Las oleaginosas de invierno que revolucionan el modelo productivo en la Argentina y siguen un fenómeno global

La agricultura argentina atraviesa un proceso de transformación profunda. En un contexto donde la eficiencia productiva ya no puede desligarse del impacto ambiental, oleaginosas de invierno como la colza, la camelina y el cártamo se consolidan como protagonistas de un nuevo modelo agrícola: más intensivo, más sustentable y con mayor proyección de valor para el productor.Durante muchos años, estos cultivos alternativos fueron vistos en la Argentina como una curiosidad agronómica o una experiencia de nicho. Hoy, esa percepción está cambiando de manera acelerada. De acuerdo con un reciente informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, la superficie sembrada con estos cultivos de invierno pasó de 30.000 hectáreas a más de 170.000 hectáreas en apenas tres años. Este crecimiento refleja no solo una mayor adopción tecnológica, sino también un cambio de mentalidad en la toma de decisiones productivas.Reunión con Caputo: los frigoríficos exportadores pidieron una baja de las retenciones a la carne y abrir más mercadosEstos números responden a una necesidad concreta: intensificar los sistemas agrícolas, mejorar los resultados ambientales dentro del lote y acompañar la expansión de los mercados vinculados a biocombustibles de baja huella de carbono.Uno de los grandes cambios que estamos viendo en el agro argentino es la revalorización de los períodos de barbecho, esos momentos del año en los que históricamente la tierra permanecía sin producir. Esta ventana, asociada en la mayoría de los casos al invierno, es consecuencia de una falta de oportunidades de producciones de invierno, que se ajustan a tan solo a cereales para cultivos de gran escala. La incorporación de oleaginosas de invierno permite transformar esos barbechos en una oportunidad concreta.Durante años, las rotaciones se apoyaron principalmente en esquemas como trigo–soja o cebada–soja, con escasas alternativas para el invierno. Hoy, camelina, colza y cártamo abren la posibilidad de sumar un nuevo eslabón al doble cultivo, aprovechando tierras que antes quedaban en desuso por falta de opciones viables. Introducir cultivos que permitan una producción en esas ventanas y que no comprometan el cultivo principal se traduce en una mayor eficiencia en el uso de los recursos y en la posibilidad de generar un ingreso adicional para el productor agrícola.Bioenergía certificadaEl aporte ambiental de estos cultivos es central. Cumplen un doble rol estratégico: por un lado, fijan carbono de la atmósfera; por otro, permiten desarrollar aceites con baja huella ambiental, clave para la producción de biocombustibles avanzados.El crecimiento de estos cultivos está directamente vinculado a un fenómeno global. Las empresas buscan activamente fuentes de bioenergía para abastecer sus refinerías, en un contexto donde la transición energética dejó de ser un discurso para convertirse en una exigencia concreta. De esta forma, no se trata solo de producir más, sino de producir de una manera que cumpla con estándares ambientales cada vez más exigentes.En Bunge creemos que la sustentabilidad no es un concepto abstracto, sino una práctica concreta que se construye junto al productor. Por eso, fuimos pioneros en el desarrollo de estos cultivos en el país, acompañando su crecimiento con genética, conocimiento agronómico y acceso a mercados. Entendimos desde el inicio que no existe una única solución para todos los productores ni para todas las regiones. Por eso impulsamos camelina, colza y cártamo para adaptarse a distintas ventanas invernales, climas y necesidades puntuales de cada productor.Durante la última campaña, los convenios realizados por la compañía alcanzaron 90.000 hectáreas productivas, repartidas en más de 1000 lotes distribuidos en ocho provincias, lo que significó triplicar el volumen de la campaña anterior. Nuestro compromiso es seguir ampliando estas alternativas, integrar a más productores y fortalecer un sistema productivo que responda a las demandas actuales desde una perspectiva sostenible.Estos cultivos demuestran que es posible producir más y mejor, cuidando el suelo, diversificando ingresos y conectando al productor con los mercados más dinámicos del mundo. La agricultura del futuro ya está en marcha. Y se construye sobre la base de la innovación, la sustentabilidad y una visión de largo plazo.El autor es gerente de Marketing y Nuevas Semillas de Bunge Argentina
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