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Camilo Castagnola: “Siempre me gustó tomar mis decisiones y decir lo que pienso”
Pese a su edad, ya lleva adelante su organización de caballos y empleados; un líder todavía tímido, pero de fuerte personalidad
Diez años atrás, Camilo Castagnola era un flaquito que volaba como delantero en un equipo de polo. Ligerísimo, flotaba a mil con la bocha hasta el arco, porque la habilidad ya estaba. ADN Cambiaso en sus genes, por parte materna. El ADN Castagnola, el de la locuacidad visceral, todavía no se manifestaba. ‘Jeta’ era un chico casi más hosco que tímido, negado a hablar ante un grabador, cámara o teléfono como si se tratara de una declaración indagatoria. Había ganado la Copa República Argentina con el papá y el hermano, a sus 13 años. Una experiencia de niño de ésas que terminan siendo películas perpetuas. Pero el muchachito rechazaba emitir palabra.Seis años atrás, lo primero que llamaba la atención al visitar las caballerizas de La Natividad era una media atascada en el acelerador de una motito. Camilo era un adolescente de 17 recién cumplidos, que a pesar de ser ya polista de Triple Corona, del reciente estreno en Palermo, seguía con ese vicio tan divertido como riesgoso –evidenciado por una zeta de El Zorro en la espalda– del “polo-moto”. Ahora sí las palabras brotaban, pero la fuente verbal era de escaso caudal.Hoy Camilo Castagnola es un señor polista. El número 1, o el 2, del mundo, prácticamente a la par de su hermano Bartolomé, con su primo ‘Poroto’ Cambiaso cerca. Está posando frente al establo, pero en vez de calcetines desubicados hay una ristra de trofeos: Argentino Abierto, Hurlingham, Tortugas, Copa de Oro inglesa y homónima estadounidense, Copa de la Reina y Abierto de Estados Unidos, y faltan los tres principales de España. La del US Open es su más reciente conquista, la que hizo el cartón lleno de los torneos más grandes de su deporte. Y a los 23 años Camilo ya consiguió todo. Lo que casi nadie a su edad.Ganó altura y anchura física, gloria deportiva y hasta verba. Pasó del teenager que se despertaba después del mediodía –incluso en días de partidos importantes– al profesional superentrenado que lleva adelante su propia organización de caballos y personas. Sigue costándole disponerse a esa obligación no escrita de los deportistas cracks, el contacto con los medios, pero una vez aceptada, Jeta ahora fluye. Y se abre y dice cosas. Ahora sí aparece el gen Castagnola de la frontalidad. Que, por cierto, no implica combatividad.“Recién veía todos los trofeos juntos y la verdad es que es muy lindo. Es muy difícil conseguirlos. Tengo 23 años y soy un agradecido. Hay mucha gente que me ayudó y no se la ve, pero que forma parte de todo esto tanto como yo. Aprovecho para agradecerles a todos. Son muchos”, suelta en esa suerte de sala de estar que está en su prolija casa-caballeriza. Mesa de madera, mate a mano, cuadro de él de fondo. Y un mazo de cartas españolas que se parte y que va y viene entre sus manos.–Estás unos días en Argentina, después de coronarte en Estados Unidos y antes de irte a Inglaterra, pero acabás de montar a caballos. ¿Para vos el polo es más disfrute o más trabajo?–Bueno, mi forma de descansar es estar arriba del caballo. Me cuesta no estar arriba de uno. Y es lindo volver a casa y desconectarme un poco. Por más que siga arriba del caballo, corto la competencia y la cabeza se relaja un poco.–Todavía te cuesta afrontar los micrófonos, los teléfonos, las cámaras...–Sí, pero ahora un poquito menos.–Por tu timidez, ¿te da pereza el tema mediático?–Ya me acostumbré. Son varios años los que llevo jugando y uno va acostumbrándose. Sé que eso es parte del trabajo y hay que hacerlo. Ya no me da tanta vergüenza ni me cuesta tanto.–¿Mirás o leés lo que sale de vos en la televisión, los sitios, las redes?–No me pongo a buscar lo que sale, pero a veces aparecen cosas y las veo. El otro día justo hablaba de eso con papá y le decía que no me influían lo malo ni lo bueno que dicen de mí, que siempre está. Yo hago lo mío, me mantengo enfocado en mis cosas y no me fijo tanto en eso.–¿Te cuidás en lo que decís?–No, no. Yo trato de ser sincero y decir siempre lo que pienso.–Cómo tu papá. Él no tiene ningún problema en decir lo que piensa...[esboza una sonrisa] –No sé si en el nivel de papá, pero me gusta decir lo que pienso.–Considerando tu timidez, ¿cómo te manejas con los patrones? Ellos te convocan por tu calidad polística, pero en algún momento tenés que establecer un vínculo, acordar condiciones. ¿Tuviste alguna dificultad a raíz de eso? ¿O dejás el asunto en manos de otra persona?–Siempre tuve la suerte de trabajar en familia y me dieron una mano muy grande. Durante muchos años tuve patrones que habían sido de papá. Eso facilitó las cosas. Pero sé que es un tema que se trabaja y que tengo mucho por mejorar en ese sentido. También tengo que aprender a hablar inglés. Porque es una limitación muy grande la que tengo hoy para relacionarme con ellos.–Hace un tiempo, en una entrevista, Lionel Messi dijo que se arrepentía de no haber aprendido inglés, porque había tenido la oportunidad de conocer mucha gente importante y no había podido dialogar con ella.–Es muy importante hablar inglés, abre muchas puertas. Hay que poner voluntad y aprenderlo. Creo que en algún momento voy a hablarlo. Entiendo bastante, ¿eh? Y la timidez me juega un poquito en contra. Imaginá que me cuesta hablar en español; entonces, largarme a decir algo en inglés [ríe]. De a poco voy a ir haciéndolo.–¿Cómo te vinculás con tu patrón estadounidense Curtis Pilot, con el que acabás de ganar la Copa de Oro y el Abierto de Estados Unidos? No habla español.–No, nada. Por eso te digo que eso me limita. No hablábamos mucho, y cuando lo hacíamos, era con alguien por medio. Porque por más que pueda largarme a hablar a lo ninja, tengo que saber bien lo que digo y saber bien lo que me dicen.–Él era el patrón de Facundo Pieres. ¿Por qué cambió?–No sé. El año pasado, cuando terminó la temporada, me llamó Gonzalo de la Fuente, el manager del equipo Pilot, y me preguntó si estaba como para jugar. Ahí nomás dije que sí, porque es una organización muy grande y yo sabía que al entrar a un equipo así iba a tener muchas más chances de ganar. Ni dudé y desde ese momento le dimos dar forma al equipo para esta temporada.–¿Al resto del equipo lo arma el patrón o su jugador principal?–Curtis me contrató y empezamos con Gonzalo a tirar ideas entre nosotros. Fuimos armándolo entre todos [se completó con Lorenzo Chavanne y Mackenzie Weisz].–En la temporada de Palm Beach hubo muy pocos patrones. ¿Es un tema que preocupa?–Sí. No sé a qué se debe. Ahora en Inglaterra hay bastantes patrones, no sé por qué más que en Palm Beach. La realidad es que Palm Beach no está fácil; muchos jugadores de los mejores del mundo no tienen trabajo allá. Es un lugar impresionante, la competencia es tremenda y hay una calidad de vida muy buena; estaría bueno que más patrones se arrimaran.–Cayó de golpe la cantidad de equipos en el alto handicap.–Sí. Yo empecé a jugar las copas de 22 goles de allá hace dos años, y eso en los dos años fue igual. Siempre están las organizaciones de punta, pero no en la cantidad que hay en Inglaterra. Creo que ahora en la Copa de la Reina va a haber 22 equipos. Palm Beach está complicado, pero creo que de a poco los patrones van a ir entusiasmándose y aparecerán nuevos.–¿Inglaterra es el principal destino del circuito internacional?–Hoy, sin dudas. En Inglaterra hay un nivel de organizaciones y una competencia que no veo en ningún otro lugar del mundo. En Estados Unidos está la mitad del total de equipos.–¿Habrá influido que en su momento se hiciera la liga de 26 goles y quedara la 22 por otro lado?–Creo que no. Me parece que fue muy positiva para el polo la liga de 26, le dio laburo a un montón de gente. Al haber dos ligas, había mucho más trabajo para todo el mundo.–El estancamiento en Palm Beach favoreció la temporada de otoño de Argentina. Este año muchos jugadores de alto handicap en el Polo Tour y la Copa República.–Sí, había un alto nivel acá. Veía los equipos anotados y ese nivel de polo en otros años no existía.–Este año no vas a jugar por Dubai en Inglaterra. ¿Cómo será tu temporada allá?–Por Dubai va a jugar Barto [Castagnola] con Tarek [Albwardy, hijo de Ali, patrón de Lolo durante mucho tiempo]. Yo voy a jugar la Copa de la Reina por Balanz Capital, de Claudio Porcel, y la Copa de Oro por La Hechicera, de Pablo Galante, con Ned Hine y Lorenzo Chavanne.–No es común tener equipos distintos.–No, no es normal, pero me llamaron y acepté. Éste es el primer año en que jugarán los dos. Estaban como para empezar de a poco, así que comparten equipo. Los dos tienen 0 goles.–¿Y en Sotogrande?–No voy a ir a Sotogrande, volveré a Argentina. El año pasado también vine desde Inglaterra y metí polo acá con papá y mi hermano. Estuvo muy divertido.–¿Eso es porque no surgió una propuesta? ¿O surgió una y no la aceptaste?–Tenía un equipo y terminó cayéndose. Después, ya estaban todos los equipos medio armados y se complicó estar en otro porque ya no quedaban patrones. Entonces me dije “me voy a Argentina”.–¿En cuál temporada estás más cómodo y no sentís la obligación de estar?–Por obligación, ninguna. Porque me encanta competir y sé que en Estados Unidos y en Inglaterra está la mejor competencia del deporte que practico, entonces voy feliz ahí... Voy feliz a todos lados, pero si me das a elegir una, además de la de Argentina, tomo la de Inglaterra, por el nivel de competencia. Y Sotogrande... El lugar está buenísimo, la playa está muy cerca, se come bien... Está bueno.–¿Te gustaría jugar en otro lugar y no te da el tiempo? ¿O considerás suficiente todo lo que jugás?–Me gusta el circuito que hacemos y me gusta competir. Y los torneos buenos están donde tengo la suerte de jugar. Entonces, estoy feliz, y también creo que es bueno no sobrepasarse y aprovechar bien los tiempos para descansar.–¿A qué destinás la plata que ganás como polista profesional? ¿A sostener el polo o a darte algunos gustos?–Todavía soy chico y uso la plata para mejorarme, para armar una buena organización y apostar al futuro. Para poder competir en la actualidad y comprar caballos. Por ahora, a