Experiencias inmersivas: tensión, espejismos y un retrato imposible en un recorrido gratuito

“Este es un proceso en tiempo real: lo que está pasando acá no es una película. Es una búsqueda hecha por la inteligencia artificial”, dice Gabriel Valansi, parado en el centro de la sala oscura. A su alrededor, un flujo de pequeños puntos de luz circula sin parar. Es el registro del vano intento de retratar un píxel, la unidad mínima de información visual que se mueve en esa pantalla envolvente. ¿De qué está hecho el arte? Historias de cristos en ambulancia, cantos reveladores y pigmentos que hablan bajo el microscopio“El píxel no tiene materia. No tiene cuerpo, no tiene masa, no tiene sombra, no refleja la luz. Y, por ende, no se puede fotografiar”, explica este artista en Fundación Andreani, donde rinde homenaje a la fotografía en el bicentenario de su nacimiento. Lo hace con la instalación audiovisual e inmersiva Unpunkt, título que en alemán significa “no punto”, y que aborda el arco evolutivo “que va desde la génesis de la imagen analógica hasta el abismo virtual que propone la búsqueda de la unidad digital”. Incluye además retratos de un grano de plata, componente esencial del soporte fotográfico, realizados con un microscopio electrónico de la UBA. View this post on Instagram A la manera del Aleph concebido por Borges, la pequeña esfera tornasolada que contiene todo el universo, un holograma gira sobre sí mismo para evocar este pequeño y poderoso elemento. “La fotografía llegó hasta donde pudo, y nos legó doscientos años de representación del mundo. Hoy, la imagen perfecta de una mesa no necesita la mesa”, agrega Valansi, interesado en indagar “qué pasa con la información cuando deja de pertenecer al rango de la materia”. Así como este experto en jugar con los límites de la fotografía apela a la tecnología para desafiar nuestra percepción, Ernesto Ballesteros crea un Espejismo inspirado en la botella de Klein. En esa superficie continua que carece de interior y exterior se basó este artista para construir un a suerte de laberinto con pasillos alfombrados que no conducen a ningún lado, y ventanas con dibujos que representan estructuras intrincadas del cuerpo humano.“Vivimos en un mundo en el cual hay hasta once dimensiones, pero todas las que no percibimos están plegadas sobre sí mismas en una dimensión muy pequeña. Eso convierte a nuestro punto de vista del mundo, a nuestro mundo, una situación que tiene que ver con la escala”, observa Ballesteros, que logró convertir un concepto matemático en un recorrido que sorprende a públicos de todas las edades. “Cuando hay pocos elementos, uno se encuentra consigo mismo, puede estar más consciente de su cuerpo –agrega-. Por eso pareció interesante enfrentarme a esa especie de aridez y hacer este objeto analógico y simple con alfombra de color rojo, que tiene las ondas más suaves”. View this post on Instagram Hay suavidad también en Tensión, otra ambientación realizada por el colectivo T.T.T.T (Trabajadoras de Tejido, Técnica y Trampa) con las icónicas máquinas de tejer Knittax, fabricadas en la Argentina. Hay algo de Ernesto Neto y de las telas creadas por Tomás Saraceno y las arañas en esas estructuras de hilo de marroquinería que cuelgan del techo, con contrapesos de porotos de soja que se asemejan a “presas de una trampa”. “No nos importa tanto lo que queda sino el modo de hacer, el modo de estar siempre en proceso trabajando –dice una de las cuatro integrantes del grupo sobre esta pieza en constante mutación-. Pudimos conseguir cuatro máquinas que se hacían en los años 60, 70 y 80 en Villa Martelli, y que usaban las amas de casa para tejer suéters. Hubo mucha salida laboral de las mujeres en ese momento, a partir de esta mecánica tan sutil y práctica”.
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