¡Hay que ordenar el tránsito agrícola! Pero no en las rutas sino dentro de los lotes, para evitar un riesgo que crece en estos años húmedos: la compactación

“En muchas regiones, esta campaña agrícola viene dejando una escena repetida: una cosecha ‘pesada’ en términos de rinde, una logística complicada y desordenada y monotolvas cargadas al límite sobre lotes húmedos”. Así describe Aapresid el escenario con el que se encuentran cientos de productores, para después lanzar una advertencia: “El problema no es solamente entrar o no entrar. El verdadero riesgo puede quedar escondido debajo de la superficie y acompañar al productor durante varias campañas”.
La referencia obvia es al efecto que máquinas tan cargadas transitando sobre suelos húmedos pueden provocar a los suelos, provocando su compactación.
Aapresid cuenta desde hace un tiempo con una “Red Compactación Cero” y desde allí advirtieron que las condiciones actuales de alta humedad ponen al suelo en una situación crítica.


 










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“Cuando el suelo está muy húmedo pierde capacidad para soportar cargas sin deformarse”, explica el agrónomo Pablo Bessón, cofundador de la Asociación Argentina de Tránsito Controlado Agrícola (AATranCA) junto a Lisandro Repetto.
Bessón lanza un dato que habla por sí solo: “En una rotación trigo/soja-maíz, el tránsito acumulado de maquinaria puede llegar a cubrir prácticamente el 100% de la superficie en apenas dos años”. El problema no es solamente “pisar”, sino pisar en todos lados.
En un lote manejado con tránsito aleatorio, las operaciones de siembra, pulverización, fertilización y cosecha dejan una red de huellas que se superponen una y otra vez. Hay sectores que pueden recibir ocho, nueve o incluso más pasadas de maquinaria pesada. Y ahí es donde la estructura del suelo empieza a colapsar silenciosamente.
Lo más complejo es que el daño no siempre se percibe de inmediato. La compactación avanza despacio y muchas veces permanece invisible hasta que aparece una campaña seca. Entonces llegan las señales: raíces deformadas, menor exploración del perfil, cultivos que se “caen” antes frente al estrés hídrico, agua que no infiltra y charcos que no se van después de una lluvia.

“La compactación probablemente sea una de las variables más subestimadas de la agricultura moderna”, advierten los especialistas. Y el problema no se limita a una cuestión física. Cuando el suelo se compacta, la infiltración puede caer de 30 o 40 mm/hora a menos de 5 mm/hora, cuando el agua deja de entrar al perfil y empieza a perderse por escurrimiento.
A nivel de cultivo, el fenómeno se traduce en menor absorción de agua y nutrientes, y una mayor vulnerabilidad frente a períodos secos. “Hay investigaciones que muestran pérdidas de rendimiento del 10 al 30% en lotes con compactación severa”, señalan.
La escena más crítica suele darse durante la cosecha, donde la circulación de la cosechadora y monotolva puede pisar entre el 30 y el 45% del lote.
Frente a este escenario, desde la Red Compactación Cero de Aapresid insistieron en que la cosecha no debería pensarse solo como una carrera por sacar el cultivo, sino también como una oportunidad para empezar a ordenar el tránsito y cuidar la estructura del suelo a largo plazo.
La primera decisión durante la cosecha, entonces, debería ser definir cuándo entrar al lote. Esto puede evaluarse tomando un trozo de suelo de los primeros centímetros y formando con él una “cinta” o un “fideo” con la mano. “Si no se resquebraja ni se corta, el suelo todavía está demasiado húmedo y el riesgo de deformación es muy alto”.

Decidido el ingreso al lote, hay otras prácticas que pueden adoptarse fde inmediato. Por ejemplo, ordenar la dupla cosechadora-monotolva: cuando la monotolva sigue exactamente las huellas de la cosechadora utilizando una bandeja de captación, la superficie transitada puede reducirse prácticamente a la mitad.
Otras decisiones simples pero de impacto van desde transitar con el monotolva sobre las huellas de la cosechadora y sólo salir de las mismas para recibir la descarga, hasta esperar en las cabeceras para transferir el grano” agregan los especialistas.
Otra clave es la presión de los neumáticos. En muchos equipos todavía se trabaja con presiones exageradamente altas. “Hay neumáticos inflados a 45 o 60 PSI que tienen la dureza de las ruedas de un tren”, grafican los especialistas.
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El objetivo es aumentar la superficie de apoyo del neumático para repartir el peso sobre una mayor área. Ahí aparecen tecnologías como neumáticos radiales, sistemas IF/VF y cubiertas de alta flotación, especialmente importantes en equipos que no traccionan, como las monotolvas. “En el caso de las monotolvas, los rodados radiales y alta flotación pueden reducir casi a la mitad la presión respecto de los diagonales”, aseguran.
Bajar la carga del monotolva puede ser una estrategia extra en campañas húmedas: “llevarla al 70 u 80% de su capacidad puede parecer una pérdida de eficiencia logística, pero representa una enorme diferencia en la presión sobre el suelo”.

Terminada la cosecha, es recomendable monitorear señales de compactación mediante observación de raíces, mediciones con penetrómetro y de densidad aparente. El uso de cultivos de servicios, el aporte de residuos de cosecha abundantes y ricos en carbono son estrategias fundamentales en el mediano plazo.
Pero el cambio más profundo pasa por ordenar el tránsito agrícola. Los esquemas de Tránsito Controlado Agrícola permiten reducir las huellas a un 30 o 40% de la superficie del lote, dejando grandes sectores libres de pisoteo permanente. Con el tiempo, eso se traduce en más actividad biológica, mejor infiltración, mayor acumulación de agua y aumentos de rendimiento documentados cercanos al 15%.
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