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Moreno Veloso: “Me siento muy feliz de tener el padre que tengo”
El hijo de Caetano Veloso regresa a la Argentina para homenajear a su padre con dos shows, pero antes habló con LA NACION sobre su carrera y dio detalles reveladores sobre su relación con el pionero del tropicalismo
Nació en Salvador de Bahía, Brasil, en un ambiente hipermusical. Es hijo de Caetano Veloso, sobrino de Maria Bethania y ahijado de Gal Costa. Con esos antecedentes familiares era muy poco probable que Moreno Veloso se dedicara a otra actividad que no fuera la música. Sin embargo, en el comienzo de su adultez se inclinó por las ciencias y se convirtió en Licenciado en Física.Después los genes pudieron más y retomó el camino iniciado a los ocho años, cuando compuso y grabó con su padre el tema “Um canto de afoxé para o bloco de ilé”. Pero siempre bajo la influencia de aquella formación académica, que hace que su obra se caracterice por una estructura muy geométrica, armónica y casi matemática. Desde 2000 el cantautor compuso un centenar de canciones, grabó cuatro discos solistas (Máquina de escrever música, Solo in Tokyo, Coisa Boa y Mundo paralelo) y brindó shows por todo el mundo con diferentes formaciones. También produjo los trabajos discográficos más experimentales y eléctricos de su padre (Cê, Zii e Zie y Abraçaço), y hasta lo acompañó en una turné.Hoy, a los 53 años, y después de haber recorrido un largo camino propio, de perfil independiente, abraza la obra de su padre y lo homenajea en Universo Caetano, el espectáculo donde celebra todo su repertorio junto al violonchelista, arreglador y compositor Jaques Morelenbaum y su hija, la cantante Paula Morelenbaum, otros dos allegados al círculo más íntimo del pionero del tropicalismo. Los tres, acompañados por el baterista Marcelo Costa y el guitarrista Lula Galvão (músicos históricos de Caetano), ofrecerán dos funciones del show tributo este fin de semana en Buenos Aires: el sábado 6 y el domingo 7 en La Trastienda (Balcarce 460), el templo musical de San Telmo.—¿Cuál fue el criterio del repertorio? ¿El show incluye necesariamente los temas más famosos de Caetano o los que a ustedes más les gustan?—El criterio principal fue elegir las canciones que más nos gustan. No nos basamos específicamente en los temas más famosos de mi padre, aunque algunos de los más conocidos coinciden con los que más apreciamos, por los que sentimos más cariño, afecto y cercanía. —¿Caetano tuvo alguna injerencia en el armado del espectáculo?—No, ninguna. Él solo lo vio cuando ya estaba terminado.—¿Y qué opinó? ¿Te hizo alguna crítica o sugerencia?—Le gustó muchísimo. Se puso muy feliz. Elogió mucho la selección de canciones, los arreglos y nuestra actuación en el escenario. No hizo ninguna crítica ni sugerencia. Solo tuvo palabras elogiosas. Incluso meses después, volvió a ver el espectáculo para decir cuánto le había gustado. Recordaba detalles específicos del concierto y comentaba todo lo que había disfrutado. Eso nos dejó muy felices.—¿Cuál es la etapa creativa de Caetano que más destacás o preferís? ¿Por qué?—Difícil decidir porque son muchas. Está la de los años sesenta, con las primeras canciones y el primer disco, que incluye temas hermosos como “Avarandado” y “Coração Vagabundo”. Después de los setenta, con muchas experimentaciones, pasando por el álbum Araçá Azul y discos emblemáticos como Transa, Qualquer Coisa y Jóia. Tal vez Jóia sea, para mí, el disco más importante desde el punto de vista de mis recuerdos auditivos de la infancia. Luego vino la de los años ochenta, con el acompañamiento de Banda Nova, que comenzó con el disco Velô. Son años que también recuerdo con mucho cariño. Después llegó la de los noventa y luego la del dos mil, cuando trabajamos juntos y en compañía de Banda C, que derivó en tres discos: Cê, Zii e Zie y Abraçaço. En fin, me gustan todas las etapas, incluida la actual, representada por su último disco, Meu Coco, un álbum muy hermoso, que refleja muchas de las cosas que pasan por su cabeza. Tiene arreglos maravillosos, canciones nuevas increíbles y también rescates de algunas antiguas, como “Noite de Cristal”, que incluí en el repertorio de Universo Caetano.“Una relación cercana”-¿Cómo fue desde niño la relación con tu padre? ¿Cambió con el tiempo? ¿De qué manera?—Desde pequeño tuve una relación muy buena con mi padre. Nuestra familia es muy amorosa, muy acogedora y también muy culta. Todos en la familia de mi padre tienen una alegría muy especial, y en la de mi madre, también. Es una familia maravillosa. Entonces, fue muy bueno crecer junto a mis padres desde niño. Fueron padres que me educaron sin violencia, que me enseñaron con amor y que siempre estuvieron presentes. Después, con el tiempo, la relación con mi padre fue cada vez mejor, porque empezamos a compartir la pasión por la música, el cine y la literatura. Comenzamos a conversar sobre esos temas y también a trabajar juntos. Trabajar con él fue muy bueno porque es un excelente profesional. Esas nuevas capas que se fueron sumando con el paso del tiempo fueron muy positivas y enriquecedoras para nuestra relación. Me siento muy feliz de tener el padre que tengo.—¿Cuáles son sus mayores cualidades?—Es una persona muy estudiosa. Le gusta aprender y trabajar y es muy serio en todo lo relacionado con la cultura. Se toma muy en serio los libros, los discos, las películas, las obras de teatro, las compañías de danza. Para él todas las manifestaciones culturales son muy importantes. Y trabaja con muchísimo empeño, con verdadera voluntad y dedicación, para aportar todo lo posible a la cultura mundial. Y el resultado de ese esfuerzo es realmente muy bueno.—¿Y sus defectos?—Creo que el único defecto que podría señalarle es que espera de los demás una dedicación tan grande como la que él mismo tiene, especialmente hacia la música, pero también hacia cualquier actividad. Él espera que las personas den siempre lo mejor de sí mismas. Por ejemplo, cuando yo era estudiante y me alegraba por haber sacado una nota alta en alguna materia, iba a mostrársela y le decía: “Papá, saqué un 10 en Física”. ¿Y él qué me respondía? “¿Y qué tiene de especial? Sacar un 10 es lo normal. Es lo que uno debe hacer siempre”. Esa es su forma de pensar. Y eso, a veces, puede generar cierta presión en quien no está acostumbrado. Podría considerarse un defecto esperar que los demás den siempre el máximo de sí mismos. Pero, al mismo tiempo, eso también es algo muy bueno. Él era un excelente estudiante y para él era natural obtener siempre las mejores notas. También es un profesional extraordinario, y le resulta natural esperar un compromiso total de las personas con aquello que hacen. Por eso, convivir con él puede implicar una enorme exigencia, pero también es algo muy positivo. Depende de cómo se lo mire.—¿Cuánto influyó Caetano en vos a la hora de decidir ser músico?—Nunca me obligó a estudiar música. Nunca me obligó a estudiar nada ni a ser nada. Él quería que yo hiciera aquello que realmente quisiera hacer. Siempre me apoyó para estudiar lo que me interesara y seguir el camino que eligiera. Cuando decidí tomar clases de guitarra, se puso contento. Pero no necesariamente más contento que cuando le dije que iba a estudiar Física en la universidad. Porque es un padre muy bueno, que apoya cualquier decisión que tome un hijo. Y sí, después de que me convertí en músico, se alegró de poder sentarse a mi lado para tocar, escuchar mis composiciones, poder mostrarme las suyas y compartir escenarios conmigo. Son cosas que nos hacen muy felices a ambos. En fin, no tuve una influencia directa para convertirme en músico. Pero, claro, siempre existe una influencia cuando tenés a un músico extraordinario al lado.Ser hijo de...—¿Cuán ventajoso y desventajoso resultó ser hijo de Caetano Veloso en el inicio de tu carrera?—Creo que siempre fue una ventaja. No veo ninguna desventaja. Existe una curiosidad natural y permanente por saber qué harán los hijos de una figura como él. Y esa curiosidad me ayudó y sigue ayudándome. Además del interés del público, también tuve la posibilidad de crecer muy cerca de todos los ámbitos de la producción musical. Gracias a quien es mi padre, aprendí desde temprano cómo funciona el mundo de la música, los estudios de grabación y los escenarios. Por eso, para mí siempre fue una ventaja ser hijo de mi padre, desde el comienzo. Por supuesto, muchas veces las expectativas de los demás no coinciden exactamente con lo que uno hace. La gente espera ciertas cosas de mí que quizás yo no estoy haciendo en ese momento. Pero incluso ese desencuentro entre lo que las personas esperan y lo que realmente expreso también me parece positivo. Es un aprendizaje para todos: encontrar un equilibrio entre lo que alguien quiere expresar y lo que los demás esperan escuchar. Ese equilibrio, aunque sea imperfecto, es una de las cosas más hermosas del arte y, especialmente, de la música, que es el ámbito en el que me manejo.—¿Cuál fue el mejor consejo que te brindó Caetano?—Muchos, pero recuerdo uno que cambió mi vida. Me dijo: “Si alguna vez dudás de si vale la pena invertir tiempo, dinero o energía en cultura, no tengas ninguna duda; siempre vale la pena invertir en la cultura. Si tenés dinero y querés gastarlo en un libro, estás haciendo lo correcto. Si querés dedicar una enorme cantidad de energía a producir un disco, estás haciendo lo correcto. Si querés producir una película, estás haciendo lo correcto”. Ese consejo, el de que invertir en cultura como una decisión acertada, me acompaña toda la vida y es muy importante para mí. View this post on Instagram —Hablame de tu debut artístico a los ocho años, cuando compusiste y grabaste junto a tu padre el tema “Um canto de afoxé para o bloco de ilé”. ¿Cómo se produjo el hecho?—Fue así: mi padre estaba componiendo una canción en el living de casa y la canción tenía apenas una palabra; el resto era solamente una melodía. Entonces me preguntó si yo podía escribir algo para acompañar esa melodía que estaba creando. Escribí unas palabras en un papel y, por lo que entendí, funcionaron bien con la música. Entonces me pidió que siguiera escribiendo y así terminamos esa canción. Después me invitó a cantarla con él en la grabación del disco. Y también invitó a mi profesor de música