Carbón vegetal, biocarbón o biochar: Los tres nombres de una misma solución que captura carbono, enmienda el suelo, facilita la gestión de residuos y tiene todo por crecer en Argentina

Ya sea que se lo use de forma directa como fertilizante, o como insumo para elaborar otros productos como asfalto, el carbón vegetal –también conocido como biocarbón o biochar- ha logrado escalar rápidamente en popularidad gracias a su gran versatilidad, que le abre la ventana a múltiples oportunidades de negocio.
Se estima que el 37% de los cultivos agrícolas del mundo son receptores de este material, creado a partir de la más variada biomasa: astillas de madera, rastrojo de maíz, cáscaras de arroz y maní, corteza de árboles, residuos sólidos de la producción de celulosa y tratamiento de aguas residuales, estiércol animal, entre otros.
Y aunque se puede obtener de manera natural, el biocarbón se genera principalmente mediante procesos termoquímicos controlados, que combinan alta temperatura y bajo contenido de oxígeno, como la pirolisis -descompone la biomasa en fracciones liquidas, sólidas y gaseosas- o la gasificación -trabaja con la biomasa a temperatura más elevadas obteniendo biocarbón como subproducto-.
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De acuerdo con un informe de la Bolsa de Cereales de Córdoba (BCCBA), el carbón vegetal contribuye a mitigar la degradación del suelo, pudiendo mejorar indicadores de fertilidad química, física y biológica. Además es útil para la absorción de carbono y el desarrollo económico, dado que se convierte en una alternativa sustentable para la gestión de los residuos agrícolas, así como para realizar enmiendas en el suelo.
Una encuesta realizada por la Iniciativa Internacional de Biocarbón (IBI) y la Iniciativa de Biocarbón de Estados Unidos (USBI) arrojó que los principales usos de este producto se relacionan al sector agropecuario, entre los que se encuentran los cultivos (37%), la horticultura (15%), la ganadería (13%) y la silvicultura (6%).
A estos les siguen otros usos como la remediación de suelos (11%), filtración de agua (6%), y paisajismo (4%). En menor medida, también se emplea en otros destinos no agrícolas, como los materiales de construcción o asfalto, los cuales representan el 3% cada uno.

Ahora bien, de forma indirecta, los proyectos de biocarbón también representan una oportunidad en la tarea de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y la huella de carbono.
Encuestas realizadas por CDR.fyi, la plataforma de datos y registro abierto para el mercado de eliminación de carbono de alta permanencia, sostiene que este método es elegido “por su rápida entrega al adquirirlo, precios bajos en relación con otros métodos y opción de compra de volúmenes pequeños”.
“De esta forma, el biocarbón ingresa al sistema de créditos de carbono (los cuales representan unidades negociables de evitación de emisiones de dióxido de carbono (CO2), creación o mejora de sumideros de carbono) como una opción atractiva”, afirmaron desde la BCCBA.
Aquella web detalla que el método más utilizado para eliminar el carbono, a nivel mundial, son los créditos de bioenergía con el 65,5% de participación, seguido por los de biomasa 13% y en tercer puesto los de biocarbón 10,4%.

“Desde 2022, se han adquirido más de 4,6 millones de toneladas de créditos de remoción de carbono de biocarbón (BCR, por sus siglas en inglés) en el mundo. En particular, en 2025 se han comercializado 2,9 millones de toneladas de biocarbón, es decir el 64% de los contratos negociados”, destaca el informe.
Y detalla a continuación: “Para el primer trimestre de 2026, ya se han comprado 246 mil toneladas de créditos de remoción de carbono de biocarbón, de las cuales el 11% han sido entregadas. El volumen adquirido se posiciona 16% por debajo de la cifra que se había conseguido en el primer trimestre de 2025, y 30% menos que el máximo del primer trimestre de 2024 (351 mil toneladas)”.
¿Qué rol puede ocupar Argentina en este escenario? Si bien su desarrollo local es relativamente nuevo, un balance realizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) determinó que el país tiene un superávit de biocarbón, en tanto dispone de más recursos de los que se demandan. Allí se destacan las áreas que cuentan con industrias generadoras de residuos biomásicos, como los ingenios azucareros, zonas forestadas o bosques nativos.

Es así que, descontando la demanda de áreas con industrias que generan energía, se dispone, según FAO, de 40,2 millones de toneladas por año de biomasa.
Del lado de la oferta se destaca la biomasa de los ingenios, industrias forestales, procesadoras de maní, y, en menor medida, desmotadoras de algodón, bodegas, molinos de arroz, hornos de carbón, poda urbana, procesadoras de jugo, semilleros, molinos de yerba, procesadoras de mandioca, frigoríficos y secaderos de fruta, acopiadores de tabaco y procesadoras de nuez pecán.
Mientras que, dentro de los sectores demandantes se consideraron la industria azucarera, la autogeneración, las carboneras, los hogares, las panaderías, el procesamiento de yerba mate, las parrillas, el procesamiento de té, las ladrilleras, las cementeras, las escuelas rurales y el procesamiento de tabaco.
“Considerando que la producción de biocarbón se realiza bajo un proceso de pirolisis con temperaturas moderadas, que rondan los 350-700 °C, el rendimiento es de aproximadamente un 25-35%. Así, se estima que en Argentina se podría producir potencialmente entre 10,1 y 14,1 millones de toneladas de biocarbón por año”, indicaron desde la BCCBA.

Discriminado por provincia, la principal productora sería Misiones con 1,9 millones de toneladas por año, cuyos principales residuos surgen de la industria forestal y del cultivo de té y yerba mate.
Detrás quedaría Salta con 1,4 millones de toneladas (con residuos de caña de azúcar, banana y forestaciones), y en tercer lugar Chaco, con 1,3 millones de toneladas (de la industria algodonera, hornos de carbón y e industria forestal). Córdoba por su parte, podría producir unas 139 mil toneladas de biocarbón por año, principalmente con residuos provenientes de la industria procesadora de maní y, en menor medida, de la industria forestal.
Y de explotar todo su potencial, el ranking productivo quedaría configurado de la siguiente forma: Misiones representaría el 16% del total, seguido por Salta (12%), Chaco (11%), Formosa (11%), y Santiago del Estero (10%). Detrás quedarían otras como Corrientes (9%), Entre Ríos (5%), Tucumán (4%) y Mendoza (4%). Por su parte, Córdoba se ubicaría en el puesto dieciocho con el 1,2% de participación.
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Pero para que esta industria despegue, desde la BCCBA señalaron que hay cuestiones a atender como la falta de contratos en los proyectos, la dependencia a la escala productiva y posible codependencia de otros procesos, el costo de la biomasa y la logística, costos de la validación tecnológica por parte de las certificadoras.
El potencial está a la vista. ¿Se podrán ajustar las tuercas necesarias para su despegue?
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