Opinión: el riego gana protagonismo con el impulso del RIMI

La reciente reglamentación del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) abre una ventana concreta para acelerar inversiones en el agro con impacto directo en productividad. Una oportunidad para tomar ahora, ya que la vigencia del programa es de dos años. Entre los rubros alcanzados, el riego es uno de los grandes favorecidos, ya que permite amortizar el 100% de la inversión en un solo año, sin monto mínimo. Este cambio no es menor. Tradicionalmente, las inversiones en infraestructura debían amortizarse en plazos largos, lo que distorsionaba el resultado económico anual. Con el nuevo esquema, el productor puede computar el gasto completo en el ejercicio en que realiza la inversión, reduciendo significativamente la carga del impuesto a las ganancias.Se va del país una conocida empresa alemana de agroquímicosA esto se suma un contexto financiero más atractivo -con créditos y tasas muy accesibles tanto en bancos oficiales como privados- y medidas complementarias, como la reducción de la alícuota de IVA en energía eléctrica del 27% al 10,5%.En este escenario, el riego deja de ser una tecnología aspiracional para convertirse en una herramienta estratégica al alcance de todos. No se trata de una decisión de campaña, sino de una inversión de largo plazo orientada a maximizar productividad, estabilizar rendimientos y reducir la exposición al riesgo climático. La variabilidad de las precipitaciones observada en los últimos años, con desvíos frecuentes por debajo de la media, refuerza la necesidad de sistemas que aporten previsibilidad. Dentro de este proceso, el riego por goteo subterráneo aplicado a cultivos extensivos como maíz, soja y trigo comienza a consolidarse como una alternativa altamente eficiente. Según información reciente de la Secretaría de Agricultura, esta tecnología ya explica cerca de dos de cada diez nuevos proyectos de riego en cultivos extensivos del país, con una tendencia creciente.Y esto es porque entre sus diferenciales, está la posibilidad de regar el 100% del lote, independientemente de su forma o pendiente, y adaptarse a la heterogeneidad productiva con un manejo preciso del agua. Estos sistemas trabajan directamente en la zona radicular, logrando un riego de bajo caudal y alta frecuencia, lo que reduce pérdidas por evaporación, escurrimiento o deriva, y mejora la eficiencia en el uso del recurso hídrico. Además, permiten operar con caudales más bajos, lo que habilita su implementación en regiones donde otras tecnologías no resultan viables. Esta versatilidad ha permitido incorporar riego en áreas que históricamente eran consideradas no aptas.Experiencias productivas en Córdoba, con datos validados por INTA, muestran incrementos significativos en los rendimientos: mejoras del 50% en maíz, 28% en soja y hasta 100% en trigo en planteos bajo riego respecto de secano. Sin embargo, más allá del salto productivo, uno de los principales aportes es la estabilidad interanual, un factor clave en contextos de alta incertidumbre climática.Otro aspecto relevante es la posibilidad de integrar la fertirrigación, es decir, la aplicación de nutrientes junto con el agua. Esto permite ajustar dosis y momentos de fertilización de acuerdo con la demanda nutricional del cultivo, reduciendo pérdidas y mejorando la eficiencia en el uso de insumos. El impacto no solo se observa en los rindes, sino también en la calidad del grano, un atributo cada vez más valorado.La durabilidad de estos sistemas, con vidas útiles que superan los 20 años, refuerza su carácter estratégico. A su vez, la estructura modular permite implementar el riego por etapas, adaptando la inversión al flujo financiero del productor.Los granos “duermen” el sueño de los justos en materia de preciosEn paralelo, el riego subterráneo amplía el menú productivo. Cultivos de mayor valor, como legumbres o producciones destinadas a semilla y producciones forrajeras base alfalfa o maíz con destino ganadero o lácteo, encuentran en estos sistemas una condición de productividad y estabilidad que resulta imposible lograr en secano. En ese sentido, el riego no solo incrementa la productividad, sino que permite diversificar y agregar valor.No hay que olvidar que, un contexto donde la competitividad del agro argentino también está condicionada por factores como los derechos de exportación, mejorar la eficiencia tranqueras adentro aparece como una de las principales herramientas disponibles. En ese marco, el RIMI funciona como un facilitador para acelerar decisiones de inversión que impactan directamente en la productividad, la estabilidad y la sustentabilidad de los sistemas agrícolas.El autor es director de Netafim Argentina
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