En el juicio al “gaucho narco” afloraron datos sobre el tráfico de drogas en la Hidrovía 

El juicio contra el expresidente de la Sociedad Rural de Diamante, Leonardo Airaldi, −el “ruralista narco” que administraba un campo llamado El Pillo en las islas del Paraná− tuvo un capítulo clave en el que se cruzaron dos relatos opuestos: el de una testigo y coimputada que dijo haber vivido un infierno a su lado y el del propio acusado, que buscó desmontar los cargos en su contra con una declaración extensa, desafiante y, por momentos, inverosímil, centrada en su adicción a las drogas. Pero en el juicio también afloraron y se confirmaron datos sorprendentes sobre el tráfico de drogas en la hidrovía Paraná-Paraguay. La gente de Airaldi usaba lanchas con motores preparados para ir a buscar la droga, que llegaba en avionetas que aterrizaban en la zona de islas.Airaldi está acusado, además, de haber diseñado un plan para atentar contra el juez federal Leandro Ríos y el fiscal federal José Ignacio Candioti. A fines de abril, la Cámara Federal de Entre Ríos rechazó el planteo de la defensa del exproductor agropecuario y confirmó los allanamientos y el secuestro del celular de Airaldi. Otro narco, Daniel “Tavi” Celis, fue quien denunció a este hombre oriundo de Diamante de llevar adelante un plan para atentar contra el magistrado y el fiscal general de Paraná.En este contexto complicado para el expresidente de la filial entrerriana de la Sociedad Rural se desarrolla el juicio por narcotráfico contra Airaldi, que tuvo un capítulo clave con la declaración de María Soledad Touzet, exempleada del acusado e imputada en la misma causa. Su declaración duró casi tres horas. Habló entre llantos y crisis de angustia. Por lo que contó ante los jueces Noemí Berros, Mariela Rojas y José María Escobar Cello no solo se convirtió en la testigo que más complicó a Airaldi, sino que también obligó al tribunal a tomar medidas excepcionales para protegerla.Touzet llegó a Airaldi por necesidad: era policía provincial, madre soltera, y no podía sostener los horarios de la fuerza con una hija pequeña. En 2021 se lo cruzó una noche en la plaza de Diamante. Él le ofreció trabajo administrativo en sus empresas agropecuarias: un sueldo, horarios flexibles, la posibilidad de estar con su hija. Parecía un milagro. Pidió la baja en la Policía de Entre Ríos. Y entró en lo que ella misma definió, ante el tribunal, como “una película de terror”.Según reconstruyó el periodista José Amado en Análisis Digital, las tareas de Touzet iban mucho más allá de lo administrativo: pagaba servicios, organizaba compras de alimentos para el campo y la isla, coordinaba con trabajadores rurales, tramitaba seguros de vehículos e incluso colaboraba en el cuidado de los mellizos de Airaldi cuando faltaban niñeras. Pero el jefe amable de los primeros meses se transformó, dos o tres meses antes de su detención en Rosario, en un patrón violento y controlador que exigía que lo llamaran así: patrón.El recuerdo de la violenciaLo que Touzet describió ante el TOF fue un régimen de sometimiento sostenido con amenazas concretas. Según su relato, Airaldi le advirtió a su propia pareja y madre de sus hijos: “Te voy a arrancar la cabeza de un tiro, te voy a pegar un tiro entre ojo y ojo”. A los empleados les decía: “A los que me fallan les pica la yarará”. A otra empleada la trató de “negra de mierda”. A Armando Balcaza, su mano derecha durante más de 13 años, lo llamaba “esclavo de mierda”. La pistola 9 milímetros que portaba la apoyaba sobre el escritorio antes de cada conversación “delicada”.El momento más comprometedor del testimonio de Touzet tuvo que ver con el narcotráfico: contó que Airaldi le había ordenado buscar en Google el teléfono de una estación de servicio llamada “Aero Gálvez”, en Santa Fe, y consultar el precio del combustible para avionetas. Ella cumplió y luego le escribió un mensaje preguntándole si debía comprar el combustible. La respuesta de Airaldi, que consta en la transcripción del expediente, fue escueta: “Borrá eso”. Después fue a la oficina, furioso, y le dijo: “Un error más de esto y te vuelo la cabeza de un tiro”.Días más tarde, fue Balcaza quien le explicó el sentido de aquel encargo. Según declaró Touzet ante el tribunal, su compañero le preguntó si alguna vez había ido al campo: “Leonardo no siembra, no fumiga. Dos más dos son cuatro”. La mujer dijo que entonces entendió todo: las avionetas no eran para el agro; eran para transportar droga.Touzet también relató que, estando Airaldi preso en el penal de Piñero, en Rosario, le ordenó ir al garaje de la casa, retirar un paquete de aproximadamente uno o dos kilos y llevárselo a “Jupu” Erbes, otro imputado, quien “sabría cómo proceder” y le daría dinero a cambio. “¿A vos te gusta cobrar plata? Con eso se pagan los sueldos porque yo estoy preso”, le dijo, según su declaración.En el cierre de su testimonio, Touzet pidió al tribunal que no liberara a Airaldi. “No suelten a ese animal”, dijo. Y agregó que vivía sola con su hija y que tenía miedo. Tanto el fiscal general Candioti como Diego Iglesias, de la Procunar, acompañaron el pedido de protección de la defensa. El tribunal dispuso imponer una custodia policial y entregarle un botón antipánico. Las juezas tomaron medidas especiales para que la mujer no se cruzara físicamente con Airaldi, que estaba presente en la sala.Mientras Touzet declaraba sin parar de llorar, entre el público estaban tanto la madre de Airaldi, Mirta Balbi, como la novia, Jimena Burne, que había acordado una probation. La madre, por momentos, asentía con gestos de lamento. La novia se reía de manera burlona. En un momento, Mirta se dio vuelta, se llevó el dedo índice a los labios y le dijo a la joven: “¡Shh, está diciendo la verdad!”.El descargoTras la declaración de Touzet, Airaldi pidió ampliar su indagatoria y lo hizo de manera presencial. Hasta entonces había seguido las audiencias por videoconferencia desde el Complejo Penitenciario Federal I de Ezeiza, donde está alojado en el régimen para internos de alto riesgo (Sigpplar) desde febrero de 2026, cuando se reveló un presunto plan para atentar contra la vida del fiscal Candioti, el juez federal Leandro Ríos y el ministro de Seguridad de Entre Ríos, Néstor Roncaglia.Su estrategia fue de riesgo máximo: admitió el consumo de cocaína, pero negó cualquier venta de estupefaciente, atacó la credibilidad de todos los testigos de cargo y ensayó explicaciones alternativas para cada prueba en su contra.Sobre los audios en los que se lo escucha hablar de cocaína, dijo que eran conversaciones entre consumidores. “Es muy normal que entre consumidores uno diga ‘haceme la ondita’. ‘Haceme la ondita’ no es vender, es comprar”, sostuvo. Y trazó una analogía que resonó extraña en una sala donde se lo juzga por narcotráfico: comparó la práctica de convidar cocaína con la de invitar a alguien a tomar un buen vino.Sobre la pista de aterrizaje en su campo, la desmintió de plano. Según su versión, se trata de un viejo camino ganadero que viene de la época de su abuelo. “La huella más chica que hay en ese camino tiene 40 o 50 centímetros. Es imposible que una avioneta baje ahí. Se rompen las ruedas”, declaró. Y sobre las avionetas que sobrevolaron la zona, las atribuyó a los operativos de combate contra los incendios en las islas en 2021, 2022 y 2023, para los cuales dijo haber colaborado con logística y combustible.Los viajes a Rosario, según él, eran por fiestas. “Íbamos de joda. Nunca a vender droga ni a hacer cobranza en algún lugar raro. Íbamos por dos días y nos quedábamos 15 o 20 días de joda en el hotel”, afirmó. Y sobre sus vínculos con policías entrerrianos, los describió como algo natural del mundo rural: donación de combustible, préstamo de lanchas, reparación de equipos. “En ningún momento hubo un arreglo o hubo una coima. Nada ilícito, nunca”, dijo.Los tramos más agresivos de su declaración fueron los ataques sistemáticos contra los testigos de cargo. Airaldi los fue nombrando uno por uno y les asignó un motivo de enemistad: un portero echado por ladrón, vecinos que les usurpaban tierras, un capataz despedido, peones que le cortaban los alambrados y le metían animales en el campo. “Nunca la Fiscalía les preguntó: ‘¿Usted tuvo un problema con los Airaldi?’”, reclamó.Sobre su carácter violento, ensayó una explicación llamativa: dijo ser “intenso con el trabajo”, pero no agresivo, y pidió que le preguntaran a cualquier mujer que hubiera estado con él. Los audios en los que se lo escucha ordenar cosas como “che, matalo”, los explicó como expresiones coloquiales dichas en momentos de enojo. “Todos hemos pasado por eso. Pero de ahí a querer hacerlo hay un paso enorme”, sostuvo.La causaEl juicio oral en el TOF de Paraná desarrolla la investigación de una organización que, según la acusación fiscal, funcionó entre 2019 y marzo de 2024 en Entre Ríos, con fuerte conexión con Rosario y la provincia de Santa Fe. El epicentro era la zona rural de Las Cuevas, en el departamento entrerriano de Diamante, a unos 120 kilómetros de Rosario, un territorio surcado por ríos y arroyos que, según los investigadores, era utilizado por narcos rosarinos bajo el amparo de policías de puestos camineros de ambas provincias.La conexión de Airaldi con Rosario se consolidó durante su paso por la cárcel de Piñero, en 2022. Una vez en libertad, conservó los contactos. Escuchas telefónicas incorporadas a la causa registran comunicaciones con personas identificadas como “Javi” y “Ardilla”, vinculadas al envío de gente al campo de Airaldi y a la orden de buscar 600.000 dólares en una estación de servicio rosarina.Quedan pendientes tres audiencias de prueba vinculadas a la causa que instruyó la Justicia Federal de Santa Fe por el secuestro de casi 30 kilos de cocaína. El 12 de junio comenzarán los alegatos del Ministerio Público Fiscal. Se espera que el veredicto del tribunal llegue el 30 de julio, tras el receso de la feria judicial invernal.Airaldi enfrenta el tramo final del juicio desde Ezeiza, donde fue trasladado después de que se descubriera el presunto plan para ate
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