Economía
Las oportunidades y los desafíos se multiplican: no es tiempo de dejarlos pasar
La demanda global de alimentos se mantiene en alza y la Argentina está en condiciones de abastecerla
En un contexto de volatilidad de los precios internacionales y de incertidumbre por la tensión política global, la producción agropecuaria argentina se afirma como proveedora confiable de alimentos. Aun en medio de las dificultades, las oportunidades para ganar mercados y aumentar las exportaciones crecen de manera exponencial como pocas veces antes se recuerde.Reunión con Caputo: los frigoríficos exportadores pidieron una baja de las retenciones a la carne y abrir más mercadosLos datos recientes de exportaciones están reflejando este escenario. “En 2025, las exportaciones agroindustriales alcanzaron un récord histórico, con 115,41 millones de toneladas y US$52.337 millones, consolidando al sector como uno de los principales generadores de divisas del país”, destacó un informe de la consultora Big Global, de la exsecretaria de Comercio Exterior, Marisa Bircher.El trabajo, añadió que “los primeros datos de 2026 confirman la continuidad de esta tendencia. Entre enero y abril, las exportaciones agroindustriales sumaron 41,07 millones de toneladas y US $17.095 millones, con incrementos interanuales de 18% en volumen y 16% en valor”. India, Vietnam, China, Brasil y Estados Unidos fueron los principales destinos de los envíos con más del 33% del valor exportado.Pero además de las cantidades, el trabajo hace hincapié en la apertura de mercados que se ha logrado en el último tiempo, con 185 aperturas y 126 reaperturas. El avance, añade, “contribuye a diversificar destinos y mejorar las condiciones de acceso internacional, aunque su impacto efectivo dependerá de la capacidad de transformar esas habilitaciones en mayores exportaciones”. En definitiva, se trata de acelerar un proceso que al país le puede abrir nuevas oportunidades de inversión y desarrollo. El caso del acuerdo Mercosur-Unión Europea es uno de ellos, no solo por mejorar las condiciones de acceso a un mercado con consumidores de elevado poder adquisitivo sino para atraer capitales que quieran desarrollar actividades en las que los propios europeos están retrocediendo. El abandono de la tecnología para la producción agroindustrial en la que están embarcados no pocos políticos europeos, a contramano de sus productores, está ofreciendo la oportunidad de relocalizar empresas en el Mercosur. Sin rebajar los estándares de inocuidad y calidad, la Argentina debería estar atenta a ese movimiento.Pero este escenario abre otros desafíos. Los conflictos geopolíticos pusieron en tensión los costos de producción y el negocio agroindustrial es más exigente en capital y gestión. A diferencia de lo que ocurría en otras épocas, la tecnología puede ser un puente para saltar esa adversidad. Desde la agricultura por ambientes y el uso de la inteligencia artificial, hasta el manejo de datos y la maquinaria que ayuda a bajar los costos de insumos, entre otras herramientas, hay un paquete tecnológico al servicio de la producción para incrementar los rindes y mejorar la eficiencia.Esta mejora puede no ser para todos por igual. Algunos segmentos avanzan hacia esquemas altamente tecnificados, pero otros pueden quedar atrás por dificultades para acceder al financiamiento o por no adaptarse a la incertidumbre. Algunos especialistas advierten de la potencial generación de una nueva brecha, no tanto por tamaño de la explotación, sino de quienes incorporan el cambio tecnológico y quienes lo rechazan.Claro, la Argentina no es el único país donde este cambio sucede. Ni tampoco es el único proveedor confiable de alimentos. Y, lamentablemente, el país arranca desde atrás en este camino luego de años de políticas intervencionistas y negadoras de la capacidad del sector privado para generar riqueza.De allí que también, además del trabajo interno que hagan productores y empresas, el ámbito público debería alinearse rápidamente hacia ese foco. Tanto las instituciones privadas que tienen influencia sobre los poderes del Estado como la propia dirigencia política tienen la oportunidad de encontrar soluciones. Las discusiones sobre propiedad intelectual en semillas o el impulso a los biocombustibles deberían tener un marco adecuado para llegar a un consenso en los temas controvertidos y se terminen de una buena vez con los temas pendientes.En definitiva, el agro entra en una etapa donde el foco se desplaza y la cancha se agranda. Ya no es solo una cuestión de precios sino de apuntar a modelos cada vez más eficientes porque el mundo ofrece oportunidades, pero también pone piedras en el camino.