“Me banca y me alienta”. Yazmín Jaureguy, la mujer del “Colo” Barco, habla sobre su historia de amor con el mediocampista

Detrás del atrevimiento y la personalidad avasallante que Valentín “Colo” Barco (21) muestra en la cancha, está Yazmín Jaureguy (28), la mujer que, desde hace tres años, es la responsable de su búnker emocional. Además de esos ojazos y de esa sonrisa irresistible, Yaz –como todos la llaman– tiene una voz suave y los pies sobre la tierra. Hija de Ángel –un peluquero fanático de Boca Juniors– y de Natalia –una empleada estatal, quien se inspiró en la princesa de Aladdín, la película de Disney, para elegir el nombre de su hija–, Yaz creció en Castelar, al oeste de Buenos Aires, donde empezó a soñar un futuro vinculado a la moda y a la publicidad. En 2003, su vida cambió a la velocidad de un contraataque: pasó de proyectar una carrera de Diseño de Indumentaria a volverse experta en jugadas de fútbol y especialista en mudanzas de un país a otro. ¡HOLA! Argentina conversó con la influencer y modelo de la agencia Multitalent horas después de que el DT Lionel Scaloni confirmara al jugador nacido en la localidad de 25 de Mayo en la selección argentina.–¿Cómo empezó la relación con Valentín?–Cuando menos lo buscaba. Fue en una reunión a la que me invitó una amiga. Yo venía de una relación que no había funcionado y estaba enfocada en estudiar y trabajar. Conocerlo fue un impacto: mientras sus amigos estaban atentos y arreglados, él ni me habló y andaba en jogging, medias y ojotas. Cuando terminé el secundario, mi sueño era ser diseñadora y dedicarme a la alta costura: había empezado a estudiar Diseño de Modas en Nueva York, una carrera que quedó trunca por la pandemia. Entonces, cuando lo vi a él en esa reunión, pensé: “Este pibe, ¿qué onda con ese look?”. Me pareció un caradura, se notaba que tenía mucha personalidad.–Si no te habló ni te miró, ¿cómo siguió la historia?–Me escribió por Instagram. “¿Quééé? ¿El Colo Barco?”, dijo papá cuando le conté que me estaba invitando a salir. En mi familia, todos son muy fanáticos de Boca y sabían que él era la gran promesa del club. Pero de ahí a que yo saliera con un futbolista era diferente: hoy lo aman, pero, al principio, se oponían. Y yo, por mi parte, sentía que, si la cosa avanzaba, me sentiría incómoda en su mundo porque soy muy de barrio. Pero acepté la cita y descubrí que es superatento y romántico. Y que, detrás de su seriedad, había timidez y valores increíbles. Desde ese día de 2023, no nos separamos más.–En 2024, cuando él firmó con el Brighton de Inglaterra, te fuiste con él.–Sí, todo fue muy rápido. Al principio, me dediqué ciento por ciento a él y lo ayudé a armar la estructura con la que se maneja hoy: nutricionista, fisioterapeuta, abogado y profesor de inglés. Y, en este último tiempo, un psicólogo: en general, los jugadores de fútbol se muestran fuertes ante las cámaras y ante los hinchas, pero detrás de ese jugador hay una persona. En ese primer momento, me dediqué por completo a él.–¿Te costó adaptarte?–Al principio, decorar la casa te entretiene, pero después la soledad puede ser dura, más allá del clima o del país en el que estés. En el mundo del fútbol, el lugar de las mujeres es muchas veces solitario, a pesar de los viajes o los lujos que se ven desde afuera.–¿Había allá otras mujeres de jugadores?–No siempre tenés la suerte de construir lazos reales. A operarme de la vesícula fui sola y manejé con contracciones al hospital para que nazca Gemma, porque Valentín estaba jugando un partido con el Racing de Estrasburgo y no quise preocuparlo. Las mujeres de los jugadores parecemos frágiles, pero somos extremadamente fuertes; soportamos mucha presión y hate.–Has sido su apoyo en su recorrido.–Él ha hecho muchísimo esfuerzo para llegar donde está y yo lo sostengo y lo defiendo en todo momento. Antes, si le hacían algún comentario a Valentín, me ponía loca y contestaba; ahora, me controlo un poco más… pero en la cancha soy muy discutidora. [Se ríe]. Pasamos momentos duros, como perder la final de la Libertadores con Boca o cuando en Sevilla no jugaba porque lo inscribieron tarde. Ahí cambiamos de representante y buscamos continuidad en Racing de Estrasburgo. Ahora, con el mundial, sufrimos un montón. Como la lista tardaba demasiado, él estaba convencido de que no iba aquedar. “Listo: pasemos unos días en Buenos Aires antes de mudarnos a Chelsea”, me dijo y armó las valijas: puso camperas, buzos y, por supuesto, sus joggings… ¡todo para el invierno argentino! Yo, en cambio, puse ropa de verano para Gemmi y para mí: tenía la certeza de que iríamos a alentarlo a Dallas, Kansas, Atlanta….–¿Tuviste que ver con su cambio de look?–[Se ríe]. Empezó a prestarle más atención porque, antes, era el jogging y listo. Ahora me pide ayuda para armar conjuntos y le divierte cambiar. Con el pelo, también: hay veces que le gusta llevarlo más lacio y otras, con rulos. ¡Tiene más productos para el pelo que yo!–Contame de Gemma.–Fue una hija muy buscada, y nos hace felices. Los primeros meses no fueron fáciles para mí: mi hermana menor, Abril, tuvo muerte súbita a los tres meses y yo tenía pavor de que pasara lo mismo con Gemmi. Me la pasaba controlando su respiración.–Nació el 28 de marzo de 2025 y, tres meses después, se casaron por Civil en Argentina. ¿Se viene la fiesta después del mundial?–Me había propuesto compromiso en Aruba en 2023 y casamiento en Sevilla. Antes me entusiasmaba una gran fiesta, pero ahora estamos enfocados en el mundial y en la mudanza de Francia a Inglaterra, que es otro gran sueño.–¿Cuáles son tus sueños?–¡Tengo ganas de hacer muchas cosas! Antes de conocer a Valentín, trabajé como modelo [empezó con Anamá Ferreyra y después siguió sola] y ahora me están llamando otra vez. Además, tras decorar nuestras casas, quiero estudiar Diseño de Interiores, y estoy armando una marca de ropa de bebés. Valentín es mi primer fan: me acompaña, me banca y me alienta para que salga a la cancha.
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