Seguramente sea felicitada -si aún no lo fue- la cúpula del INTA por haber cumplido con uno de los objetivos más ambiciosos dispuestos por el palacio de Hacienda y agitados por el ministro de Desregulación Federico Sturzenegger, para quien el ajuste al instituto es ya una cruzada personal.
De seguro serán felicitados el presidente Nicolás Bronzovich y compañía porque este miércoles 10 de junio finalizó oficialmente el esquema de retiro voluntario dispuesto semanas atrás con el objetivo prácticamente cumplido en su totalidad. Y es que, aseguran desde adentro del organismo, alrededor de 900 trabajadores adhirieron a la propuesta y, por ende, dejarán sus puestos en breve.
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No es el primer plan de retiros voluntarios que implementa la administración libertaria, pues en 2024 ya habían abierto una propuesta similar, pero con un resultado mucho más magro. En aquel entonces, sólo 300 trabajadores se habían plegado a las condiciones ofrecidas, que, dos años más tarde, y con un visible desguace de la entidad en marcha, se tornan mucho más atractivas.
En concreto, de acuerdo al régimen que originalmente iba a concluir el 31 de mayo pero se prorrogó 10 días más, se le dará un monto equivalente a 1,5 salarios por año trabajado a cada persona que acepte el trato. Cabe destacar que atañe únicamente al personal de planta permanente con más de 3 años de antigüedad y hasta 60 años de edad. Para aquellos que superan esa marca, se les ofreció un límite de 12 y 24 salarios.
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Son, entonces, alrededor de 900 los trabajadores del INTA que, en breve, se desvincularán del organismo y no podrán ejercer cargos públicos -a menos que se trate de la docencia- por los próximos 5 años. Pero muchos de ellos, probablemente, ya directamente no quieren ni pensar en seguir formando parte del Estado, agotados de ser tildados de “ñoquis” -aún cuando su currículum es más que prestigioso- y visiblemente desmoralizados tras meses de incertidumbre.
Se sumarán así a los 1145 que, según cálculos del gremio Apinta, ya se fueron desde fines del 2023 a abril del 2026, entre jubilaciones, el anterior retiro voluntario, licencias y renuncias. Eso da un total de casi 2000 profesionales que cambiaron de rumbo, en muchos casos, incluso, para seguir ejerciendo la investigación agropecuaria pero en el sector privado.
Nada de esto es sorpresivo para la actual administración, a la que le pidieron recortar al menos el 25% de la planta permanente del organismo. Para este retiro voluntario, abierto el pasado 4 de mayo, se estipulaba que Economía había aprobado el presupuesto suficiente para desvincular a 950 trabajadores, un objetivo que prácticamente cumplió en su totalidad Bronzovich con una entereza digna de ser reconocida en quinto piso de Hipólito Yrigoyen 250.
En paralelo, también avanza otra importante operatoria, que es el cierre de agencias de extensión en todo el país. Esa era otra de las metas originales en el plan de ajuste que, tras los reveses judiciales -cuando se intentó hacer por decreto, al igual que con los despidos- ahora se lanzó de manera oficial con el visto bueno del Consejo Directivo.
De hecho, semanas atrás, informaba Bichos de Campo que ya se cumplió con el 50% de la propuesta original, que comprende el cierre de 48 agencias de diferentes centros regionales.
Pero, una vez más, la administración ve frustrarse algunos de sus planes en Tribunales, porque, tras una acción de amparo presentada por gremios y trabajadores, la Justicia decidió suspender la eliminación de la agencia INTA AMBA, quizá la más resistida por su cercanía con la producción periurbana.
Por el término de 6 meses, en principio, se frena el desmantelamiento de esa experimental y la inminente venta de las 33 hectáreas de predios con los que cuenta. Del resto de los cierres, no se ha resuelto nada.
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Es la constancia lo que, finalmente, le permite a los directivos del organismo cumplir con los ambiciosos objetivos de Sturzenegger, Caputo y compañía. No sin conflicto, por supuesto, pero con la paciencia suficiente para intentar por todas las vías posibles llevar adelante un plan que, en esencia, borra las bases forjadas durante 70 años por este instituto.
Es la gota que horada la piedra y termina quebrando a más de uno. A unos cuantos. Hoy, a unos 900 más que, finalizado este “exitoso” retiro voluntario romperán filas.
Lo dijimos hace algunas semanas atrás, y lo volvemos a repetir: después de todo esto, finalmente, el INTA ya no será el mismo.
Agro & Campo
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Seguramente sea felicitada -si aún no lo fue- la cúpula del INTA por haber cumplido con uno de los objetivos más ambiciosos dispuestos por el palacio de Hacienda y agitados por el ministro de Desregulación Federico Sturzenegger, para quien el ajuste al instituto es ya una cruzada personal. De seguro...