General
Una frase de película la impactó, dejó Chascomús y transformó su vida: “El mundo está lleno de sorpresas para los que se animan a saltar”
Para traspasar su Chascomús natal y dejarse sorprender por el mundo, trabajó en la Ruta 2 mientras se capacitaba como tripulante de aire y mar, y estudiaba turismo, pero jamás imaginó cuál sería su primer destino...
Desde España, su país de residencia actual, Anastasia Alcuaz recuerda, casi incrédula, los últimos tiempos. Un lustro pasó desde el 2021, el año donde todo cambió.En Argentina era relativamente feliz hasta que, cierta vez, una frase ingresó a su mundo para no abandonarla más. Eran mucho más que palabras bonitas, se trataba de un modo de ver y vivir la vida, un portal hacia la felicidad: Espero que veas cosas que te sorprendan. Espero que sientas cosas que nunca hayas sentido. Espero que conozcas a personas con otro punto de vista. Espero que vivas una vida de la que te sientas orgullosa. Y si ves que no es así, espero que tengas la fortaleza para empezar de nuevo. La sentencia provenía del film El curioso caso de Benjamin Button, inspirado en la obra de F. Scott Fitzgerald.Desde pequeña, aunque sin poder dimensionarlo, para Anastasia atravesar fronteras significaba eso: traspasar su Chascomús natal para dejarse sorprender y nutrirse a través de un planeta maravilloso que tan solo debía estar dispuesta a descubrir. Y así, mientras los años transcurrían, la fantasía de volar y vivir en otro rincón del mundo comenzó a crecer hasta transformarse en el mayor de sus sueños.Irse de la Argentina no significaba abandonarla, tan solo quería decir que se atrevía a caminar más allá. Ser turista, solía decir, no le era suficiente, ella anhelaba ver cómo vivían otras culturas, aprender de ellas y respirar una nueva atmósfera a través de su cotidianidad.Trabajar duro por los sueños y una propuesta inesperada: bienvenida DubáiPero para que su sueño no quedara en ello, Anastasia debía accionar. Apenas terminó el colegio secundario se dispuso a tomar toda clase de cursos y a estudiar carreras que la acercaran a la experiencia anhelada. Primero se recibió de tripulante de cabina y más tarde estudió tecnicatura en turismo; por último, se lanzó hacia un mundo totalmente desconocido para ella, el mundo marino: “Realicé todos los cursos necesarios para poder embarcarme en yates de lujo y trabajar como azafata de yates”, cuenta. Asimismo, durante los veranos, trabajaba en el shop de una estación de servicio de la ruta 2, a fin de ganar experiencia en atención al cliente.Y fue en diciembre de 2021, que la joven de 23 años culminó sus estudios y, casi sin querer, se halló postulándose para trabajar en el Mundial de Qatar 2022. Por aquellos días se imaginó en esa otra dimensión y un escalofrío recorrió su cuerpo. La respuesta de la empresa reclutadora no tardó en llegar, aunque las palabras no fueron exactamente las que ella esperaba: “La empresa me ofreció primero un empleo en Arabia Saudita que no prosperó y luego en Dubái. Casi sin dudarlo acepté”, revela.En casa de Anastasia la decisión fue aplaudida. Recibir una oferta de empleo estable, con todo el traslado pago (su sponsor se hizo cargo de los vuelos y de la visa), era una oportunidad que sabían que no debía dejar pasar y un motivo de alegría. En Argentina también quedaría su novio quien, al igual que sus amigas, apoyaron la decisión y estuvieron allí para contenerla. Dubái se asomaba, así como el desafío de una relación a la distancia.Llegar a otro mundo: “Es muy extraño cómo la vida puede dar giros de 360° tan rápido”El proceso hasta obtener la documentación duró más de lo esperado y, por momentos, Anastasia creyó que el día de la partida jamás llegaría. Cuando tuvo los pasajes en mano todos los estados emocionales imaginables se agolparon y, finalmente, abordó el avión poseída por los nervios, la incertidumbre, las ansias, pero, sobre todo, la felicidad.A Dubái arribó envuelta en un estado de extrañeza, sin asimilar a dónde había llegado: “No lo podía creer”, asegura. “Es muy extraño cómo la vida puede dar giros de 360° tan rápido”.Pasada la emoción del primer impacto, llegaron los días duros. Para Anastasia, el primer mes no fue sencillo. De pronto, el duelo de lo que había dejado atrás ingresó a una realidad en donde llegó el turno de procesar el trabajo que comenzaba, las tareas y las caras desconocidas, en definitiva, todo lo que implicaba adaptarse a una nueva vida.“Pero, con el tiempo vas encontrando tu lugar, te creas una rutina, hacés amigos, y, paso a paso, todo se va acomodando. Cuando te querés acordar ya sos local”, afirma.Las calles de Dubái: “Siempre que sea con respeto y cautela, uno puede llevar una vida `normal´ como la que llevaba antes de emigrar”La ciudad más grande y reconocida de los Emiratos Árabes Unidos sorprendió a Anastasia con su atmósfera cosmopolita. Rodeada de rostros de todos los rincones del planeta, recorrió la zona de Deira, con sus populares lugares, como el Zoco del Perfume, el Zoco de las Especies y el Zoco del Oro, este último famoso por poseer el anillo más grande del mundo. Y, entre otros paseos, divisó los reconocidos Burj al Arab y El Burj Khalifa -el edificio más alto del mundo, con 828 metros de altura-, caminó por la fuente de Dubái, con su espectáculo de agua, luz y música, y por el Safa Park, un pulmón verde para practicar deportes al aire y disfrutar del lago.“Al ser una ciudad tan multicultural, puedo decir que las diferencias que experimenté no fueron extremas. La gente local es minoría. Hay muchísimos extranjeros de todas partes del mundo, sobre todo de países asiáticos como Filipinas, Tailandia, India. Mucha gente de Marruecos, Egipto, Líbano, Kenia, Uganda”, describe.“Por lo que en general no te sentís en una ciudad musulmana, entonces podés usar la ropa que te guste, podés tener pareja fuera del matrimonio, podés beber alcohol en bares y restaurantes. Siempre que sea con respeto y cautela, uno puede llevar una vida `normal´ como la que llevaba antes de emigrar”, continúa.Dubái, una tierra llena de oportunidades y de crecimiento personalEl hotel donde Anastasia inició su nueva vida laboral la maravilló por su lujo, una característica que podía hallar en cada esquina de Dubái. A las pocas semanas, la joven percibió con mayor profundidad el esfuerzo de la ciudad por exhalar una calidad de vida superior reflejada a través de sus calles seguras, limpias y estables en su andar cotidiano.Asimismo, comprendió que el ambiente cosmopolita era el reflejo de una urbe con las puertas abiertas, llena de oportunidades y crecimiento profesional que, aparte de los estudios acordes al rubro de la hospitalidad (que más allá de los servicios de alojamiento, incluye la gastronomía, los eventos, las atracciones, los cruceros y las agencias de turismo, entre otros), aquellos que deseaban vivir una experiencia en Dubái tan solo precisaban tener espíritu aventurero.“Sin ir más lejos, a mí me pasó de recibir una oferta para hacer carrera dentro de otra cadena hotelera a los dos meses de empezar en mi nuevo trabajo”, cuenta Anastasia, quien en Dubái se desempeñó en el hotel SLS. “En cuanto a la calidad humana es también algo para destacar. Convive gente con distintas ambiciones, valores, y se vive completamente en armonía. El respeto está siempre presente en todos los ámbitos”.Emigrar, una escuela para la vida: “El mundo está lleno de sorpresas para los que se animan a saltar”La atmósfera mundial cambió, los días en Dubái quedaron atrás, pero el viaje continúa. Luego de su período hotelero, Anastasia trabajó para una aerolínea emiratí y actualmente, en 2026, está atravesando un nuevo comienzo en España, desde donde recuerda a aquella niña soñadora que alguna vez fue y siente orgullo, siente estar viviendo fiel a su frase de cabecera: "Espero que veas cosas que te sorprendan. Espero que sientas cosas que nunca hayas sentido. Espero que conozcas a personas con otro punto de vista"Y su presente no es consecuencia de la fortuna, sino de hacerle honor a los sueños y los recursos al alcance, de accionar para construir un cauce que fluya en la dirección que siente correcta. Para la joven argentina es tan solo el comienzo, queda mucho mundo por explorar y descubrir. Mucho planeta Tierra del cual aprender.“Estos años realmente fueron un curso acelerado en todos los sentidos. Viajar y, especialmente emigrar, son escuela para la vida. Aprendés a estar más receptivo, más tolerante, independiente. Te encontrás creando nuevos recursos, nuevas herramientas…te reinventás. Empezás a desarrollar una relación más cercana con vos mismo, te volvés un poco tu propio hogar”, dice pensativa.“Por supuesto no todo es mágico, hay momentos donde uno se llena de preguntas, donde cuesta un poco más, como en toda transformación; pero sin dudas volvería a elegir tener estas experiencias una y mil veces más. Porque, al fin y al cabo, la vida es un poco eso. A nuestra Argentina sabemos que siempre vamos a poder volver, que alguien nos va a esperar con los brazos bien abiertos y un mate calentito. Pero lo que realmente llena el alma son las experiencias, el animarse a ir siempre un poquito más allá. Vivir, conocer, probar, crear recuerdos, arriesgarse, expandirse”.