Sus mejillas se sonrojan fácilmente, pero ella no es mujer de desmoralizarse ahí nomás. A las circunstancias complejas, les da pelea.
En Barrancas, donde hace meses no llueve y el agua para riego escasea, Lidia Sepúlveda encontró en la elaboración de queso artesanal una forma de agregar valor a su producción. Con los animales alimentados a corral y mucho trabajo cotidiano, sostiene un emprendimiento que refleja la resiliencia de las mujeres rurales patagónicas.
La productora detalla su labor artesanal en la elaboración de quesos de vaca y cabra y describe cómo enfrenta esos desafíos climáticos, destacando la importancia de la capacitación técnica y el apoyo de redes de las mujeres rurales para visibilizar el trabajo de los pequeños productores.
Sus días transcurren entre en el proceso de fabricación tradicional, los canales de venta directa y el deseo de profesionalizar su actividad con mejores instalaciones. A la hora de rescatar el lado positivo de la vida de campo, señala el sentido de independencia que brinda esta vida, a pesar de la incertidumbre sobre el relevo generacional en la zona.
En medio del escenario adverso, Lidia Sepúlveda decide no bajar los brazos y continúa elaborando quesos artesanales de manera ininterrumpida.
“Venimos de varios meses de una sequía muy grande. En otras partes de la provincia nos cuentan que está lloviendo o lloviznando, pero acá hemos tenido solamente niebla”, relata la productora.
La falta de agua impacta directamente en la alimentación de los animales. Por eso, sus vacas permanecen a corral y son alimentadas con granos, pasto seco y alfalfa. “También tenemos ese problema con el agua de riego. No hay para producir”, resume.
A pesar de eso, Lidia mantiene la actividad durante todo el año, algo poco habitual entre las queseras artesanales de la región. Mientras muchas elaboran únicamente durante algunos meses de la temporada, ella logró sostener la producción de forma continua desde hace dos años.
“Hay que empezar desde muy abajo”, explica y remarca que su objetivo “es seguir creciendo paso a paso”. Este año pudo comprar una vaca de raza para mejorar la producción y proyecta construir una sala de elaboración y adquirir equipamiento para el ordeñe.
Actualmente trabaja con cinco vacas y, en los mejores meses, logra producir hasta cuatro kilos diarios de queso. Cada jornada comienza con el cuidado de los animales y termina con la elaboración de los quesos. Por la tarde realiza el ordeñe, filtra la leche, incorpora el coagulante y luego continúa con un procedimiento artesanal que aprendió y perfeccionó con los años. Después del prensado nocturno, los quesos comienzan su etapa de estacionamiento.
El resultado es un queso semiblando, “tradicional y criollo”-refiere ella-, elaborado principalmente con leche de vaca. Durante parte del verano también produce quesos de leche de chiva criolla, una actividad profundamente ligada a la identidad productiva de la zona norte de Neuquén.
La comercialización también conserva un sello artesanal. Sus quesos llegan directamente a consumidores de Barrancas, parajes cercanos y localidades como Chos Malal, Rincón de los Sauces y Añelo. Incluso algunos viajan hasta Neuquén capital o cruzan hacia Mendoza a través de familiares y conocidos.
Paradójicamente, todavía no tiene identidad de marca y aún es cuidadosa de la difusión masiva. “Por ahí uno publica y llega gente a buscarlo, pero al no tener cantidad suficiente queda corto”, explica.
Hija de una familia criancera, nacida en Ranquil Norte, Mendoza, pero arraigada desde hace años en Neuquén, Lidia creció en el campo y aprendió desde niña las tareas rurales. Sin embargo, observa con preocupación la falta de recambio generacional.
“Es difícil incentivar a los jóvenes. Mi hija se fue a estudiar a la ciudad. Dice que le gustaría volver al norte porque Neuquén tiene lugares hermosos, pero también se acostumbró a la vida urbana”, comenta.
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Uno de los pilares que fortaleció su emprendimiento fue la participación en los programas de capacitación con otras mujeres rurales. “Gracias a esas experiencias pude viajar, conocer otras formas de producción y acceder a formación técnica”, asegura.
“Los viajes fueron experiencias maravillosas. Aprendimos muchísimo y además conocimos otras realidades”, señala.
Al valorar su actividad, sostiene que “es una producción propia. Depende de uno. Si quiero que funcione, tengo que trabajar todos los días porque la vaca no tiene feriados. Pero eso también es lo más lindo, no tener jefes”.
Entre ordeñes, moldes y largas jornadas de trabajo, sostiene una producción que no sólo le genera ingresos, sino que también mantiene viva una tradición profundamente ligada a la identidad rural de la región.
Agro & Campo
En el norte de Neuquén, una productora transforma la adversidad de la sequía en quesos artesanales hechos a pulmón y sostenidos todo el año
Sus mejillas se sonrojan fácilmente, pero ella no es mujer de desmoralizarse ahí nomás. A las circunstancias complejas, les da pelea. En Barrancas, donde hace meses no llueve y el agua para riego escasea, Lidia Sepúlveda encontró en la elaboración de queso artesanal una forma de agregar valor a su ...