Nuez pecán en la tierra de la yerba: En plena cosecha en Apóstoles, Gabriel Boreski confirma que ese cultivo puede ser una alternativa rentable para las chacras

En el sur de Misiones, donde la yerba mate domina el paisaje, Gabriel Boreski decidió impulsar un cultivo que hace apenas dos décadas parecía una rareza para la provincia: la nuez pecán. Hoy, mientras recorre sus plantaciones en Apóstoles y supervisa una nueva cosecha en curso, este productor de 58 años puede decir que fue uno de los impulsores de una experiencia que todavía busca consolidarse, pero que ya demuestra que el pecán también tiene su lugar en la tierra colorada.
“Hace un mes que arrancamos con la cosecha y ahí la vamos llevando. Todavía nos quedan al menos otros 30 días para cerrar”, cuenta Boreski a Bichos de Campo, mientras describe una actividad que crece lentamente en la provincia.
Su historia familiar está profundamente ligada al proceso colonizador de Misiones. Nacido y criado en Apóstoles, por la rama materna, es bisnieto de una de las primeras doce familias ucranianas que llegaron a la provincia el 27 de agosto de 1897, dando inicio al proceso de asentamiento de inmigrantes en el sur misionero.

Desde entonces, la tradición agrícola en la familia Boreski viene de aquellos pioneros ucranianos que trabajaban en pequeñas unidades productivas. Esa lógica de producción familiar sigue vigente en buena parte de la zona aunque presenta algunos desafíos como el desgaste de los suelos, la baja rentabilidad de los cultivos tradicionales y la necesidad de diversificar.
Fue justamente ese contexto el que impulsó el proyecto pecanero. “Muchos productores tenemos chacras chicas, de 25 a 50 hectáreas, con suelos muy degradados después de más de 120 años de uso. Es una zona históricamente yerbatera y ganadera, donde ese agotamiento se empezó a sentir”, explica Boreski.
La idea entonces fue encontrar una alternativa productiva capaz de generar rentabilidad, recuperar la cobertura vegetal y reducir la erosión. El pecán parecía reunir todas esas condiciones. “La intención era incorporar un cultivo con potencial de valor agregado, que devolviera masa boscosa a la zona y que además fuera altamente rentable”, resume.
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Aunque hoy el pecán empieza a ganar visibilidad, los primeros pasos fueron complejos. Boreski fue uno de los impulsores del proyecto provincial que se lanzó en 2007 con apoyo por entonces del Ministerio del Agro y la Producción de Misiones, el INTA y el ProPecan. “La idea era formar una cuenca productiva. Llegamos a tener un grupo de 49 productores”, recuerda Boreski.
Sin embargo, el entusiasmo inicial chocó contra varios problemas. Hubo dificultades técnicas, falta de acompañamiento sostenido y, sobre todo, inconvenientes derivados de la elección de variedades. “Con el tiempo se descubrió que algunas de las variedades seleccionadas no eran las más adecuadas para Misiones. Eso retrasó muchísimo ver los resultados de la inversión”, señala.
Muchos abandonaron el cultivo y pocos persistieron. Boreski fue uno de ellos y hoy asegura, orgulloso, ser el primer productor misionero con el ciclo completo de producción de pecán. “Nosotros hacemos todo: desde las tareas culturales hasta el secado y la homogeneización de la cosecha por variedades”, explica.

En su chacra no sólo funciona el primer secadero de nuez pecán de Misiones. También, cuentan con maquinaria de cosecha mecanizada. Ambos equipamientos fueron diseñados y fabricados localmente. “El shaker que usamos lo hicimos nosotros. Lo mismo con el secadero. Son desarrollos propios”, comenta.
Actualmente, poseen 1.500 árboles en producción sobre una superficie de 15 hectáreas. Los rendimientos oscilan entre 10 y 20 kilos por planta y esta campaña representa la segunda cosecha comercial a gran escala. “Aún nos estamos acostumbrando a este volumen. Aunque tenemos maquinaria, la cosecha sigue siendo lenta”, admite.
La producción se concentra en seis variedades distintas. Entre ellas sobresale la Stuart, una genética introducida décadas atrás por inmigrantes ingleses y que hoy representa cerca del 50% de la plantación. “Son árboles que se adaptaron muy bien a la región y tienen altísima productividad”, destaca.
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Sin embargo, no todas las experiencias resultaron exitosas. Algunas variedades de cáscara fina, como Harris Super o Mahan, mostraron dificultades para adaptarse al clima húmedo misionero. “Son materiales más aptos para zonas áridas y semiáridas. Acá no funcionaron bien”, resume.
En cambio, hoy observan con atención materiales provenientes de Brasil, especialmente la variedad Barton, desarrollada para condiciones similares a las de Misiones. “Son plantas que pueden entrar en producción al quinto año y ya están adaptadas a nuestro clima”, afirma.
Más allá de los aspectos técnicos, Boreski insiste en que el pecán representa una oportunidad concreta para pequeños productores. El negocio corre con una ventaja estratégica ya que la producción argentina ocurre a contraestación del hemisferio norte, donde se concentra el mercado mundial. “Cuando ellos están en baja, nosotros estamos en alta. Eso permite acceder a mercados en momentos favorables”, explica.
Actualmente, el pecán con cáscara cotiza entre 4 y 5 dólares por kilo, un valor que según el productor permite pensar en esquemas económicamente sustentables incluso en superficies reducidas. “Con una unidad productiva de seis hectáreas y unos 600 árboles, un productor podría alcanzar buenos ingresos”, asegura.

En la chacra de los Boreski, el pecán inicialmente convivió con yerba mate, aunque luego decidieron erradicar los yerbales para facilitar la cosecha mecanizada de las nueces. No obstante, el productor aclara que existen experiencias exitosas de sistemas consorciados. “Hay productores que combinan perfectamente yerba y pecán. También se puede incorporar ganadería menor, como ovinos”, señala.
En su caso eligieron otro camino, vinculado a la apicultura y a promover la regeneración del suelo: “Empezamos a trabajar con cubiertas verdes perennes que nos sirven para las abejas, pero también para nitrogenar y recuperar suelos muy desgastados”.
Entre las hileras de árboles queda espacio para experimentar con otros cultivos. “Se puede plantar mandioca, flor de Jamaica o incluso frutales. Hay muchísimas alternativas. Depende mucho de la imaginación del productor y de las ganas de trabajar”, afirma.
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La comercialización, por ahora, se realiza junto a socios de Entre Ríos y Buenos Aires, aunque parte de la producción también queda en Misiones para ventas locales. Boreski anticipa que el próximo paso será desarrollar una marca propia. “Queremos vender por variedades diferenciadas y asegurarle al consumidor exactamente qué está comprando. Generalmente el pecán se vende con variedades mezcladas”, explica.
Mientras la cosecha avanza y las primeras heladas empiezan a marcar el ritmo del otoño misionero, Boreski observa el presente con cierta satisfacción. Después de años de prueba y error, siente que el cultivo finalmente encontró un rumbo. “Nuestra experiencia demuestra que producir pecán es un desafío enorme y un aprendizaje constante. Pero hoy ya hay un derecho de piso pagado. Sabemos cómo hay que hacer las cosas”, sostiene.
Boreski cierra la entrevista con una definición sobre el futuro del cultivo en Misiones. “No tengo ninguna duda de que el proyecto productivo es absolutamente viable en la provincia. Está demostrado que el pecán funciona bien y que puede ser una alternativa interesante frente a cultivos tradicionales como la yerba, el té o el tabaco”, concluyó.
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