Fernando Pitossi, científico especialista en Parkinson: “Buscamos cómo hacer para regenerar la función que perdieron las neuronas”

El número de personas diagnosticadas con enfermedad de Parkinson aumenta a un ritmo sin precedentes y los especialistas advierten que la cifra de afectados podría crecer hasta convertirse en una de las principales preocupaciones de salud pública a nivel mundial. Se trata de una enfermedad neurodegenerativa en la que el principal riesgo de incidencia es la edad, que además se dispara en el rango de más de 65 años, por lo que el aumento progresivo de la expectativa de vida pone a esta patología en el centro de la escena.“Las terapias que hoy existen son efectivas para aliviar los síntomas, pero no logran regenerar las neuronas muertas, no detienen la progresión de la enfermedad y pueden causar efectos secundarios a largo plazo”, le dice a LA NACION Fernando Pitossi, bioquímico egresado de la Universidad de Buenos Aires, doctor en Ciencias Biológicas, jefe del laboratorio de terapias regenerativas y protectoras del sistema nervioso central en la Fundación Instituto Leloir-IIBBA (Conicet), que lleva más de 30 años investigando en búsqueda de “soluciones que mejoren la calidad de vida de los pacientes”.La enfermedad de Parkinson se caracteriza por la pérdida o degeneración de neuronas en la sustancia negra, que forma parte de los ganglios basales, lo que provoca una falta de dopamina en el organismo. La escasez de este neurotransmisor hace que el control del movimiento se vea alterado, dando lugar a los síntomas motores típicos, como el temblor en reposo o la rigidez.“Mi tarea es entender por qué se mueren las neuronas para tratar de proteger las que quedan y, por otro lado, cómo hacer para regenerar la función que perdieron”, afirma Pitossi.Seis señales de alerta para tener en cuenta y la fórmula para retomar el controlEl científico y el equipo de investigadores que coordina estudian para intentar lograr una terapia regenerativa a partir de la implantación de neuronas obtenidas de células madre in vitro a partir de la piel o de la sangre, a las que se las “convence” para convertirse en neuronas dopaminérgicas.Fernando Pitossi regresó a la Argentina en 1997, luego de diez años de formarse como investigador en Suiza y Alemania. Para tomar la decisión, después de rumiar mucho la idea de volver, volcó a una extensa planilla los pros y contras para decidir la elección final sobre una evidencia concreta, pero encontró la señal que buscaba de otra manera: “En una reunión social me acerqué a un nene chiquito para saludarlo con un beso y cuando me agacho, siento su mano extendida en mi panza para saludarme de esa manera y pensé: no quiero esto para mi hija. En los procesos de investigación muchas veces ocurre lo mismo. Soy científico y, naturalmente, muy lógico, pero también creo que es importante dejarse sorprender”, afirma el investigador.–¿En qué consisten las líneas de investigación en las que están avanzando?–En primer lugar, existe una línea de trabajo que podemos llamar de “terapia regenerativa”, que consiste en la implantación de neuronas derivadas de células pluripotentes inducidas (iPS). Juan Cruz Casabona es quien lidera la generación de iPS a partir de sangre o piel en el laboratorio. A estas iPS se las “adiestra” para que se transformen en neuronas dopaminérgicas para luego trasplantarlas para reemplazar a las que la enfermedad de Parkinson destruyó. Si bien esto ya muestra efectos favorables, tanto en modelos animales como en ensayos clínicos en el exterior, la supervivencia de las células trasplantadas es baja y además variable (entre el 0,5 y el 10%).El trasplante de células está avanzado en otros países y desarrollándose en ensayos clínicos en pacientes en fase 3 en Estados Unidos, y con aprobación condicional (experimental y de pago) en Japón. No existen ensayos de este tipo en Latinoamérica.–¿Ustedes lograron algún avance respecto de este obstáculo?–Nuestra hipótesis es que al implantar estas neuronas se produce una inflamación que libera una sustancia llamada TNF (la sigla de tumor necrosis factor). Una solución para el problema de la baja supervivencia celular postrasplante podría ser inhibir el sistema del TNF en forma específica para evitar la muerte neuronal. Una segunda línea de investigación consiste en identificar mecanismos de neuroprotección de las neuronas que siguen vivas en los pacientes a partir de la modulación del sistema inmune y la regulación del metabolismo del calcio intracelular a través de la molécula PMCA1. Esta protección es sobre las neuronas remanentes en el cerebro del paciente y es una estrategia diferente al trasplante.
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