locales. Y eso, en un club que vive bajo exigencia permanente, empieza a pesar cada vez más. Por eso, después de la eliminación, Ubeda modificó los planes: el plantel iba a entrenarse este domingo en Ezeiza porque el eventual cruce de cuartos ante Argentinos se disputaba el martes, pero finalmente decidió darle el día libre a los futbolistas para que despejaran la cabeza. El lunes volverán al trabajo con un único objetivo: recuperarse rápido de una eliminación que dejará secuelas. Porque en Boca todo va a otra velocidad, y lo que hasta hace poco era ilusión hoy volvió a transformarse en urgencia.