El hilo de X que conmovió a los fanáticos y reveló la versión del Indio Solari sobre el final de Los Redonditos de Ricota

Desde hace 25 años los fanáticos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se preguntan por qué la banda integrada por el Indio Solari, Skay Beilinson, Semilla Bucciarelli, Walter Sidotti y Sergio Dawi decidió separarse definitivamente. Su último show se llevó adelante el 4 de agosto de 2001 en el Estadio Chateau Carreras en la provincia de Córdoba, donde reunieron a más de 40.000 personas que no sospechaban que se convertirían en los últimos espectadores en ver a la mítica agrupación sobre el escenario.Sin embargo, tras la muerte del Indio, un fanático decidió compartir un extenso hilo de X con la explicación que brindó el difunto cantante sobre este tema. La misma fue publicada por su puño y letra en su autobiografía autorizada del año 2019, titulada Recuerdos que mienten un poco. “Fuimos a la casa de Poli (Carmen Castro) y Skay, a seguir conversando sobre las cosas de rigor que debían resolverse antes de una fecha. Porque ya teníamos una en camino, a tiro de piedra: el 8 de diciembre en el Club Atlético Unión de Santa Fe. La publicidad ya circulaba, las entradas estaban a la venta. Lo que pasó esa noche me sorprendió. Puede que la embriaguez haya tenido que ver; estábamos medio picoteados… Veníamos hablando de los asuntos pendientes y salió el tema de los videos de Racing: aquellos que habíamos grabado con tantas cámaras y que algún día, cuando estuviésemos en las condiciones ideales, queríamos editar y posproducir”, recordó el Indio Solari sobre el contexto en el que comenzó a discutir con sus compañeros. 🧵ABRO HILO sobre la separación de Los Redondos desde la mirada del INDIO #IndioEterno"Fuimos a la casa de Poli y Skay, a seguir conversando sobre las cosas de rigor que debían resolverse antes de una fecha. Porque ya teníamos una en camino, a tiro de piedra: el 8 de diciembre… pic.twitter.com/GBoUBaJVM7— Daniel 🚀 (@daniherrera___) June 10, 2026“Yo llevaba años reclamando que se hiciesen copias del material, por cuestiones de seguridad: si se incendiaban o se inundaba el lugar donde Poli los tenía guardados —estamos hablando de enorme cantidad de casetes de formato U-Matic—, el material se iba a perder para siempre. Al principio me daba pudor reclamar, no quería que pareciese que desconfiaba de algo, o de ellos. ¡Porque yo no desconfiaba! Mi planteo pretendía evitarnos problemas. No solo en la eventualidad de una destrucción del material: si a alguien le pasaba algo —a ellos, por ejemplo, o a mí en el caso de haber sido el custodio—, reclamar a los herederos podía convertirse en una cosa engorrosa", señaló sobre los pensamientos que lo perseguían desde los shows brindados el 18 y 19 de diciembre de 1998 en el Estadio Presidente Perón.A diferencia de otras noches en que habrían tenido aquella conversación, esta vez, pasados algunos minutos, el Indio se habría alterado porque sentía que le estaban negando tener los derechos sobre aquellas imágenes, lo que llevó a un desenlace inesperado. “Pero esa noche me puse más firme, porque ya habían pasado al menos dos años dándole vueltas al asunto. Siempre me decían: ‘Sí, sí, tenés razón, lo más conveniente es hacer copias, no sea cosa que se arruine el material…'. Hay quien declaró que ellos se lo habían confiado al hijo de Poli, aunque con el tiempo Poli salió a decir que estaba bajo su custodia personal. El hecho es que me di cuenta de que no tenían la menor intención de sacar copias y dejarlas a mi cuidado. Y la conversación empezó a subir de tono. Esa vez sí que grité. Me paré y le dije a Poli: ‘¿Quién te crees que soy, yo? ¿Uno de esos pelotudos serviles que te chupan las medias por las noches, en los boliches que frecuentan?’. Porque me seguía diciendo ‘sí, sí’, como si contase con que yo me olvidaría del asunto apenas cambiásemos de tema.”“Pero la situación se había repetido demasiadas veces ya. Y yo me había dado cuenta de cómo venía la mano. De todos modos, ellos insistieron en poner paños fríos, lo cual me rompió más las pelotas porque sentí que querían mantener las cosas así. Y mientras tanto yo seguía gritando. La situación me había sorprendido, no podía creer que insistiesen en tratarme como a un forro: el forro sos vos, en todo caso, que estuviste trabajando años en una traición cuando podríamos haberlo hablado mil veces, tranquilamente”, analizó sobre su enojo.Quien más habría confrontado al líder de la banda fue Carmen Castro, más conocida como La “Negra Poli”, quien por aquel entonces era la representante de la banda y esposa de Skay Beilinson. “Si se trataba de un material que no se podía comercializar sin la autorización legal del otro: ¿para qué les servía escamoteármelo? Lo único que sé es que seguimos gritando hasta que Skay se fue a la mierda, porque no le gustan las situaciones tensas. No recuerdo si al final dije expresamente: ‘Esto se acabó acá’, pero me subí al coche —el chofer me esperaba afuera, se había dormido ya— y volví a casa”, rememoró al detalle sobre aquel cruce. “Me enfurecí tanto que no daba para volver atrás. Es algo que escapa a mi capacidad de manejarlo: cuando se me sale la cadena, soy medio jodido. Le hago la cruz a una persona y deja de existir en mi vida aunque no me guste, aunque prefiera que sea todo distinto. Y esa madrugada entendí que no quería saber más nada con ellos. Me llenó de amargura darme cuenta de lo que estaba pasando, de lo que seguramente venía pasando desde hacía años: ¡qué ingenuidad, la mía! Esa es una de las características de la traición: no sabes cuándo empezó, solo la ves cuando llega el momento en que explota. El enojo me duró tanto tiempo…”, dijo y reconoció que durante muchos años se encontró negado a perdonarlos.“Puedo discutir con amigos por motivos intelectuales mil y una veces. No necesito que alguien piense igual que yo para seguir queriéndolo. Pero no puedo pasar por alto la mentira, hacer de cuenta de que no existió. La amistad debería ser a prueba de balas. El tema es que, cuando aparece una fractura tan grande, cuando te das cuenta de algo oscuro y toda la historia previa empieza a tambalear… ¿Cómo seguís adelante con una relación, una vez que se instaló la desconfianza entre todos? ¿Cómo sabés si la verdad va a volver alguna vez a la boca de un amigo que te traicionó?”, argumentó. El Indio Solari y la importancia de la “lealtad” que marcó su vidaEn su extenso descargo, Solari también dejó sentadas cuáles eran para él algunas de las bases de su vida. “Porque esos son los términos en que yo vi y sigo viendo la cosa: para mí fue una traición. Que arruinó un eje de mi vida, algo central. Más allá de Bruno y de Virginia, no me han pasado cosas más importantes: ¡como proyecto de vida, yo fui un Redondo durante casi toda mi existencia! Y ellos prefirieron romper ese proyecto, antes que hacer copias del material. Si hubiesen dicho: ‘Disculpá por haber tardado tanto, se nos pasó, mañana mandamos a copiarlo todo…'“, indicó muy dolido.“Pero creo que a esa altura había un agujero muy difícil de tapar. Y yo no soy muy flexible ante ciertas cosas. Es algo que me pasa desde chico, cuando disfrutaba leyendo las historias del rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda. Porque las armaduras serán incómodas y los vinos que tomaban por entonces tendrían gusto a mierda, pero la conducta hidalga que propugnaban esas historias me sigue pareciendo válida, digna de ser reivindicada aún hoy, defendida como código de vida”, aseguró sobre la importancia de la lealtad. “A lo largo de mi historia he rescatado a amigos que tenían muchos defectos, pero ese no. Para mí la traición implica un punto de no retorno; desde el cual me replanteé todo y revisé nuestra historia. Pasé un tiempo mirando hacia atrás, tratando de entender. Porque no había sido una pelea circunstancial de amigos, sino un choque esencial que te hacía pensar cuándo habían comenzado a ver las cosas de esa manera. ¿Cómo llegué hasta acá, cómo llegamos todos? ¿Cuánto hace que viene fingiendo, esta gente? ¿Por qué no tuvieron la valentía de decirme la verdad?”, se preguntó, consciente de que sus palabras pondrían en contra a muchos fanáticos del resto de los integrantes de la banda. Aunque para él habría sido un golpe muy duro a su persona y ego, también reconoció que poner fin a una relación de trabajo de más de 20 años le permitió alimentar su crecimiento personal. “Uno también se preguntaba si la causa no habría sido otra. Por ejemplo, mi necesidad de un cambio musical —de una evolución, para ser preciso— que ellos parecían no necesitar, no demandarse a sí mismos. Pero si tanto les molestaba, ¿por qué no me lo dijeron nunca? Nadie presentó objeción ni me puso ningún tipo de barrera. Por eso el deseo de cambiar no me empujaba en la dirección de romper la banda. Yo estaba muy contento con Momo Sampler, era exactamente lo que había querido hacer. ¿Qué razón tenía para patear el tablero?“, se sinceró. “Por un lado me sentía como un pelotudo, pero leve, porque los que habían invertido un tiempo nefasto en esa conjura eran ellos, no yo: el tiempo de la mentira, del ocultamiento. Yo no estaba padeciendo por la transformación que podía haber ocurrido en mí, de haber tenido segundas intenciones para con ellos. Al contrario, mi preocupación era: ¿Cuántos años hace que esta gente viene escondiendo este entripado y fingiendo que no pasa nada? Porque era obvio que la decisión de que el material permaneciese en el garaje no era cosa de esa noche; no respondieron a un impulso repentino de dejar caer las máscaras y decirme que no. Ante esa revelación, te ponés a evaluar, a contemplar el cariño que habías depositado en ellos durante años, el respeto que les tenías… y te sentís un pelotudo”, dijo con amargura. Para el Indio, además, esta pelea significaba mucho más que una traición, era romper con los ideales que habían intentado transmitir como banda durante más de dos décadas. “Es que la traición fue muy grande. No era que había quedado en pasarte a buscar a tal hora y me colgué. No se trataba de que vos fueses de Vélez y yo no. Teníamos otras discu
Leer nota completa en La Nación →