La historia de Zion Suzuki, el arquero que pudo jugar para tres países y eligió a Japón para ir al Mundial

Por los últimos antecedentes mundialistas, a la hora de jugar a los pronósticos del que se avecina, uno de los que más se repite entre las revelaciones es Japón. Tanto en Rusia 2018 como en Qatar 2022 estuvo muy cerca de llegar por primera vez a los cuartos de final, pero fue su doble sorpresa en la zona de grupos de la última edición la que activa la apuesta: cambió la dinámica de la dificultosa compañía de Alemania y España, venció a los dos y dejó fuera a los teutones. Parece cerca de conseguirlo, es señalado como una amenaza. Una de sus características es la dinámica, pero –como en todo equipo- el arco es el primer paso del estilo. Para lograr lo que nunca, decidió que su guardián sea Zion Suzuki, la promesa que rompe los estereotipos de arqueros nipones pasados.La historia es mucho más amplia y no se detiene en este capítulo de haber sido seleccionado por los ‘Samuráis Azules’. En el furor de las figuritas que se genera ante cada Copa del Mundo, es común la extrañeza en quienes encuentran la pegatina con su imagen. Rasgos claramente orientales, pero con una tez morena que causa la inmediata curiosidad. Y es que Japón es apenas una de las tres naciones a las que podría haber representado.De hecho, no es su país de origen. Justamente, gran parte de la cita mundialista se jugará en el territorio donde nació, Estados Unidos. Fue un 21 de agosto de 2002 en Newark, ciudad de Nueva Jersey, producto del amor entre un padre norteamericano con raíces en Ghana y una madre japonesa. Al poco tiempo de dar a luz a Suzuki, decidieron emigrar al país del sol naciente: el ahora arquero de 23 años se nutrió gustoso de su cultura.Por lo que, una vez puestos los guantes, entre jugar para el combinado ghanés, estadounidense o nipón, optó por el que marcó su vida. Sin importar su raza negra ni imaginar en qué derivaría su decisión: terminó siendo víctima de racismo. Porque si bien los orientales son resaltados con el pasar de los mundiales por mostrarse prolijos, limpios, respetuosos, civilizados y solidarios, en su suelo aún transitan un debe cuestionable: los llamados hafu, es decir los mestizos, entran en el debate constante de una sociedad que, en su gran mayoría, es étnicamente homogénea.Por lo tanto, Zion experimentó fuertes y multitudinarios ataques por redes sociales, sobre todo tras la jornada ante Irak (2-1), por la Copa de Asia 2024, en la que tuvo una falla clave y padeció una derrota impensada. Entonces, el entrenador Hajime Moriyasu salió al cruce en conferencia de prensa: “Me siento muy avergonzado y preocupado de que haya sido discriminado por su raza. Voy a asegurarme de que este episodio no lo distraiga. Esto no puede suceder en ningún caso. Los Derechos Humanos deben ser respetados en todo momento: vivimos en un mundo diverso. El fútbol debería unirnos”.En lo reciente, incluso, otros deportistas sufrieron agresiones similares de su propia gente. Como los casos de Naomi Osaka y Rui Hachimura, que tienen papá haitiano y beninés, respectivamente. “‘Esa chica negra, ¿se supone que es japonesa?’. Lo recuerdo porque, en muchas ocasiones, es lo que siento que la gente piensa de mí”, contó años atrás la tenista sobre un episodio que vivió de pequeña, mientras que el basquetbolista también asintió: “Dicen que no hay racismo en Japón, pero sí: hacen comentarios. No es tan importante exponerlos sino plantear el debate público de la discriminación racial”. Suzuki, en cambio, eligió la lucha silenciosa y el trabajo.Comenzó su camino en el fútbol en la ciudad de Saitama, donde se radicó su familia, y a los 11 años recaló en las inferiores de Urawa Red Diamonds. Desde esos años comenzó a desarrollar una de sus actuales virtudes: salía del arco para jugar como volante, por lo que forzó un buen juego con los pies. Fue el más joven de la historia del club en firmar un contrato, con 18, y debutó en marzo de 2021. Jugó poco, pero fue campeón de la Copa de Japón, la Supercopa local y la Champions League de Asia. Entonces, llegaría la experiencia europea.Manchester United tuvo un ligero interés que no prosperó, pero terminó desembarcando en Sint-Truiden a raíz de una suerte del destino: DMM, una empresa de comercio electrónico e internet, tiene su sede principal en Japón y entre sus propiedades está el club belga. Vieron en Suzuki una proyección al alcance de la mano e ineludible. Lo llevaron cedido y enseguida compraron su pase. Duró poco: al año se lo llevó Parma, de Italia, hoy dueño de su pase.Con el respaldo, además, de ser parte de la selección mayor, donde ya disputó 24 encuentros. Además de su fresca edad, impone su porte: mide 1,90 metro, algo inusual en arqueros nativos del país asiático. Acaso, parece ser la moderna búsqueda de los Samuráis para volver a asentar uno nuevo en el seleccionado y olvidar a Eiji Kawashima, cuatro veces mundialista: atajó en Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y Rusia 2018, yendo a Qatar solo por su experiencia. El mestizo es cinco centímetros más alto y jugará su primer Mundial con cuatro años menos en relación al histórico.Previo a Kawashima, por el contrario, los mejores arqueros nipones no superaban el 1,80 metro. Por eso, en 2022 el elegido fue Shuichi Gonda, de 1,87, con un suplente que rozaba los dos metros: Daniel Schmidt, un caso parecido a Zion por ser norteamericano con ascendencia paterna alemana y materna japonesa. Eso sí: su tez blanca no causó polémica.Las virtudes del estilo de Zion SuzukiPara esta edición en Norteamérica no se repetirán arqueros, ya que prefieren apostar al cambio generacional. Por eso, los acompañantes de Suzuki serán Tomoki Hayakawa y Keisuke Osako, de misma medida que Gonda, pero con 27 y 26 años, respectivamente.Sin embargo, se impone la joven edad de Zion Suzuki, su físico y el hecho de ser el primer arquero japonés en la historia de la liga italiana. En definitiva, la promesa del arco nipón que encaja a la perfección.
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