A pocas horas de empezar el mundial, un gusano barrenador llegó a los corrales de Texas y desató una crisis sanitaria en toda América del Norte

En pocas horas comenzará el mundial de fútbol 2026, a disputarse en territorio compartido entre Estados Unidos, México y Canadá. Seguramente las miradas de lo que ocurra durante este campeonato deportivo estará en las canchas. Sin embargo, hay una creciente crisis sanitaria en todo el norte del continente.
Es que, por primera vez en seis décadas, el parásito más temido por los ganaderos estadounidenses volvió a pisar suelo norteamericano. La noticia sacudió al sector en los primeros días de junio de 2026 y desencadenó una cadena de cierres sanitarios que involucra a México, Canadá y, de manera indirecta, abre interrogantes sobre el futuro de la Argentina como proveedor de carne al mercado más caro del mundo.
El 3 de junio, el Servicio de Inspección Sanitaria de Animales y Plantas del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (APHIS-USDA) confirmó la detección de larvas del gusano barrenador del Nuevo Mundo (Cochliomyia hominivorax) en un ternero de tres semanas en La Pryor, condado de Zavala, Texas, a unos ochenta kilómetros de la frontera con México. Era la primera vez que la plaga aparecía en ganado estadounidense desde 1966. En menos de una semana, los casos se multiplicaron.
El 5 de junio, el USDA confirmó un segundo bovino afectado en el mismo condado, a apenas nueve kilómetros del primero. El 8 de junio, la cifra ya era de cuatro casos en Texas, y el 9 de junio llegó el quinto: un perro proveniente del condado de Andrews que fue reclasificado como el primer caso en el estado de Nuevo México.

El avance fue suficiente para que el gobernador Greg Abbott emitiera, el 5 de junio, una proclamación estatal de desastre para todos los condados de Texas, activara recursos de emergencia y prometiera que el estado financiaría la construcción de infraestructura de erradicación las 24 horas, los siete días de la semana.
El gusano barrenador no es una enfermedad en sentido estricto sino la fase larvaria de una mosca parásita que deposita sus huevos en heridas abiertas o en tejidos blandos de animales de sangre caliente. Las larvas, al eclosionar, se excavan en el tejido vivo y se alimentan de él, agrandando la lesión y favoreciendo infecciones secundarias. Sin tratamiento, la infestación puede matar a un animal.
Afecta al ganado, a la fauna silvestre, a las mascotas y, en casos excepcionales, también a los seres humanos. Las moscas hembras solo se aparean una vez en su vida, lo que hace posible controlar la plaga mediante la liberación masiva de machos estériles: si las hembras se cruzan con machos incapaces de fertilizar, sus huevos no eclosionan y la población colapsa en pocas generaciones.
El contexto económico en el que irrumpe la crisis no podría ser más desfavorable para los ganaderos estadounidenses. Antes incluso de que apareciera el primer caso en Texas, el sector ya venía lidiando con el hato de ganado más pequeño en 75 años, resultado de sequías prolongadas que forzaron liquidaciones masivas de rodeos.
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Esa reducción del inventario empujó los precios minoristas de la carne a niveles sin precedentes: en abril de 2026, el kilo de carne molida promedió 9,64 dólares por libra, un 13% más que el año anterior, según datos del propio USDA. Y según la Reserva Federal de Dallas, el precio de la carne de res acumula una suba del 57% desde 2020. Un brote a gran escala del gusano barrenador, advirtieron voceros del sector al medio LatinUS citando datos de la misma Reserva Federal, supondría pérdidas de miles de millones de dólares adicionales para la industria.
Texas es el corazón ganadero de Estados Unidos. El estado alberga más de 12 millones de cabezas de ganado vacuno, el mayor inventario de cualquier estado del país, y desempeña un papel central en la producción nacional de carne. Que el brote haya aparecido precisamente allí no es una casualidad geográfica sino la consecuencia directa de la proximidad con México, donde la plaga lleva meses haciendo estragos.
El mapa de los cierres sanitarios que se produjo en los días siguientes es revelador de la magnitud del problema. El 8 de junio, el USDA ordenó la suspensión inmediata de todas las exportaciones de ganado vivo y animales en general hacia México, una medida que abarca bovinos, equinos, ovinos, caprinos, cerdos de cría, rumiantes silvestres, perros, hurones, aves comerciales y animales de ornato. La lógica de ese cierre es inversa a la habitual, ya que no se trata de impedir la entrada de animales infectados al territorio estadounidense, sino de evitar que animales potencialmente expuestos en Texas sean trasladados a México y amplifiquen allí el ciclo de la plaga, que en el lado mexicano ya contabilizaba 2.024 casos activos al 3 de junio, según datos del SENASICA y la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER).
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Canadá actuó antes. El 5 de junio, la Agencia Canadiense de Inspección de Alimentos implantó restricciones temporales a la importación de ganado procedente de Texas. La decisión fue tomada el mismo día que se confirmaba el segundo caso en Estados Unidos, antes de que la propagación adquiriera la escala que tendría en los días siguientes. Otros estados del propio territorio estadounidense, como Florida, Luisiana, Montana y Kentucky, comenzaron también a restringir el ingreso de animales procedentes de la zona afectada.
Es en ese escenario donde aparece la oportunidad argentina. En febrero de 2026, el presidente Donald Trump firmó un decreto que quintupló el cupo de importación de carne vacuna argentina, llevándolo de las 20.000 toneladas históricas a 100.000 toneladas anuales para el ciclo 2026. En el texto oficial de la proclamación presidencial, el gobierno estadounidense justificó la medida señalando que el suministro interno de cortes de carne vacuna magra era “insuficiente para satisfacer la demanda interna a precios razonables debido a un desastre natural y una importante disrupción en el mercado nacional”. La medida tiene carácter explícitamente temporal, con vigencia hasta el 31 de diciembre de 2026, distribuida en cuatro cuotas trimestrales de 20.000 toneladas cada una. Las 80.000 toneladas extra fueron asignadas en su totalidad a la Argentina.
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Los resultados concretos ya son visibles. Las ventas de carne vacuna argentina a Estados Unidos crecieron un 114,3% en valor en el bimestre febrero-marzo de 2026 respecto al mismo período del año anterior, pasando de 50,9 a 109,1 millones de dólares. La participación del mercado norteamericano en el total de exportaciones cárnicas argentinas trepó del 8% al 25% en ese período.
La pregunta que el sector tiene sobre la mesa es qué pasa después del 31 de diciembre. La medida fue diseñada explícitamente como temporal, concebida para inyectar oferta al mercado estadounidense en un momento de escasez y precios récord. La crisis del gusano barrenador, con su irrupción en Texas justo cuando comenzaban a ejecutarse las últimas cuotas trimestrales del año, agrega un argumento de peso para que Washington considere prorrogar o ampliar el acceso argentino.
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La plaga no tiene una solución inmediata: la planta de moscas estériles en Edinburg no estará operativa antes de fines de 2027, el inventario de ganado estadounidense difícilmente se recupere en el corto plazo dado el ciclo biológico de la ganadería vacuna, y los precios minoristas ya registran presiones que el gobierno de Trump tiene razones políticas para no ignorar. En el texto de la proclamación, el propio USDA aclaró que continuará monitoreando el suministro interno y “recomendará las acciones adicionales que sean necesarias para garantizar una oferta doméstica suficiente”. Una frase que deja abierta, al menos en el plano declarativo, la posibilidad de nuevas intervenciones.
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