Milei, el dilema del “círculo rojo” y los extraterrestres

No llegó a ser una autocrítica, ni siquiera una rectificación, pero sí un mea culpa sobre el momento elegido para decirlo. Guillermo Dietrich participaba anteayer de un Zoom con compañeros del Pro cuando alguien le recordó una declaración que acababa de hacer en una entrevista televisiva y el exministro de Macri tuvo que admitirlo: había hablado de más o con palabras desafortunadas. Lo escuchaba también el analista Pablo Knopoff. La frase había sido lo suficientemente fuerte para sacudir a varios macristas: “Si, finalmente, para que a la Argentina le vaya bien, el Pro tiene que desaparecer, creo que eso es preferible a que a la Argentina le vaya mal y el Pro exista”. Elemental, y hasta bastante obvio desde el sentido común republicano, pero partidariamente incorrecto.Sin quererlo, Dietrich había tocado un cable pelado. Se metió en el centro de la discusión electoral argentina con algo que interpela al Gobierno y al establishment entero: quiénes y cuántos candidatos tendrá la centroderecha en las próximas elecciones. Lo que pase dentro de ese espacio ideológico parece hasta ahora lo más gravitante de la campaña 2027: una parte significativa del electorado no ve ya al peronismo en condiciones de presentar una narrativa económica creíble y jamás lo volvería a elegir, pero el escenario puede cambiar si un buen candidato del Pro le resta votos a Milei. Es el mensaje que el ministro Federico Sturzenegger, un ex-Pro, le envió esta semana a Macri. “Lo aprecio a Mauricio, pero yo creo que es el momento de Javier”, dijo.Por eso se siguen con tanta atención los últimos movimientos de Patricia Bullrich, convertida desde hace un mes en mileísta crítica: la senadora ya hizo dos movimientos para marcar distancias y captó, como era de esperar, el interés de algunos empresarios que se han ido distanciando de Milei. La Unión Industrial Argentina, por ejemplo, cuyo presidente, Martín Rappallini, estuvo ayer en Ginebra en la OIT y planteó la posición de muchos de sus pares: se valora la estabilidad, pero por sí sola no alcanza. Bullrich tiene una buena relación con los empresarios. Habla con Paolo Rocca, con Eduardo Eurnekian, con dueños de pymes desconocidas y hasta con productores agropecuarios que financiaron su campaña presidencial de 2023. Y ahí últimamente hay un entusiasmo renovado. “Por los costos de la campaña no se preocupen”, llegaron a oír en sus equipos de campaña, preocupados desde entonces por mostrar públicamente que ella trabajará por la reelección de Milei.La senadora atribuye todo a un malentendido de una parte del establishment económico que, dice, cree que ella tiene diferencias ideológicas con Milei. “Yo no cambiaría una coma de este modelo”, repite. Pero nada le impide aprovechar sus diferencias y lo que estas puedan reportarle para futuras negociaciones dentro de un gobierno donde las cosas no resultan nunca definitivas. Hasta ahora la exministra no ha dicho cuál es su proyecto. ¿Candidata a jefa de gobierno porteño? Ella insiste en que le aburre, que la gestión en la Capital Federal no deja de ser una aventura municipal y que su juego será siempre nacional. “Hasta en el Senado me siento más cómoda”, la oyeron decir. ¿A vicepresidenta? No lo descarta y no le disgustaría. ¿Y a presidenta? Escenario inimaginable en las actuales condiciones. “No se va a pelear con Milei”, contestan a su lado. ¿Y en 2031? Demasiado lejos. Sin embargo, cuando alguien le recuerda que para entonces tendrá 75 años, ella se limita a recordar que Reagan empezó a esa edad.Nada de esto surge en las conversaciones que Bullrich tiene con los Milei. Con Javier se lleva especialmente bien. Con Karina la relación era excelente, incluso mejor que la que tiene ahora con Santiago Caputo, pero algo se quebró cuando desde ese lado de la interna empezaron a imaginarla como candidata en la ciudad de Buenos Aires. De hecho, ella misma se adelantó en el verano a Adorni a aclararle que eso no estaba en sus pretensiones. Después pasó lo que pasó: el escándalo de los viajes y las propiedades de jefe de Gabinete, la exigencia pública de la presentación de la declaración jurada y el posicionamiento de Bullrich sobre el pliego de la jueza Verónica Michelli.Los libertarios han tomado perfecta nota de estas tensiones. No están en condiciones de pelearse con la senadora y eso quedó claro anteayer con los esfuerzos que hizo Karina Milei para convocarla a una reunión y sacarse fotos. “Tenemos que hablar más”, le dijo la secretaria general de la Presidencia, pero tampoco se explayó tanto.Parte de esto empezará a jugarse y constatarse en los próximos días, cuando el Indec difunda los datos de inflación y actividad económica.Cuando Milei cuestiona en público a empresarios como Rocca o Madanes Quintanilla está dando a su manera la batalla dentro de ese espacio en disputa. Su adversario vuelve a ser lo que los macristas llamaban “círculo rojo”, donde ve fantasmas y en cuyas filas llega a incluir al 95% del periodismo. Pero como los nexos con el Pro han vuelto a romperse, el Presidente necesita que el dilema de la centroderecha sea resuelto naturalmente, con una recuperación económica significativa. Algo que le permita consolidar una imagen positiva que, según mediciones propias, sigue todavía en derredor de los 30 puntos, todavía lejos del 40% que se requeriría para ganar en primera vuelta. Ese indicador empezó a revertirse el último mes, pero es todavía insuficiente. En la Casa Rosada dicen que tampoco había caído tanto durante el primer trimestre.Parte de esto empezará a jugarse y constatarse en los próximos días, cuando el Indec difunda los datos de inflación y actividad económica. Milei ha aceptado comprar reservas, algo a lo que se resistía por el efecto que la emisión monetaria provoca en el IPC si cae la demanda de dinero, y también se ha resignado a que la baja en el riesgo país será en todo caso gradual. Hay, con todo, mejores perspectivas. Lo planteó esta semana un informe de Barclays titulado “Un despertar exportador para la Argentina”, que proyecta una evolución. “Las cuentas externas de la Argentina fueron alguna vez una vulnerabilidad; ahora son una fuente de resiliencia. Un superávit comercial considerablemente más amplio está encaminando la cuenta corriente hacia el equilibrio este año, lo que favorece la acumulación de reservas y limita las preocupaciones sobre la sostenibilidad”. Ejecutivos de la calificadora Standard & Poors que estuvieron hace unos días en Buenos Aires y se reunieron con ejecutivos y clientes de bancos dejaron también un mensaje positivo: dicen ser cautos, pero optimistas.En todo caso, eso dependerá de las perspectivas que el mercado tenga sobre cuestiones que no están necesariamente al alcance del Gobierno. El resultado de las elecciones, por ejemplo. Se entiende desde esa óptica la insistencia del ministro de Economía en que “ni un shock externo, ni una guerra mundial ni una invasión extraterrestre” le darán el triunfo a Kicillof en 2027. Pero hasta ahora, quienes deben invertir y apostar por la Argentina parecen menos terminantes. La posibilidad de un espacio de ortodoxia debilitado por sus propios referentes y el posible regreso de una economía delirante asustan a algunos más que el ataque de diez ovnis juntos.
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