Los hermanos Dardenne y su película más luminosa: “Queríamos filmar la ternura”

Dueños de una extensa y fundamental filmografía que los ubica como una de las referencias fundamentales del cine de autor contemporáneo, el pasado jueves llegó a los cines argentinos Madres jóvenes, el último film de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne. La película recibió el premio al Mejor Guion en el Festival de Cannes, un festival conocido para los directores belgas que tienen en su haber dos Palmas de Oro (con Rosetta en 1999, y con El niño en 2002), y construyeron un cine que enmarcó fundamentalmente a las infancias y a la mujer dentro de los desprotegidos de la sociedad europea como parte de su narrativa habitual. Con Madres Jóvenes, los Dardenne continúan la senda del cine social que los ha hecho célebres pero se permiten construir una obra donde la ternura y la esperanza están presentes. “Hay un ciclo que vuelve una y otra vez, un ciclo social de violencia familiar”, coinciden sobre una de las características que han sido de fundamental análisis en su filmografía que no omite una reflexión sobre los cambios en el cine frente al avance de la inteligencia artificial: “Si decimos que es una mercancía más, el cine que va a existir es el de la IA y esto ya se ve en las series que están contando, cada vez más, la misma historia si es que no están incluso los mismos planos”, dice Luc Dardenne en este dialogo exclusivo con LA NACION.-Su cine siempre hizo foco en los marginados de la sociedad, pero ese sentimiento de orfandad hoy pareciera que entrecruza a toda la sociedad en virtud de las enormes crisis globales y guerras.LUC DARDENNE: -Podemos decir que en la película, por más de que no es lo que quisimos poner de relieve, ciertamente eso está presente. El film es un homenaje a los servicios públicos, al rol del Estado para implementar estructuras que permitan que las desigualdades disminuyan. Todo eso sucede en familias pobres, en medios populares, en gente que no tiene un lugar en la sociedad. El hecho de que hagamos esta película en esa institución, da cuenta de nuestro deseo de mostrar que es una solución para poder permitir que bebés y chicas jóvenes puedan conocer un futuro mejor confrontado a si esas estructuras no existieran. Diría, en segundo lugar, que nos dimos cuenta mientras escribíamos el guion, al rodar, al editar, que nos interesaba filmar en esa institución cierta suavidad, cierta dulzura, lo contrario a la violencia que, a veces, las madres habían sufrido en sus familias de origen. Entonces queríamos filmar esos gestos de ternura entre las asistentes sociales, las chicas, los bebés. Una ayuda mutua, una solidaridad. Y eso es otra manera de ver el mundo.-Es muy interesante el tratamiento que tiene Madres Jóvenes, porque tiene una calidez que en el cine de ustedes es poco frecuente en ese sentido de mostrar a un Estado que está muy próximo de estas personas a las que contiene.JEAN-PIERRE DARDENNE: -La película surgió del hecho de que pasamos mucho tiempo en esa verdadera casa, en ese hogar. Fuimos a documentarnos para otra película que no hicimos. La suavidad, la ternura que vemos en la película es lo que nosotros encontramos estando allí. La atención que brindaban estas educadoras, como les enseñaban a trabar un lazo con sus bebés, realmente de protección, era una especie de protección de la vida, una atención a la vida que nos dio ganas de hacer esta película. También, convengamos, enseguida descubrimos muchos personajes principales.-Otra diferencia a la estructura habitual de su cine es que aquí asistimos a una película coral.JEAN-PIERRE: -Queríamos muchas chicas distintas, no una sola. Queríamos intentar contar una historia con varias, como sucedía en ese hogar, ¿no? Pero buscamos que esta película coral no fuera una mecánica que va triturando a cada individuo y que los personajes estén al servicio de la construcción de la historia. Al principio realmente desarrollamos para cada una de ellas una historia, de principio a fin, con el objeto de que cada una al final de su trayectoria encontrara algo de luz, una puerta de salida. Y así fue como trabajamos intentando que cada una de ellas existiera, respetando lo que habíamos observado en ese lugar, con una historia individual y que tenga que resolver su propia historia, por más de que las demás la puedan ayudar. Son soledades. Así que, por más de que estén juntas, cada una estaba sola con su bebé. E inclusive, a veces sin él.-Resulta inevitable preguntar dónde está el entrecruzamiento entre realidad y ficción y cómo es el tratamiento cinematográfico para este retrato…LUC: -El problema es que no vamos a copiar la realidad, nos vamos a inspirar en ellas, por más de que las historias no sean la historia de alguna chica que conocimos o que nos contaron. Son historias que inventamos. Partimos de una realidad y damos las posibilidades que la ficción nos permite. Como dijo mi hermano, son historias que aportan un poco de luz para esas chicas que se liberan de algo en un estado de sociedad que es desigual. Pero bueno, logran liberarse. Eso lo inventamos. La realidad nos inspiró. Porque ahí vimos los gestos de la gente, cuando salimos a conocer gente nos interesa qué hacen con sus actitudes. Eso fue lo que miramos realmente, la realidad. No la traicionamos, por decirlo de algún modo, en el sentido de que no inventamos cosas contrarias a la institución. Eso no lo hacemos. Pero la realidad es una base de inspiración e intentamos, esperamos no estoy seguro de que sea así, contar una historia que va al centro de las cosas y hasta el final.-¿Y entre el guion y el momento de tomar la cámara?JEAN-PIERRE: -Son estadios distintos, por supuesto. El guion es una etapa preparatoria indispensable para un rodaje, o indispensable para nosotros, y creo que para muchos otros también, Pero entre el rodaje y la escritura del guion hay un tiempo de ensayos. Están los actores, las actrices, Luc y yo con la cámara y ahí encontramos la forma de la película. Trabajamos mucho en torno a los gestos, los movimientos, los bebés... Todo eso. Lo fundamental, diría yo, que guió todo nuestro trabajo, son los bebés. Organizamos la puesta en escena para que esos bebés estén en el centro, que lo sean realmente, no en las palabras, sino que estén ahí en cuadro y en los movimientos de las actrices. Y diría que fue exactamente lo mismo con las actrices, porque cuando empezamos a ensayar tenían muñecas y por la noche iban a ver a los bebés de verdad para familiarizarse con ellos. Ninguna de ellas en la vida real era madre en ese momento, algunas quizás tampoco habían tocado a uno en sus vidas. Los bebés, lógicamente, no sabían que estamos actuando, están ahí de verdad. Entonces es un ritmo, una vida. ¿Cómo decimos? ¿Cómo transmitimos eso? Si el bebé de repente necesita atención real, nos dijimos: “Vamos a incorporar todo esto en las tomas”. Siempre los tuvimos en cuenta a ellos y de ellos viene el cariño y la ternura del film.Madres jóvenes sigue a Jessica, Perla, Julie, Ariane y Naïma, mujeres que viven en un refugio para madres jóvenes y que se criaron en circunstancias difíciles pero desean para sí y para sus hijos la posibilidad de una vida mejor. Dueños como pocos de un cine donde el compromiso social se hace presente, Jean-Pierre (75) y Luc (72), desde comienzos de los años ’90 con La Promesa (que en ese entonces protagonizó un joven Jeremie Renier), llamaron la atención con su retrato a la juventud sin horizontes desde un modo de producción en el cual son directores, autores y productores de sus películas. Además de Rosetta y El niño, su cine fue premiado en Cannes prácticamente cada vez que allí se hizo presente. El hijo recibió el premio al mejor actor; El silencio de Lorna, mejor guion; El niño de la bicicleta, gran premio; Dos días, una noche y La desconocida, fueron parte de la Selección Oficial; El joven Ahmed, ganó premio al Mejor Director y Tori y Lokita -casi la única que no tuvo estreno en la Argentina-, hizo lo propio con el premio especial de los 75 años del festival. Una carrera atravesada por películas que forman parte de los clásicos recientes del cine, y encuentran a los hermanos dentro de un cine de autor de los más venerados de todos los tiempos. Todo ese gigantismo autoral es exactamente lo contrario en su trato cotidiano. Este cronista tuvo contacto con ellos en tres oportunidades, y en las tres fueron igual de amables, cálidos, resueltos al diálogo y enorme franqueza a la hora de responder con gran predisposición e interés. Eso posibilitó que de la charla sobre su obra, se pudiera poner de relieve las características actuales de una sociedad (que además analizaron al detalle), que en todo el mundo presenta una enorme conflictividad y donde el cine no encuentra su posicionamiento ante amenazas tecnológicas muy concretas.-¿Qué creen que debería suceder a nivel social para que situaciones de violencia familiar y de violencia de género, puedan encontrar la salida que encuentran en su cine a través de la esperanza?LUC: -Qué pregunta difícil. Bueno, supongo que tenemos una responsabilidad como artistas, cineastas, escritores, de intentar entender el mundo y proponer cosas sin convertirnos en militantes, ni escribir panfletos, ni textos teóricos. Intentamos traducir nuestras impresiones, nuestros sentimientos, y tener personajes que puedan permitir pensar que el mundo no está terminado, y que puede cambiar, por supuesto. ¿Qué es lo que yo pienso que va a pasar? ¿O qué hay que hacer si hablamos de un punto de vista ciudadano? Estamos pasando un mal momento, pero espero que la gente recobre relaciones de solidaridad, de ayuda mutua. Diría simplemente, que el hecho de ayudar a otro es más importante que ser su competidor y tirarlo al piso. Pero bueno, es toda una mentalidad que depende de lo político, de la vida y también de las escuelas, de las familias. Es complicado. Uno tiene la impresión de que está en un modelo de vida donde la gente compite entre sí. El odio circula de manera muy fuerte en las redes sociales, en particular, la gente delira, ataca a otros. Hay
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