Chunchuna Villafañe: de la fundación de Asociación Modelos Argentina a su carrera “sin besos en la boca ni contacto físico”

Una cara angulosa que denota una fuerte personalidad; la melena rubia hacia un costado; ojos claros, delineados en negro; la voz ronca, y un andar felino, elegante, son tan solo algunas de la características que elevaron a Chunchuna Villafañe a ícono de belleza nacional en los 60 y parte de los 70. Protagonizó más de 300 avisos publicitarios donde vendió desde televisores, hasta perfumes, autos de lujo, marcadores o relojes. Era “una bomba sexy que factura millones”, según titulaban las revistas del momento. Pero sus intereses iban mucho más lejos: Chunchuna fue una de las fundadoras de la Asociación Modelos Argentinos, entidad que fue inmortalizada en la popular canción de Pedro y Pablo.Para conmemorar la fundación de AMA, cada 30 de agosto, desde 1967, se celebra el Día del Modelo en la Argentina.“Lo hice por plata, pero de golpe me vi envuelta en una vorágine...”La entrevista, quizá la última de su vida, se publicó en LA NACION en noviembre de 2023. Transcurrió en su amplia y luminosa casa de Florida. En la planta alta, donde tenía su estudio, con vista a un gran jardín inglés. Su escritorio estaba rodeado con imágenes de avisos que la tuvieron como protagonista, junto a decenas de álbumes de fotos y de recortes de diarios y revistas que dan cuenta de una exitosa carrera y de su intensa vida. Chunchuna se presentó con el look que la caracterizó siempre: jeans Levi’s 501, sandalias Birgenstock y camisa blanca. El peinado seguía siendo el mismo, y la cara, que jamás pasó por el quirófano, no tenía una gota de maquillaje.Ese encuentro, el último de muchos, terminó de dar forma a Chunchuna, vida, mito e historia, libro de la periodista Virginia Mejía, autora de este reportaje, y que presenta a continuación un capítulo que se llama “Fammi guau”FAMMI GUAU-De joven usted trabajó y estudió arquitectura al mismo tiempo. ¿Cómo surgió la idea de ser modelo?-Yo trabajaba en el Correo Central, dibujaba los edificios de correos de las provincias (heredó la pasión por el dibujo y el arte de su tía, la reconocida pintora, Elba Villafañe). Por ese entonces estaba casada (su primer y único marido fue Horacio Molina, cantante ,con quien tuvo dos hijas, Juana, música, e Inés, actriz ). El hermano de Horacio, Carlos Molina, era publicista. Buscaba una mujer joven y rubia, y me ofreció posar para un aviso. Cuando me di cuenta de que con sólo un día de fotos ganaba lo mismo que trabajando un mes dentro del Correo, dije que sí. Lo hice por la plata, pero enseguida me vi envuelta en una vorágine donde me llamaban de todos lados.Testigo de esa gráfica es una lámina que cuelga en la pared de la escalera. Predomina el tono amarillo, del verano. Pertenece a la crema bronceadora Charmís. La muestra sentada, en bikini, abrazando sus piernas, largas, perfectas. Apenas apareció ese aviso, las empresas supieron que, con ese rostro y ese cuerpo que se movía con plasticidad gracias a que bailaba y era deportista, explotarían sus ventas. Después de Charmís la contrataron para los de la gaseosa Gini y Rhondine textil, en 1965. Al año siguiente se la vio en la gráfica de bombones Noel con un primer plano de su boca entre abierta: “qué boca…ditos, los bombones super finos Noel”, decía ella en la foto blanco y negro. Más tarde vino la de telas Amoril y así de seguido, con infinidad de producciones hasta marcharse al exilio en París principios de los 70 con su pareja de ese entonces, el cineasta Pino Solanas.Loción Valet, de Gillette, en 1966, campaña gráfica y de televisión, la elevó a la categoría de estrella. Es uno los avisos emblemáticos de la publicidad nacional. Se la puede ver en un primer plano mordiendo una mano masculina, diciendo “Grrrr”. Sus labios también se habían convertido en una mina de oro. “Si no se la regala usted, se la regalo yo, personalmente”, dice acostada, con el producto entre sus manos, un gorro de Papa Noel, abrazando la cabeza de un tigre disecado que oficiaba de alfombra. Una imagen que hoy sería impensable para una Chunchuna acérrima defensora de los animales y de la ecología.También ese año fue convocada para Colchones Suavegom. Estaba tirada sobre la cama junto a un hombre, escuchándolo a él a través de una almohada interpuesta entre ambos. Pero tampoco se negaría a ser la figura de la propaganda del tradicional banco argentino, el de la familia Shaw. Luego hizo la de revestimientos Corlok; la de los primeros televisores de industria nacional, los Ranser (1966); Cerveza Pilsen (1969); y varios etcéteras...-Su tono era considerado atractivo. ¿Fue impostado o era realmente ronca?-Desde chica tuve problemas en la voz. Apenas nací me quedé muda, fui afónica y me quedó una voz algo rara que me servía para las propagandas.-¿En qué o en quién pensaba cuando seducía frente a cámara?-Los fotógrafos no tenían sexo para mí. Yo miraba a la lente y veía al hombre de mi vida, a Horacio. Nunca le di un beso en la boca a nadie en el set.-¿Le pagaban bien por las publicidades?-Ganaba muy bien, aunque siempre fui selectiva con lo que hacía. Me tomaba un tiempo entre uno y otro aviso para elegir. Rechacé muchos, especialmente los que exigían un contacto físico cercano. Por ejemplo, yo no dejaba que me alzaran en brazos, no me gustaba.-¿Por la calle la reconocían?-Si, los autos frenaban al lado y me gritaban cosas. Yo era muy conocida.-¿Qué le decían?-“Fammi guau”, por el spot de Sylvapen.-¿Le molestaba?-Me molestaba, pero me gustaba.Este piropo cuya traducción sería algo así como “hacéme guauu”, o “decíme, guauu”, es una frase relacionada a su campaña anterior, con los sonidos del tigre de Valet. En el aviso de los marcadores Sylvapen, “Fammi guau” le pedía el célebre actor Ugo Tognazzi a una seductora Chunchuna que, negándose a los deseos del italiano, le respondía: “No. Te hago click”. Por entonces, la birome sin capuchón automática era toda una novedad y nadie mejor para representar a la mujer moderna que ella. Después de filmar el spot en los estudios italianos de Dino de Laurentis de Roma, el actor invitó al equipo argentino a cenar en su villa de las afueras de la ciudad. Les preparó una gran cena con una mesa colmada de exquisitos manjares. Quedó totalmente embelesado al bailar tango junto a la modelo argentina, relataron al llegar a Buenos Aires quienes la acompañaron.-¿Cuál fue su campaña favorita?-La que hice para una marca de indumentaria donde me disfrazo de Anne Bonny, la célebre pirata irlandesa que operaba en el Caribe.-Una mujer brava. Igual que usted...-Sí (se ríe)-¿Sigue cobrando los derechos de esas publicidades?-No cobro un peso.Chunchuna jamás dejó de trabajar. Cuando terminó su fama como modelo y actriz (con un rol destacado en el film La historia oficial), se dedicó a actuar en teatro, a reformar casas y a diseñar jardines privados y de hoteles boutique. Esa es su gran pasión hoy. Quienes la contratan valoran su estilo definido, alejado de la moda, un “estilo Chunchuna”. Su última pareja fue el marchand Antonio “Chango” Lavarello. Desde ese entonces lleva una vida tranquila, austera, casi ascética, diferente a la que la tuvo cuando se paseaba por el mundo siendo una reconocida mannequin.Los uruguayos no fueron ajenos al furor por Chunchuna que se vivía en Buenos Aires. La mannequin y su familia fueron tapa de cientos de revistas donde se revelaban detalles de su vida personal, incluido el divorcio con Molina, que ella en un principio no dudaba en desmentir. Era acosada por la prensa, su figura tenía un halo de misterio. Sin dudas, era una mujer enigmática y poco convencional.Para la campaña de la uruguaya Pilsen fue elegida entre varias mannequins, las mejores del Río de la Plata. “El champagne de las cervezas” fue el genial slogan de los hermanos publicistas Páez Vilaró que aún recuerdan con nostalgia los uruguayos de mayor edad. Fueron avisos vanguardistas. En el por lo general mundo machista de las propagandas de cerveza, que una mujer fuera protagonista y que con poca ropa caminara a la orilla del mar en Punta del Este; cabalgara en un bosque y bailara mirando a cámara vestida con una túnica verde, para terminar por tomarse lo que los uruguayos llaman un “chupito”, era rupturista. También de avanzada fue el spot junto a Ladislao Biro, el inventor de la birome, donde se la veía diferente, el pelo corto, el gesto serio. Perteneció también a la serie de fibras de la campaña Sylvapen.A su vez, “el primer reloj del mundo pensado para mujer”, decía el slogan de Citizen donde Chunchuna y sus colegas top del momento daban una imagen alejada de la del ama de casa tradicional. “Jamás hubiera vendido cacerolas”, asegura. Pero también los publicistas supieron ver en ella ese plus, su distinción; provenía de una tradicional familia del norte del país. Con todos estos elementos el perfil de la modelo se iba definiendo y afianzando.No todo era glamour y buena vida en el mundo de la publicidad. Hubo una campaña dónde no lo pasó para nada bien. “Estaba vestida con un vestido de fiesta con las piernas dentro del lago Nahuel Huapi en pleno invierno. Me pedían que me mostrase divina, pero me costaba, estaba helada. Tenía los dedos de la manos tan congelados y duros que el director, Julio García del Río, me los juntaba para que no se entumecieran”, recuerda. La gota que rebalsó el vaso fue cuando observó a uno de sus compañeros, un modelo publicitario, enfurecido ante la falta de pago por parte de la agencia. Cansado de reclamar lo que le correspondía, el hombre de pronto tomó una máquina de escribir de la oficina y la estrelló contra el piso.“Nosotros ni teníamos contratos, no sabíamos cuándo íbamos a cobrar, ni cuánto ganaríamos. Entonces yo dije a él ese día, juntémosnos. !Hagamos ya un gremio que nos proteja !”, cuenta Chunchuna.-¿Quiénes crearon A.M.A?-María Marta Lagarrigue, Karin Pistarini, Mirta Miller, Ante Garmaz, Hugo Puiggrós, Jorge Lezama, Claudia Sánchez, Mauricio de Ferrari, Aníbal Serrano, Viviana Dellavedova y yo . Al principio llegamos a juntar unos 300 miembros. Fue gracias a que un 30 de agosto de 1967, pa
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