La tormenta perfecta: asfixia económica, asedio estatal y el desafío de la IA acorralan al periodismo en las Américas
La Nación··en 42 minutos
Informes, especialistas y ejecutivos advierten sobre un escenario crítico para los medios en la región; el colapso de los ingresos, el hostigamiento sistemático de los gobiernos, el récord de agresiones y asesinatos, sumados a la irrupción de los influencers y streamers, reconfiguran un ecosistema q...
El periodismo en América Latina y el Caribe atraviesa una de las etapas más críticas e inciertas de su historia contemporánea. Lejos de ser una crisis unidimensional, la prensa se encuentra atrapada en una convergencia de amenazas. Como sintetiza Daniel Dessein, presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa): “La industria periodística a nivel global atraviesa una tormenta perfecta. Desde hace 25 años corre una carrera de vallas para desarrollar nuevos ingresos, ingresos que provienen del ámbito digital, que compensen o intenten reducir la brecha con la caída de ingresos tradicionales. Pero los primeros suben lentamente por una escalera y los segundos bajan rápidamente en un ascensor. Con la irrupción de la inteligencia artificial, los ingresos digitales también caen. Y a esto se suma la expansión de un discurso extraordinariamente agresivo que intenta deslegitimar al periodismo”.Esta cruda radiografía es respaldada y cuantificada por cuatro de los estudios más prestigiosos a nivel global sobre la industria: el Digital News Report 2025 del Reuters Institute, el informe sobre el Estado del Desarrollo de los Medios 2025 de la DW Akademie, el reciente y alarmante Informe Sombra sobre la Libertad de Prensa en América Latina 2025, elaborado por la Red Voces del Sur (Red VDS), y la información recientemente actualizada a través del Índice de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2026 de Reporteros Sin Fronteras (RSF). El diagnóstico de RSF para 2026 es el más sombrío desde su creación. El informe afirma textualmente: “Por primera vez en la historia de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras (RSF), más de la mitad de los países del mundo se encuentran en una situación ‘difícil’ o ‘muy grave’. En los 25 años de historia del ranking, la puntuación media del conjunto de los países analizados nunca ha sido tan baja”. Esta realidad global se complementa con las cifras lapidarias del Informe Sombra, que confirman que el deterioro regional no se detiene, sino que se transforma: en 2025 se documentaron 2.484 alertas que afectaron a 3.230 víctimas en 17 países de la región.El asedio del poder político y el Estado como agresor centralEn todo el continente, la libertad de prensa enfrenta un retroceso estructural donde los gobiernos de turno han dejado de ser garantes para convertirse en victimarios. El Informe Sombra lo confirma con un dato inapelable: uno de cada dos agresores identificados en la región (50,5%) fue estatal. El deterioro no se limita a los ataques verbales. También se expresa mediante obstáculos crecientes para acceder a información pública, litigios intimidatorios, intentos de endurecer leyes de difamación y normativas ambiguas vinculadas con desinformación, ciberseguridad o contenidos digitales. La organización documentó 279 alertas relacionadas con restricciones al acceso a la información y 190 vinculadas con hostigamiento judicial.En sintonía con esto, RSF 2026 subraya que “A nivel regional, las Américas experimentan un cambio significativo a peor, con el descenso de siete puestos de Estados Unidos, y el desplome de varios países latinoamericanos, sumidos en una espiral de violencia y represión”.Por primera vez en la historia de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras (RSF), más de la mitad de los países del mundo se encuentran en una situación ‘difícil’ o ‘muy grave’Dessein alerta sobre la magnitud de este clima: “La intolerancia y los ataques de prensa se repiten en regímenes y países muy diversos, desde dictaduras como Cuba y Nicaragua, a presidencias con características ideológicas muy distintas, surgidas de elecciones libres, como El Salvador o Colombia. En muchos casos aparece una conexión entre la hostilidad de los gobiernos y el uso de un aparato comunicacional digital que promueve la difamación y ataques coordinados contra todo aquel que se atreva a formular alguna discrepancia o a analizar críticamente la gestión de los diversos gobiernos”.Las críticas de Milei al periodismoEn Colombia, el ambiente de polarización impulsado desde el poder se ha vuelto insostenible. Red VDS documentó el desplazamiento forzado de 22 periodistas debido a la asfixia del entorno y la estigmatización. Werner Zitzmann, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Medios de Información (AMI), expone la gravedad de esta crisis: “El deterioro en todos los indicadores de libertad de prensa en Colombia, es verdaderamente lamentable y uno de los más significativos en la región en los últimos años. La situación se desprende, principalmente, de la muy articulada, implementación de una narrativa oficial liderada por el actual presidente, para denigrar el oficio periodístico de los medios privados que supervisan y denuncian, señalándolos de servir a intereses particulares de los ricos y no al cambio social propuesto por su modelo político”. El periodista también advierte sobre una realidad que llega hasta la violencia extrema: “La estigmatización y los ataques permanentes han sido muy efectivos, han generado no solamente un ideario de rechazo al periodismo y a los medios, sino violencia hacia ellos, lo cual usufructúan muy especialmente los grupos criminales en las zonas rurales del país, y que ahora, en una coyuntura política electoral, resulta de inmensa utilidad para servir al discurso del candidato en la línea de sucesión. Tristemente, hoy es la izquierda, pero por el lado de la extrema derecha, las prácticas son muy similares. Desde la Asociación Colombiana de Medios de Información hemos venido documentando y visibilizando esta situación, para llamar sobre todo la atención de la comunidad internacional, sobre la importancia de atajar oportunamente este fenómeno, cuyos alcances y consecuencias son bien ya conocidas en otros países. La CIDH y la SIP han recogido estos llamados y se han pronunciado. Sin embargo, la realidad sigue inalterada y resulta inmensamente preocupante”.La situación se desprende, principalmente, de la muy articulada implementación de una narrativa oficial liderada por el actual presidente para denigrar el oficio periodístico de los medios privados que supervisan y denuncian, señalándolos de servir a intereses particulares de los ricos y no al cambio social propuesto por su modelo políticoWerner Zitzmann, Asociación Colombiana de Medios de Información (AMI)En Perú, la situación es igualmente dramática. El país se desplomó 53 puestos en el ranking de RSF desde 2022, y el Informe Sombra señala que las coberturas sobre minería ilegal y corrupción elevaron en un 83% el número de periodistas víctimas. Rodrigo Salazar Zimmermann, director ejecutivo del Consejo de la Prensa Peruana, ofrece un testimonio literal contundente: “Aquí hay constantes intentos legislativos para aumentar la pena en cárcel por difamación, un promedio de dos al año. El año pasado hubo 458 ataques a periodistas contabilizados. Fueron cuatro asesinatos. Una gran parte de los ataques proviene del Estado o sus funcionarios. Es más, todo el aparato del Estado ojeriza y está contra el ejercicio libre del periodismo, desde la presidencia hasta gobiernos locales, pasando por el Congreso, la Fiscalía, la Policía, la Defensoría del Pueblo, el Poder Judicial y demás”.Por su parte, Argentina y El Salvador han institucionalizado el hostigamiento estatal y el “discurso estigmatizante”. El informe RSF 2026 es lapidario en su evaluación sobre ambos países: “Los fervientes defensores de Donald Trump en América Latina, Javier Milei y Nayib Bukele, reproducen el manual del inquilino de la Casa Blanca contra los medios de comunicación y, como era de esperar, siguen la misma línea en el ranking. Argentina (98; -11) y El Salvador (143; -8) registran un retroceso significativo, debido, entre otros factores, al declive de los indicadores del clima político y social, confirmando el aumento de la hostilidad y de las presiones gubernamentales hacia la prensa”. La sangre derramada, censura y hostigamiento judicialA nivel legal y judicial, el diagnóstico de RSF 2026 marca una regresión planetaria: “De los cinco indicadores analizados en la clasificación, el legal es el que más ha bajado este año... La criminalización del periodismo mediante la vulneración del derecho de prensa y el uso indebido de leyes de excepción o de derecho común se afianza como un fenómeno mundial”. En la región, el Informe Sombra sumó 190 alertas orientadas a intimidar a reporteros mediante demandas civiles o penales abusivas, con México, Argentina, Colombia y Brasil liderando esta práctica represiva.La violencia letal en 2025 se cobró la vida de 23 periodistas en América Latina, nueve más que en 2024, lo que equivale a un periodista asesinado cada 16 días. En el Índice 2026, México (122) se consolida de manera trágica como el país más peligroso para la prensa del orbe, “por encima de Ucrania y Siria”. RSF describe textualmente cómo este derramamiento de sangre hunde a otras naciones: “Allí donde el crimen organizado mata, la clasificación de los países cae en picado. Es el caso de Ecuador (125), que pierde 31 puestos tras los asesinatos de Darwin Baque y Patricio Aguilar”. A nivel regional se registraron 296 agresiones físicas, a menudo con uso desproporcionado de la fuerza estatal.En países bajo regímenes cerrados o dictaduras consolidadas, la asfixia mutó a un control total y devastador. RSF 2026 sentencia la situación de estos territorios: “Venezuela (159) sigue sumida en una gran incertidumbre en cuanto a las garantías de la libertad de información [...] Mientras que Cuba (160) atraviesa una profunda crisis que obliga a los escasos periodistas independientes a operar cada vez más en la clandestinidad, en Nicaragua (168) el panorama mediático está sencillamente en ruinas, víctima de una represión sistemática y un deterioro permanente de las condiciones de ejercicio de la profesión”.Esta radiografía continental encuentra en