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Paul Rudd: la incomodidad de la fama, el desafío de su nueva película y cómo el humor siempre lo saca a flote
El protagonista de Letras robadas habló con LA NACION sobre su debut como cantante en la pantalla, el impacto de Marvel en su vida, la inteligencia artificial y por qué cree que la experiencia de ir al cine sigue siendo irremplazable
Hay quien asegura, con iguales dosis de humor y de envidia, que Paul Rudd hizo un pacto con el demonio. Una explicación esotérica para lo que es una verdad objetiva: a los 57 años el actor de Ant-Man sigue luciendo tan juvenil como cuando fue Josh, el héroe romántico de la perfecta Ni idea, su primera gran oportunidad en cine estrenada en 1995. Sin embargo, en una industria que valora la juventud tanto o más que el talento, Rudd es reconocido por algo más que su belleza llamativamente perenne. Más allá del éxito de taquilla que tuvo como Ant-Man, el más diminuto de los superhéroes de Marvel, de haberlo “reconocido” en 2021 como el hombre vivo más sexy del mundo en plena campaña de promoción de la película Ghostbusters: el legado y sus celebrados trabajos en comedias como El reportero: la leyenda de Ron Burgundy, Ligeramente embarazada y Bienvenido a los 40, Rudd es famoso por su simpatía genuina, una cualidad que escasea en Hollywood. Y que el actor pone al servicio de Rick, el rockero devenido cantante de bodas que interpreta en Letras robadas, el film de John Carney que se estrena este jueves en el cine. Una historia en la que la música, como en el resto de las películas del director irlandés, tiene un papel protagónico. Algo que, como contó Rudd en una charla vía Zoom con LA NACION, lo animó a cantar y tocar la guitarra en público y frente a las cámaras por primera vez en su carrera. “Me gusta cantar como a todo el mundo, y en cuanto a tocar la guitarra aunque llevo muchos años haciéndolo no soy el tipo de guitarrista que haga que la gente diga: ‘Oh, qué bueno, queremos escucharte tocar la guitarra’. Así que tiendo a practicar en soledad”, dice el actor con la sonrisa y el carisma que mantendrá durante toda la entrevista. -En Letras robadas compartís escenas con Nick Jonas, tu antagonista en la historia, ¿sentiste la necesidad de perfeccionar tus habilidades musicales para estar a la altura de un cantante profesional?-No, y tampoco pedí ayuda ni consejos a nadie. (risas). Nick es un gran cantante y me gustaría creer que solo el haber estado en su cercanía me ayudó a mejorar. En este caso aproveché la ocasión para dejar los nervios y cómo me intimidaban las escenas musicales y mentalmente me preparé para unirme a la fiesta. Nick y el resto de los músicos profesionales en el set me hicieron sentir que era digno de estar con ellos en la habitación. -Esta película, al igual que otras del universo cinematográfico de Carney como Once, Sing Street y Flora and Son, transcurre en Dublín. ¿Cómo fue filmar allí interpretando a un músico estadounidense viviendo en Irlanda?-Conozco muy bien Irlanda, la visité muchas veces. Es uno de mis lugares favoritos en el mundo. De hecho, mi papá era historiador del Titanic y pasaba mucho tiempo allá. Así se ganaba la vida, llevando a contingentes de turistas por todo el país y especialmente a Cobh, el puerto donde el Titanic hizo su última escala antes de navegar rumbo a Nueva York. Así que pasé mucho tiempo con mi padre en el condado de Cork y en Dublín, en Irlanda me siento como en casa. Soy fan de la música irlandesa, de la cerveza Guinness, de sus pubs y su literatura. Así que trabajar allí, interpretando a un músico fue un sueño hecho realidad. Amé cada aspecto de este rodaje y eso también me ayudó a superar mis nervios iniciales. -En este film el drama y la comedia se combinan con una sensibilidad especial... ¿Tuviste que adaptar tu forma de hacer comedia al tono de la trama?-Es extraño pero la verdad es que nunca pienso en términos de comedia o drama. No creo que los interprete de modos diferentes. En este caso, el guion requería que Rick atravesara circunstancias que lo iban a llevar al límite. Para mí, los momentos de humor y los dramáticos coexisten. En mi vida personal lidio con el estrés, mis inseguridades o cualquier otra dificultad que tenga con humor. Y eso, creo, se traspasa a los personajes que interpreto. En este caso se trataba de encarnar la verdad de lo que el tipo está sintiendo en cada momento. Me enfoqué en eso. -Parte del argumento de Letras robadas gira en torno al anhelo de Rick por ser famoso y las complicaciones que la fama crea para Danny, el personaje de Nick Jonas. ¿Qué relación tenés con tu propia fama?-Mirá, sí, algunas cosas se volvieron más complicadas porque tuve algo de éxito en mi carrera. Y aunque eso también me trajo muchos beneficios y cosas lindas, es cierto que desde que me sumé a Marvel, hay algunos aspectos que se volvieron un poco más difíciles por el nivel de visibilidad que te da pertenecer a ese grupo. No sé, estar rodeado de gran cantidad de gente puede ser incómodo. Pero prefiero no enfocarme ni hablar de lo incómodo que es ser famoso porque es algo ridículo de mencionar y, francamente, te hace sonar como un idiota. (risas).-En tus más de treinta años de carrera participaste de proyectos muy variados y distintos entre sí. ¿Tenés un registro de los films más salientes de tu recorrido? ¿De aquellos que te hayan marcado como artista?-Oh, wow. Tantos años de carrera... Me agarrás desprevenido. Es como estar cortando el pasto en tu jardín. Te concentrás en ese pedazo de verde frente a vos y vas empujando la cortadora sobre él y luego parás, levantás la vista y te das cuenta de que cortaste todo el jardín. Así que si miro hacia atrás, al particular jardín que es mi página de IMDB [la base de datos online dedicada al mundo del cine y las series], hay algunas cosas que se destacan como experiencias formadoras y que me impulsaron a una nueva categoría. Diría que en primer lugar estuvo la comedia Wet Hot American Summer (2001) que me acercó a El reportero: la leyenda de Ron Burgundy (2004) que fue un éxito y me posibilitó empezar a trabajar con Judd Apatow con el que hice comedias durante unos diez años. Fue una etapa importantísima y fantástica tanto en mi vida personal como en mi carrera. Y después con Marvel fue la primera vez que hice algo que vio el público masivo, así que mi vida cambió drásticamente. -¿En qué sentido?-Bueno, de repente estaba caminando por la calle y un niño pequeño me preguntaba: “¿Cómo anda Iron Man?”. O me reconocían en otros países. Eso era nuevo y noté la diferencia. También hubo obras de teatro de las que participé que fueron desafiantes e importantes para mí. Y algunos de los films que hice no funcionaron ni disfruté hacerlos pero me sirvieron para precisar qué es lo que quiero hacer y concentrarme en eso. -¿Cómo elegís ahora los proyectos en los que participás? -La verdad es que siempre los elegí igual. Mi pregunta es: “¿Se trata de algo que me interesaría ver como espectador?“. Ese es mi primer filtro. En segundo lugar, algo en el guion tiene que atraerme, al punto de poder imaginarme interpretando al personaje. Y finalmente debe ser una historia que haga que no quiera perderme la oportunidad de al menos intentar participar en el proyecto. No importa si luego funciona bien o mal. Porque esa es la cuestión: más allá de lo que uno quiera contar o lo que te llame la atención de una propuesta, cómo sea el resultado final ya es otra cosa. En cada uno de los films en los que trabajé pensé: “Esto puede ser fantástico”. Siempre tuve una mirada optimista, y si no resultan bien es muy desmoralizante. Pero no pienso en términos de taquilla sino en lo que yo sumé como persona durante el proceso, si hubo gente que conectó con lo que hicimos y si la pasé bien haciéndolo. Hay películas que pueden ser horribles. Las mirás y es obvio que apestan, que no son graciosas, ni emotivas, ni nada. Son dos horas de tu vida que no vas a recuperar, pero cuando las estás rodando son tres meses que pasás lejos de tu casa, de tu familia y compartiendo mucho tiempo con las personas con las que trabajás. Así que esa experiencia cuenta en sí misma. Y, por suerte, en mi carrera tuve una gran mayoría de experiencias positivas en ese sentido. -Haciendo ese balance, ¿qué te entusiasma del cine hoy? -Bueno, lo que me entusiasma ahora es lo mismo que siempre me entusiasmó: la oportunidad de hacer algo en lo que la gente se vea reflejada y los conmueva de alguna manera. En la actualidad hay muchas formas de alcanzar ese objetivo. Se dice mucho que la Inteligencia Artificial va a cambiar eso pero creo que la experiencia de la humanidad contando historias cambió pero nunca dejó de existir. Cada cosa que hago, cada trabajo que acepto pienso que puede resultar en algo maravilloso. Soy un optimista.- ¿Y hay algo que extrañes de cómo eran las cosas en tus comienzos?-Sí, extraño algunas cosas como rodar con película y no de manera digital pero sobre todo extraño la cultura de ir al cine. Cuando vas a una sala a ver un film no tenés el control de la situación. No importa cuán grande sea tu televisor o cuán maravilloso es el sistema de sonido que instalaste en tu living, para mí, si podés pausar la película la estás experimentando de un modo que no debería ser experimentada. Todos somos adictos a nuestros teléfonos. Podés ver una película y al mismo tiempo estar mirando tu celular. Me parece importante la vivencia comunitaria de ir a un lugar, de sentarse en la sala. Así fue siempre y no soy muy fan de estas nuevas costumbres aunque sé que podés ver grandes películas en tu casa. Y sin embargo, extraño lo que sentía cuando estaba en un rodaje imaginando que eventualmente alguien iría al cine para verlo. Que el público tendría una experiencia compartida viéndolo. Eso ya no pasa en todos los casos y me da mucha pena.