Cuadernos de las coimas: Roberto Baratta pidió ampliar su indagatoria para desmentir a un testigo

El exfuncionario kirchnerista Roberto Baratta, figura central en el presunto esquema de recaudación que se ventila en el juicio de los Cuadernos de las Coimas, pidió ampliar su declaración indagatoria para despegarse de los dichos de la testigo Hilda Horovitz, expareja del autor de las anotaciones que originaron la causa, Oscar Centeno. La audiencia en la que la mujer declaró, hace dos semanas, dejó expuesto que, luego de que le enviara a Baratta una catarata de mensajes con fuerte tono extorsivo, amenazando con contar que “salían a robar” junto a su pareja, Horovitz fue retribuida con departamentos, uno de los cuales quedó a su nombre y habría sido pagado con plata de Baratta. “Cualquier decisión que haya tomado Oscar Centeno, una ayuda social o económica a Horovitz, corrió por cuenta de Oscar Centeno, no tuve nada que ver”, sostuvo hoy Baratta, acusado de ser uno de los organizadores de la asociación ilícita que encabezó la expresidenta Cristina Kirchner, según la acusación.“Nunca le contesté en esos dos años. Era una relación unilateral”, dijo respecto a los mensajes que recibió de Horovitz. “Horovitz y yo no teníamos ninguna relación”, afirmó.Apoyado en unas filminas, el exfuncionario intentó despegarse de la mujer, aunque admitió haber recibido sus mensajes y haber conversado sobre su contenido con Centeno, su subordinado por aquel entonces. Los mensajes“Que me deposite 2000 por mes y estamos todos tranquilos”, era uno de los mensajes enviados por Horovitz, revisitados durante la audiencia en la que declaró. “Esto es como el dominó, cae una y caemos todos”, decía la mujer, en otro de ellos. Todos contenían un fuerte tono extorsivo: “Espero no tener problemas con el departamento de Ezeiza”, amenazaba Horovitz. En otro de los textos, la mujer directamente le agradecía a Baratta por el inmueble que quedó a su nombre, sobre la calle Catamarca, donde vive actualmente. Durante la instrucción, el chofer Centeno testificó que fue el exfuncionario quien le ordenó comprarle la propiedad a su expareja (eligiendo ella misma un lugar de hasta 60.000 dólares) debido a que ella lo presionaba enviándole fotos de bolsos y amenazando con denunciar lo que sabía sobre los recorridos de recaudación. “El departamento de Horovitz de la calle Catamarca sí se lo compró Baratta, porque ella lo presionaba con que iba a decir algo”, dijo en aquel entonces. Baratta, que evitó responder preguntas de las partes, dedicó también unos minutos de su exposición para desmentir al exministro de Economía Roberto Lavagna. Al prestar testimonio la semana pasada en el juicio, el exfuncionario advirtió que, en 2005, cuando Néstor Kirchner estaba al frente del gobierno nacional, se detectaron sobreprecios en el área de Vialidad. “Había algunos márgenes de sobreprecios del orden, en promedio, del 20%”, afirmó el exministro durante su declaración como testigo. Equipaje sin controlA Baratta lo siguieron pilotos que volaron el avión presidencial durante el kirchnerismo y un despachante de equipaje, en el marco de la hipótesis acusatoria de que el dinero recaudado por el matrimonio Kirchner tenía como destino final la provincia de Santa Cruz. En sus declaraciones como testigos, ofrecieron detalles sobre los acompañantes del matrimonio Kirchner en sus vuelos, el destino de muchos de ellos y cuestiones de protocolo, como la colocación y la revisión de los equipajes, aunque muchos dijeron no recordar. Claudio Mario Sacchi, que fue despachante de las aeronaves presidenciales desde 2004 a 2018, sostuvo que los equipajes de mano del presidente Néstor Kirchner y de sus secretarios no eran sometidos a ningún control y que desconocía los motivos. “Teníamos el conocimiento de que no se lo controlaba”, dijo.En la audiencia anterior, el piloto civil Sergio Oscar Velázquez declaró que en “tres o cuatro” oportunidades trasladó al entonces secretario privado del presidente, Daniel Muñoz, desde la ciudad de Buenos Aires hasta Santa Cruz en vuelos exclusivos, en los que viajaban valijas cerradas con candados.
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