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La joya oculta del Palacio Barolo que tardó 100 años en ponerse en funcionamiento y cumplir con el legado de Mario Palanti
El Salón 1923 cumplió un sueño postergado durante un siglo: ser una cafetería de época que combina historia, arquitectura y una de las mejores vistas panorámicas de Buenos Aires
El Palacio Barolo resplandece en la Avenida de Mayo entre edificios pálidos, que alguna vez fueron objeto de admiración por su impronta francesa impoluta. Esta joya arquitectónica del Art Nouveau es famosa entre los porteños porque su estructura representa a la Divina Comedia de Dante Alighieri. Se inauguró en 1923 y hace relativamente poco se concretó el último deseo de Mario Palanti, un salón cafetería que diseñó en 1919 y que no vio la luz del día hasta hace seis años. En diálogo con LA NACION, Martín Germán Mallo, jefe de comunicación y marketing de la Fundación los Amigos del Palacio Barolo, contó la historia del café que se concibe como una joya oculta en lo alto de este emblema porteño. La historia del Salón 1923En 1919, Luis Barolo, inmigrante italiano, quiso demostrar que su colectividad se había vuelto rica y pujante. Su deseo era destacar entre la aristocracia y para ello ordenó a Mario Palanti el diseño y la construcción de un edificio imponente, distinto al estilo de los demás e insignia de una Buenos Aires joven frente a las capitales europeas. El proyecto de un edificio de oficinas con una galería central que permitiera a todo el mundo ingresar y conocer el interior del Palacio también contemplaba un salón, que originalmente Luis Barolo “pensó como un área para reuniones de negocios o una cafetería para los trabajadores de ‘cuello blanco’ del edificio. Pero lamentablemente él nunca lo vio terminado debido a que falleció antes de la inauguración”, dijo Mallo.El espacio funcionó como oficina durante décadas hasta que en 2019, exactamente un siglo después del inicio de la construcción del Palacio, la Fundación adquirió el lugar para inaugurar el Salón 1923 y cumplir con el deseo original de Barolo. Ahora es una de sus perlas icónicas, junto con el faro que se halla en la cima de la torre e ilumina Buenos Aires en días particulares.Cómo se llega al Salón 1923Además de las visitas guiadas al Palacio Barolo, podés conocer el Salón 1923. Para ello es necesario atravesar la propia galería de planta baja que conduce hasta el centro del edificio. Allí tenés que tomar cualquiera de los seis ascensores que tienen 103 años y están forrados de madera y con grandes espejos. Estos llegan hasta el piso 14. La confitería se ubica en el piso 16, por lo que hay que subir dos plantas por escalera.Durante el camino hasta el café, se respira un aroma igual al de una casa antigua. Las paredes tienen su propio perfume a concreto; la luz solar ingresa por las ventanas que nunca se cambiaron e ilumina los pasillos y las escaleras que conducen hasta la cafetería. Al traspasar la puerta de entrada de dos hojas, el recibidor inmediatamente da la bienvenida con sombreros de la década de los 20 que cuelgan sobre una de las paredes y en un perchero. Los mozos visten como hace un siglo, con pantalones de vestir, tirantes, camisa blanca y moño. La confitería es una máquina del tiempo que transporta a quien la visita a la época en que se fundó el Palacio Barolo. Suena jazz de fondo y la decoración es acorde al Art Déco, con espejos, grifería de bronce y una barra que imita a la que tuvo alguna vez el Titanic. El Salón 1923 es una cafetería y restaurante que ofrece menús ejecutivos y platos elaborados por un jefe de pastelería proveniente del Hotel Four Seasons. Al tratarse de un espacio que se pensó para utensilios de la década del veinte, la cocina vende opciones acotadas. El plato estrella es el bife de chorizo, muy aclamado por los turistas extranjeros. En cuanto a la pastelería, la tostada de almendra con una bocha de mousse de chocolate es un manjar que nadie puede perderse. Visitar este espacio es una experiencia en sí misma. Se describe como una “pequeña burbuja de tiempo” que ofrece una de las perspectivas más limpias de Buenos Aires, a la vez que permite ver hitos como el Obelisco, la Plaza del Congreso e incluso San Isidro si hay buena visibilidad. El acceso es libre de 10:00 a 16:00 horas, y funciona como cualquier café de la Ciudad, mientras que después de ese horario se establece una consumición mínima y se recomienda reservar a través de su página web, especialmente para ver el atardecer en cualquiera de sus dos azoteas.Conocer el Palacio Barolo y el Salón 1923 desde otra perspectiva La Fundación los Amigos del Palacio Barolo inaugurará el 20 de junio Ecos del Barolo, un ciclo de música en vivo que propone un encuentro íntimo con los sonidos que se animaron a cruzar fronteras: el soul, el jazz y el funk. Géneros que, como el propio edificio, nunca se conformaron con los límites de su tiempo.La primera edición estará a cargo de Soul Deluxe, una banda que revisita con vuelo propio los clásicos de Stevie Wonder, Amy Winehouse y Jamiroquai. Se trata de una experiencia de escucha con pocas butacas, sonido envolvente y la arquitectura del Barolo como marco. Las funciones disponibles son a las 17.30, 19.30 y 21.00 hs. en el Espacio Barolo. Las entradas pueden adquirirse ingresando en el link de la bio en @palaciobarolo.