De la Puna a la Patagonia: 10 pueblos que fascinan a los extranjeros y los argentinos ignoran

En tiempo de redes sociales e internet, hace rato que los paisajes se comparten, generan “likes” y comentarios. Conocer un destino consagrado –como puede ser El Chaltén, Iguazú o Purmamarca− es solo el primer paso de una escala que los amantes de los viajes suelen recorrer paso a paso. De más conocido a menos, en busca de un sitio secreto. No es un programa de millaje, sino una tácita lista de “figuritas” que hay que tildar como vistas. La foto es el trofeo de una aventura que se complejiza a medida que se avanza: de una autopista, a una ruta nacional, una provincial hasta un olvidado camino vecinal de ripio. En este sentido, la Argentina tiene varios pueblos pequeños y poco accesibles, que ocultan escenarios únicos y muy poco visitados. Los extranjeros −que llegan con disponibilidad de tiempo y holgado presupuestos− son candidatos ideales para lanzarse a la empresa de recorrer durante semanas o meses recónditos parajes. Muchas veces se animan a llegar donde buena cantidad de argentinos no transitan: los asustan menos la falta de servicios, pueden afrontar el costo de un guía y ven con otros ojos lo que uno no ve, por aquello de que nadie es profeta en su tierra. La siguiente es una selección de pueblos no evidentes que merecen un desvío, mucho más allá de Instagram y Tik Tok.SusquesJUJUYConocido como el Pórtico de los Andes, perteneció a Bolivia, luego a Chile y recién a partir de 1899 a Argentina. Su iglesia Nuestra Señora de Belén es una de las más antiguas de la región. Data de 1598 y sus campanas fueron traídas de Chuquisaca. Fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1943 para proteger, entre otras cosas, sus valiosas pinturas interiores en las que se ha empleado un excelente mordiente hecho con el largo cocimiento de cueros de llama: debido a eso, las decoraciones de flores y pájaros –que se estiman realizadas en el siglo XIX– han resistido muy bien el paso del tiempo. Otra característica es que la torre está adosada al edificio del templo y el conjunto está rodeado por un cerco perimetral con capillas-posas en las esquinas, en donde las imágenes se “posan” durante las peregrinaciones, en especial durante las fiestas patronales realizadas cada 23 de enero.Con el trazado de la RN 52 (por el paso de Jama) y el establecimiento de un eje este-oeste que pasa por el pueblo, Susques se ha poblado de camiones que se detienen en su aduana y utilizan los servicios del pueblo. Han surgido hospedajes, comedores y despensas que buscan captar al público de paso.La CarolinaSAN LUISUbicado a 81 kilómetros de San Luis capital y a 1.600 metros de altura sobre el nivel del mar, La Carolina fue fundado en 1792 por el virrey Sobremonte al pie del cerro Tomolasta. La leyenda dice que el virrey firmó el acta de fundación después de mandar a un minero a chequear la calidad del oro que resultó tener “entre 17 y 20 quilates”. El pueblo originalmente se llamaba San Antonio de las Invernadas, pero fue rebautizado en honor a Carlos III, que por entonces era rey de España. Constituido por apenas un par de calles de piedra entreveradas y junto al río Amarillo, tiene miradores y puentes muy bonitos, que le sirvieron para ser seleccionado como uno de los Best Tourism Villages en 2023. Cuenta con 300 habitantes permanentes, pero llegó a albergar 3.000 mineros en el siglo XIX. Alrededor de la extracción del oro gira el principal atractivo del lugar: ingresar a los túneles abandonados que montaron los ingleses en 1850. Calados en la roca volcánica, tenían vetas de oro de hasta 200 metros y estuvieron en auge hasta principios del siglo pasado, cuando un sector se desplomó. En La Carolina, otra de las propuestas turísticas vinculadas al oro es salir a buscar pepitas en la parte baja del río. Esta actividad se practica hace 240 años. Abuelos mineros compartieron la tradición con las generaciones venideras.Además, en el pueblo se encuentra el Museo de la Poesía que funciona en lo que era la casa del escritor puntano Juan Crisóstomo Lafinur, tío bisabuelo de Jorge Luis Borges. Inaugurado en agosto de 2007, homenajea a este filósofo, poeta y educador ligado a las leyes que nació en el paraje en 1797. Expone libros, poemas y manuscritos del maestro. También hay cuadros de Carlos Alonso y Guillermo Roux que están inspirados en sus poemas. Concepción del Yaguareté CoráCORRIENTESPor su trazado y arquitectura, fue declarado Pueblo Histórico Nacional en 2019. Queda en el norte de la provincia de Corrientes y es una de las localidades que da acceso a los Esteros del Iberá a través del portal Carambola, que está a 27 kilómetros. Zona habitada por guaraníes, entre los siglos XVII y XVIII agrupó estancias ganaderas de la Compañía de Jesús que solían tener lindísimas capillas domésticas que aún perduran. Tras la expulsión de los jesuitas (1767), el 21 de septiembre de 1796 el Gobernador Gral. Miguel Jerónimo Gramajo lo fundó como pueblo. Y luego, en 1838, tras la creación de la jurisdicción eclesiástica de la Purísima Concepción de Yaguareté Corá, se le sumó el “concepción” al nombre guaraní que significaba “corral del tigre”, porque el gran felino americano se escondía entre la vegetación. En la actualidad, el pueblo conserva las calles de arena, los jardines de naturaleza exuberante y las casonas del siglo XIX de arquitectura italianizante.La PomaSALTANo son muchos los viajeros que la incluyen en su recorrido por los Valles Calchaquíes. Para hacerlo, quienes vienen desde Salta por la Cuesta del Obispo deben doblar al norte en Payogasta, en lugar de seguir hacia el sur. En verano, cuando los ríos crecen, el pueblo puede quedar temporariamente aislado. Sin embargo, es muy recomendable lanzarse a explorar ese tramo de la RN 40, pasar por el Abra del Acay y llegar a San Antonio de los Cobres. Es una ruta escénica de soberbios paisajes. El alto obligado en La Poma –donde hay modestos hospedajes– incluye un merodeo por La Poma Vieja, los restos del pueblo de adobe que sufrió un terremoto de 6 grados de la escala Richter el 24 de diciembre de 1930. El temblor dejó 36 víctimas fatales y unos 120 heridos. Además, los daños a la estructura de las construcciones fueron tantos que los habitantes prefirieron construir un nuevo pueblo, el actual, un kilómetro al sur. Casi 100 años después, aquellas calles funcionan como un museo a cielo abierto, un muestrario de arquitectura antigua en adobe. Están las viejas campanas de la iglesia, también dañadas, y se conservan algunas de las puertas talladas, o de tablas de madera de cardón.La Poma fue cuna de Eulogia Tapia, protagonista de la célebre zamba La Pomeña, compuesta por Gustavo Leguizamón y Manuel J. Castilla en 1969. No son pocos los que pasan por el pueblo y manifiestan intención de conocerla y que ella les cuente de primera mano cómo fue el encuentro con los cantautores con los que se dio un contrapunteo espontáneo, del que ella salió airosa. Sin embargo, a su timidez natural se suma que ya tiene 80 años, por lo que son casi nulas sus apariciones en público. Su rancho, sin embargo, aparece marcado en el mapa de la oficina de turismo. Es que algunos creen que ella es una leyenda. “Se sorprenden cuando se enteran que realmente existe”, dice su hija Elba Choque, que vive en un chalet del pueblo nuevo, y también lidia con los que llegan pensando que encontrarán a una “celebrity” y se topan con una anciana pastora.FiambaláCATAMARCAEs la última localidad catamarqueña que aparece sobre la RN 60 antes de llegar al límite con Chile. Son solo 200 kilómetros que la separan del Paso San Francisco, una suerte de abra a más de 4.700 m de altura que comunica con el vecino país. Fiambalá es un pueblo tranquilo que se diseñó alrededor de una plaza principal. En los alrededores se pueden encontrar viejas casonas, algunas recuperadas como hosterías, donde resulta atractivo alojarse para disfrutar el antiguo encanto de la construcción en adobe.Fundada oficialmente en 1701, conserva en su nombre la estirpe del cacán, un lenguaje extinto que se hablaba aquí antes de la llegada de los españoles. Fiambalá alude a “casa o lugar del viento”, nada más adecuado para definir a este pueblo donde Eolo es el gran señor. Todas las tardes sopla con pasmosa puntualidad. A esa hora, se divisan a lo lejos los primeros remolinos de arena del Zonda que nacen en las dunas de los alrededores. La visita a esos médanos de las proximidades –fueron parte del Rally Dakar en varias ediciones– se planea bien temprano, justamente para evitar el viento y eludir las horas de mayor temperatura.A 10 km de Fiambalá y por ruta asfaltada están las termas. Son 14 piletones con temperaturas varían entre 45 y 32 grados. Fueron diseñados entre la montaña y recogen el agua de vertiente con propiedades varias que prometen un baño muy relajante con una vista soñada.Fiambalá es el principio o el fin de la Ruta del Adobe, un circuito de 50 km que se extiende entre esta ciudad y Tinogasta. El recorrido se puede hacer en una jornada en vehículo y permite ver varias construcciones de adobe del periodo colonial y también algunos restos prehispánicos. Casagrande, El oratorio de los Orquera, la iglesia de Andacollo, el mayorazgo y la capilla de Anillaco, las ruinas de Watungasta, son algunos de los sitios que hilvanan el recorrido a la vera de la RN 60. Algunos están puestos en valor y otros no.La ruta histórica concluye en la iglesia de San Pedro en Fiambalá, que data de 1770. Fue levantada por Domingo Carrizo tal como consta en el dintel de la puerta principal. Está construida en adobe blanqueado a la cal.A un lado está la Comandancia de Armas, un edificio de funciones militares que cuenta con un anexo donde se hospedaban los devotos del santo que llegaban hasta allí en peregrinación.La iglesia tiene dos pinturas cuzqueñas originales, antiquísimas. Una vez dentro se puede conocer la increíble colección de zapatos de San Pedro que hoy suman más de 500. Todos del talle 22 que es el tamaño del pie de la imagen del santo caminador que, según la creencia, sale por las noches a ayudar
Leer nota completa en La Nación →