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La experiencia extrema que crece en la Patagonia: volar en parapente frente a la cordillera nevada
En la ciudad cordillerana de Esquel, Chubut, los vuelos en parapente y speedflying ganan cada vez más adeptos y ofrecen una manera excelente de descubrir el sur de Argentina desde el aire
ESQUEL.— Desde arriba, esta ciudad parece otra. La laguna La Zeta se transforma en un espejo azul rodeado de bosque andino, la laguna Willmanco aparece entre montañas y hacia el oeste la cordillera nevada domina completamente el horizonte. Más lejos, hacia el este, la estepa patagónica comienza a extenderse en tonos ocres y amarillos que cambian según la luz del día.“Geográficamente, cada lugar en el que volás acá es diferente”, dice a LA NACION Nicolás Eyo, uno de los instructores de parapente y speedflying de Esquel e integrante de la Asociación de Vuelo Libre de Esquel. “Estamos justo en el límite entre la cordillera y la estepa. Mirás hacia el oeste y tenés toda la cordillera; hacia el este aparece el paisaje estepario. Eso, desde el aire, está buenísimo”.Desde hace algunos años, el vuelo libre comenzó a crecer como una de las actividades turísticas más particulares de la ciudad cordillerana. La experiencia combina trekking, montaña y vuelo sobre algunos de los paisajes más impactantes de la Patagonia.Los despegues suelen realizarse desde el Cerro 21 y otros filos cercanos a Esquel. Desde allí se observan el valle, las lagunas y gran parte de la cordillera.“Desde el Cerro 21 podés ver la Laguna Willmanco, el pueblo, la Laguna La Zeta, el cordón de la Torta y toda la cordillera de fondo”, cuenta Eyo y agrega: “Es un paisaje enorme”.El parapente tiene algo hipnótico. No hay motores ni cabinas. Solo el viento, una vela y el silencio del aire.“Volar es único. No hay ningún deporte que se compare”, dice Eyo. “El vuelo es el vuelo. El momento en que despegás los pies del suelo y empezás a volar es increíble”.La experiencia más buscada por los turistas son los vuelos biplaza, donde el pasajero vuela acompañado por instructores habilitados por la Federación Argentina de Vuelo Libre y con certificaciones internacionales APPI.Actualmente, la escuela y asociación de vuelo libre de Esquel trabaja con cuatro instructores. Además de Nicolás Eyo, forman parte Mauro Dante Vásquez, Juan Vargas y Laureano Pinto, quienes realizan vuelos de bautismo y formación de nuevos pilotos en la región cordillerana.Antes de despegar, los pilotos realizan una charla técnica para explicar cómo será el procedimiento y transmitir tranquilidad.“Antes del despegue hacemos toda una explicación”, cuenta Eyo. “Le mostramos a la gente el equipo, cómo van a ir colgados, cómo funcionan los mosquetones y qué tienen que hacer. Les explicamos cómo correr y después cómo sentarse una vez que estamos en el aire”.La preparación es importante porque el momento del despegue suele generar nervios en quienes vuelan por primera vez.“La idea es que la persona llegue tranquila y confiada. Cuando entendés cómo funciona todo, disfrutás mucho más”.Los vuelos se coordinan según las condiciones de viento y clima patagónico. En verano predominan las térmicas que permiten vuelos más largos y panorámicos; en invierno, en cambio, la experiencia cambia completamente.Experiencia de vuelo en Esquel, entre montañas, lagunas y bosque andinoTrekking y vuelo sobre nieve en ChubutDurante el invierno, la nieve transforma las montañas y también modifica la manera de acceder a los puntos de despegue.“En invierno sí o sí necesitás un estado físico intermedio o bueno porque hay que subir caminando”, explica Eyo. “No podés subir desde la base porque no hay térmicas ni ascendencias en el aire”.Las caminatas pueden durar entre 40 y 90 minutos dependiendo del lugar elegido para despegar. El esfuerzo, asegura, vale la pena.“Volar con nieve es fantástico”, resume.Desde varios de los filos utilizados para el despegue se observa el centro de esquí La Hoya cubierto completamente de nieve.“La mayor parte del invierno, desde donde volamos, se puede ver todo La Hoya. Se ve la base, los medios de elevación y toda la montaña enfrente”, cuenta.En algunos días despejados, la sensación es de inmensidad absoluta. Debajo aparecen bosques blancos, lagunas parcialmente congeladas y el valle de Esquel rodeado de montañas.“Ahí arriba entendés realmente dónde estás parado. La Patagonia desde el aire tiene otra dimensión”.La Asociación de Vuelo Libre de Esquel funciona desde 2008 y actualmente reúne a cerca de 30 pilotos locales. En los últimos años la actividad comenzó a expandirse tanto entre turistas como entre personas locales interesadas en aprender la disciplina.La versión más extremaAdemás del parapente tradicional, también creció el speedflying, una modalidad más extrema que combina vuelo y descenso de montaña utilizando velas más pequeñas y rápidas.En redes sociales, los videos de vuelos sobre la cordillera, la nieve y los bosques patagónicos comenzaron a viralizarse y ayudaron a posicionar a Esquel dentro del circuito argentino de vuelo libre.“Cada vez más gente viene buscando esta experiencia”, dice Nicolás. “Muchos llegan pensando que va a ser algo extremo y después descubren que también tiene mucho de contemplación y silencio”.Los vuelos suelen realizarse en distintos sectores de la montaña según la dirección e intensidad del viento. Algunas jornadas permiten vuelos suaves y panorámicos; otras, experiencias más dinámicas para quienes buscan adrenalina.En Esquel, además, el vuelo libre aparece cada vez más como complemento de otras actividades turísticas. Muchos visitantes combinan parapente con esquí, trekking, pesca o recorridos por el Parque Nacional Los Alerces.“Es una muy buena alternativa para los días en que la gente no quiere esquiar o quiere vivir algo distinto”, explica.Actualmente, los vuelos biplaza en Esquel tienen valores que parten desde los $120.000 y varían según el tipo de experiencia y el desnivel elegido. También existen opciones de vuelos premium y experiencias especiales en montaña.En días despejados, las velas de colores aparecen suspendidas sobre el valle durante gran parte de la tarde. Desde abajo parecen pequeñas manchas flotando entre montañas y bosque andino. “Cuando estás arriba no pensás en nada más”, remarca Eyo. “Solo en volar”.