Un empresario del agro identificó una importante oportunidad de negocio en medio de la rivalidad entre Estados Unidos y China

Posicionarse como polo de innovación agroindustrial en un mundo donde la rivalidad entre Estados Unidos y China abre espacio para que Sudamérica emerja como actor tecnológico global, aprovechar Vaca Muerta para abaratar y multiplicar la producción de alimentos, y convertirse en exportadores globales. Esas fueron algunas de las posibilidades que identificaron empresarios del agro argentino, que también coincidieron en una advertencia: para aprovecharlas, el país deberá resolver problemas que arrastra desde hace décadas.Hablaron de reglas que cambian, sectores que no logran sostener procesos de crecimiento, inversiones que encuentran menos incentivos que en países vecinos y marcos regulatorios que no acompañan el desarrollo tecnológico. “Todos crecen menos la Argentina porque nos mordemos la cola todas las veces”, resumió uno de ellos.Se vende por US$1 una emblemática fábrica de cosechadorasLas definiciones surgieron durante un panel del Cambras Business Day que reunió a Mariano Bosch, CEO y cofundador de Adecoagro; Ignacio Bartolomé, CEO de GDM; y Delfín Uranga, fundador y CEO de SiloReal, en el museo Malba.Bartolomé dijo que la tensión tecnológica entre Estados Unidos y China puede abrirle una oportunidad a Sudamérica. Explicó que cada vez hay más desarrollos tecnológicos que encuentran trabas para circular entre ambos países y que, en ese escenario, la región puede ocupar un lugar estratégico. “Hay tecnología que se desarrolla en China que no termina yendo a Estados Unidos. Hay tecnología que se desarrolla en Estados Unidos que se le va a complicar poder ir a China”, afirmó. “Sudamérica empieza a aparecer como una especie de broker entre los dos países”, señaló.Según planteó, la Argentina debería aprovechar la escala de Brasil para desarrollar tecnologías y luego venderlas a otros mercados. “Hay que aprovecharlo en lugar de competirlo y nosotros, desde la Argentina, usar al hermano mayor de Brasil para desarrollar cosas que podamos vender después a otros países”, agregó.También señaló que cada vez más empresas tecnológicas, fondos de inversión y capitales extranjeros empiezan a mirar a Sudamérica como una región con potencial para exportar tecnología. “Hay muchas compañías de tecnología, muchos fondos de inversión y capitales extranjeros que están viendo la región como un lugar que va a empezar a ser, y ya empieza a ser, en lugar de importador de tecnología, exportador de tecnología”, sostuvo.Al hablar de Brasil, destacó algunas políticas que ayudaron a transformar el potencial productivo en crecimiento concreto. Mencionó el desarrollo de los Cerrados brasileños, una región que hace algunas décadas tenía escasa infraestructura y que hoy concentra buena parte de la producción agropecuaria del país. También destacó el avance del etanol de maíz como una herramienta que generó una nueva demanda para los productores. “Se decidió no solamente fomentar la producción, sino también la demanda y la logística”, sostuvo.Bartolomé advirtió, además, que la Argentina todavía tiene una deuda pendiente en materia de propiedad intelectual. “En Brasil ocho de cada diez agricultores pagan por lo que nosotros desarrollamos. En la Argentina, tres de cada diez pagan por lo que nosotros desarrollamos”, señaló.“Gracias por auxiliarnos”: se encontró con una vieja cosechadora parada y como conocía todos sus secretos le devolvió la vidaAdemás, remarcó que tecnologías como la inteligencia artificial, la edición génica y la caída de los costos para secuenciar ADN están acelerando los tiempos de investigación y desarrollo, lo que vuelve cada vez más importante contar con reglas que acompañen la innovación.Bosch, por su parte, vinculó buena parte de las oportunidades de la región con la energía y especialmente con Vaca Muerta. “Si nosotros hacemos alimentos y energías renovables y encima tenemos Vaca Muerta, que nos va a hacer más baratos nuestros alimentos, tenemos como región una oportunidad gigante”, afirmó.En ese sentido, destacó el potencial que tiene el gas para bajar costos y mejorar la competitividad de distintas actividades productivas. También recordó la experiencia de Adecoagro en Brasil, donde la compañía desarrolló un importante negocio vinculado a la caña de azúcar, el etanol y la generación de energía renovable. Según explicó, ese crecimiento fue posible gracias a reglas estables y una visión de largo plazo. “Brasil tiene una visión de largo plazo y no se dedica a combatir al capital”, sostuvo.Incluso fue más allá al referirse a la posibilidad de replicar ese modelo en la Argentina. “No hay ninguna razón para no tenerlo. Todo son mezquindades de cada industria y de cada cosita”, afirmó.Para Bosch, la oportunidad no pasa solamente por producir más granos, sino por transformarlos en productos de mayor valor agregado. “Tenemos una gran oportunidad para ser exportadores de alimentos”, afirmó.Como ejemplo mencionó la lechería. Señaló que mientras Brasil logró expandir con fuerza su producción durante las últimas décadas, la Argentina sigue prácticamente en los mismos niveles de hace 30 años. Según explicó, el problema no es la falta de recursos ni de condiciones productivas, sino la dificultad para sostener políticas y reglas que permitan planificar inversiones a largo plazo. “Hace 30 años producimos prácticamente lo mismo”, afirmó. “La Argentina tiene unas condiciones naturales extraordinarias, pero nosotros mismos nos pegamos tiros en los pies”, agregó. “Todos crecen menos la Argentina porque nos mordemos la cola todas las veces”, señaló.Uranga, en tanto, destacó el potencial que puede surgir de combinar la innovación argentina con la escala de Brasil. “Cuando combinás innovación y tecnología con escala, creo que la región tiene una oportunidad enorme para salir al mundo”, afirmó.Según explicó, esa combinación también puede ayudar a conseguir financiamiento, mejorar la trazabilidad y abrir nuevos mercados. En ese marco, habló de una "tormenta perfecta" impulsada por tres tecnologías que avanzan al mismo tiempo: la generación masiva de datos en el campo, la inteligencia artificial para analizarlos y el blockchain para registrar esa información y darle trazabilidad.
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