“Queríamos cuidarle la infancia a un niño hasta que llegue su familia”

A Mariel le quedó grabado el recuerdo de la primera vez que Cami la abrazó. “Yo no me había dado cuenta hasta que lo hizo esa primera vez. Porque ella no me abrazaba, no tenía ese gesto típico de los bebés, que apenas los alzás te echan los brazos alrededor del cuello”, cuenta. Hasta que un día, mientras ambas jugaban sentadas en el piso, Cami se acercó gateando y la abrazó por la cintura.“Ser familia de abrigo o de tránsito es una experiencia maravillosa. Todo el amor que das te vuelve multiplicado”, dice Mariel. Ella y Lucas viven en San Isidro y tienen 57 y 55 años. Los dos trabajan en el área de marketing: Mariel en una agencia internacional de manera virtual y Lucas como director de una empresa local. Tienen una familia ensamblada de 5 hijos: la menor vive con ellos y los hijos de Lucas los visitan el fin de semana.Desde hace años consideraban la posibilidad de convertirse en familia de abrigo, de ofrecer cuidado y afecto a niños que fueron desvinculados de sus familias por una vulneración de sus derechos mientras se resuelve su situación judicial. Postergaban la decisión porque creían que no estaban listos. “Un día lo estaba hablando con mi hija menor y ella me pregunta: ‘¿Qué estás esperando?’. Ahí me di cuenta de que tenía que tomar la decisión, porque no estaba esperando nada, solo creía que no era el momento adecuado”, cuenta Mariel.En ese mismo instante, se contactó con la fundación Juguemos y Caminemos Juntos y empezó a hacer los trámites para postularse. El proceso fue rápido y no hubo complicaciones: a los pocos días de terminar con los trámites ya estaban empezando a hacer la vinculación con Cami, una beba que en ese entonces tenía nueve meses y que se quedó con ellos durante un año y medio.El derecho de los niños a vivir en familiaCuando los derechos de un niño se ven vulnerados, ingresan al sistema judicial y pasan a vivir en hogares convivenciales o, idealmente, con familias de abrigo. Paola Fagúndez, psicóloga y miembro del equipo técnico de la fundación, explica que es esencial que los niños tengan cuidadores o referentes afectivos en su primera infancia.El último informe publicado en 2022 por la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia junto a UNICEF indica que en Argentina hay más de 9000 niños en esta situación. “Desde la fundación, nos dedicamos a restituir el derecho a vivir en familia de estos chicos mientras están en el sistema, es decir mientras la Justicia determina si pueden volver con su familia de origen o ampliada (tíos, abuelos u otro miembro) o debe iniciarse un proceso de adopción. Queremos que todos los niños vivan la espera en un contexto de familia. Ese vínculo familiar es lo que los sana, lo que les da la confianza para después seguir con una adopción o con la restitución a su familia biológica”, explica Paola.Para Mariel y Lucas, el apoyo de la fundación fue clave. Cuentan con equipos de psicólogos y trabajadoras sociales que están atentos a cualquier consulta de la familia. Además, siguen de cerca el proceso judicial de cada niño y se lo comunican a las familias de abrigo. “Ellos están para todo lo que necesites. Tener ese acompañamiento es muy importante y ayuda un montón, hace que todo sea mucho más cálido”, dice Mariel.¿Querés adoptar? buscan una familia para Sara, una adolescente de 16 años“Ella es una nena feliz que creció en familia”Traer a Cami a su casa fue un cambio de rutina enorme, pero al que se adaptaron rápido. “Nuestros hijos ya son grandes, entonces no estábamos acostumbrados a cuidar a una nena tan chiquita. Pero a las dos semanas ya entramos en la rutina como si nada”, dice Mariel.Se incorporó a la familia como una hija más. Como al resto de sus hijos, la llevaron a los controles médicos, la anotaron en el jardín. Le compraron su primer helado y festejaron su primer cumpleaños. “Siempre había una mano dispuesta a hacerle upa, a jugar con ella”, cuenta Mariel.Mariel vio que Cami cambió mucho desde el momento en que llegó a su casa hasta que se fue. “Ella ahora está feliz, es una nena que creció en familia y se siente segura”, afirma. Cuando llegó, Cami tenía muchos problemas para dormir. Mariel notaba que no estaba tranquila y no lograba relajarse. “Dormía con los ojos casi abiertos, siempre estaba en alerta”, recuerda. También presentaba un cuadro de desnutrición, que Mariel y Lucas fueron corrigiendo con acompañamiento médico.“Lo que más queríamos era que ella encuentre una familia”Lucas y Mariel se llenaron de felicidad cuando les avisaron que habían encontrado una familia adoptiva para Cami y su hermano, que estaba al cuidado de otra familia de abrigo. “Por un lado, se te llena el alma de preguntas, pero por otro, es ver que llega el desenlace más feliz que estabas esperando. Lo que más nos preocupaba era que fuera la familia adecuada para ella”, dice Mariel. “El día que conocimos a los papás fue un momento mágico. Los chicos los recibieron muy bien y ellos estaban fascinados”, recuerda Mariel. La vinculación duró dos semanas y todo fluyó sin complicaciones.Mariel cuenta que, aunque la iban a extrañar muchísimo, en ningún momento estuvieron tristes cuando se fue Cami: que ella se fuera significaba que había encontrado una familia. “Eso era lo que estábamos buscando. Queríamos cuidarle la infancia a un niño que lo necesitara hasta que llegue su familia”, dice.Hace seis meses que Cami y su hermano viven con su familia. Mariel y Lucas siguen en contacto con ellos: viven lejos, pero se escriben y comparten fotos constantemente. “Tuvimos la suerte de que sus papás estén contentos de que nosotros formemos parte del círculo de amor de sus hijos. Cuando los visitamos, los chicos se ponen contentos, pero entienden perfectamente que nosotros somos una visita y ellos están en casa, con su familia”, explica.¿Querés adoptar? Una guía responde las preguntas clave antes de postularse“Hay muchos niños esperando familias de abrigo”Para ser familia de tránsito lo único que hace falta es amor y compromiso, asegura Mariel. “Está la idea de que tenés que estar muy acomodado económicamente, que no tenés que trabajar para poder atender a los chicos. Es totalmente lo contrario. Los dos trabajamos, pero nos fuimos acomodando para seguir con nuestras vidas, lo mismo que cuando mis hijas eran chiquitas”, cuenta.Desde la fundación buscan que haya más familias de abrigo para poder satisfacer esta necesidad y cumplir el derecho de los niños a vivir en familia. “Nos gustaría tener 10 familias en lista de espera para abrigar a los chicos, pero hoy nos pasa al revés: tenemos 10 niños que están esperando que aparezca una familia de abrigo”, dice Paola.A Mariel y a Lucas les emociona mucho formar parte del proceso, junto a la fundación y la familia que adopta, para que los chicos cumplan su derecho a vivir en familia. “Ayer los papás me mandaron una foto de Cami antes de entrar al jardín. Le ves la sonrisa y te das cuenta de que todo valió la pena, que lo harías mil veces más con tal de que otro niño sonría de esa manera”, dice Mariel.Más informaciónLa fundación Juguemos y Caminemos Juntos busca familias de abrigo que se sumen a su programa en las localidades de Nuñez, Saavedra, Vicente Lopez, San Isidro, San Fernando, Escobar, Pilar y San Martín.Si querés conocer más sobre la fundación, podés visitar su sitio web o su perfil de Instagram.
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