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Presidentes, dictadores y una condesa: historia, secretos y próceres de la República de La Boca
El tradicional barrio porteño enclavado a orillas del Riachuelo tuvo un conato de independencia de la Argentina a fines del siglo XIX y la idea, en un tono más simbólico, persiste hasta nuestros días con la Tercera República de la entrañable barriada
Ubicado en la avenida Almirante Brown y Lamadrid, pleno corazón del barrio, el Museo Histórico de La Boca exhibe incontables objetos que narran su identidad. Entre ellos, aparece una banda presidencial. Pero, pese a sus colores celeste y blanco, la prenda no es la que alguna vez usó un mandatario de la Argentina. Es el atributo que lleva en reuniones formales el presidente de la Tercera República de La Boca, Pablo Abbatángelo. “Como verás, esta banda tiene la bandera de Boca, la bandera de River, entrelazadas, con la bandera de Italia, el escudo de La Boca y la bandera de Génova. Acá sintetizamos todo”, explica el propio Abbatángelo, quien desde el 19 de noviembre de 2022 ejerce el cargo de presidente de La Boca. Su función es, en sus palabras, “mantener principalmente nuestras tradiciones y nuestras costumbres”. Esta orgullosa república está enclavada a orillas del Riachuelo, en el sur de Buenos Aires. Fue tierra adoptiva de inmigrantes genoveses y cuna de intensas labores portuarias. Cuenta también con numerosos ministros, una bandera y hasta un Palacio Oficial para Fiestas y Banquetes, que es la pizzería Banchero. Pero detrás de este lúdico delirio republicano hay una historia que se remonta al siglo XIX y que tiene que ver con la vez en que en la barriada de la ribera se hizo un conato de autonomía. “Un grupo de genoveses dijo que el gobierno nacional no puede inmiscuirse en sus asuntos”, cuenta Martín Scotto, presidente de la Fundación Museo Histórico de La Boca y, a la sazón, primer ministro de esa república, quien tiene la misión de representarla “ante las autoridades argentinas”.En diálogo con LA NACION, estos dos funcionarios del Estado boquense cuentan el origen y los pormenores de una tradición que enaltece y preserva la identidad de uno de los barrios más legendarios de la ciudad de Buenos Aires. La República Independiente de la Boca—¿Cuál es el origen de la República Independiente de La Boca?Martín Scotto: –El hecho que originó la leyenda de la República de La Boca puede haber sucedido entre 1870 y 1890. Hay dos antecedentes que marcan el tema. Uno es una nota de Caras y Caretas de 1904, donde Blas Vidal señala que hubo un grupo de vecinos que se habían juntado para reclamar la autonomía de La Boca —el barrio dependía, junto con Barracas, de San Telmo y después solo de Barracas— y un grupo de italianos pícaros quisieron pasarse de listos y aprovecharon la revuelta para declarar la independencia de la Boca del país. –¿Y el otro antecedente?MS:–El otro lo citamos en 1882 porque Antonio Bucich, nuestro guía en historia, lo sitúa ahí. Se habla de un conflicto gremial. Había un sistema de explotación de genoveses por genoveses. Estos se juntan en la Sociedad Italiana y dicen que el gobierno argentino no puede inmiscuirse en asuntos de los genoveses. Crean así la República Independiente de La Boca. Dicen que van a mandar una carta al rey de Italia, Humberto I, que creo que nunca salió de acá. Además, izan su propia bandera. –¿Y cómo terminó la experiencia?MS: –En La Boca había un personaje que no está en las crónicas, que se llamaba Pepe Fernández, que era un caudillo político del barrio. Era un puntero de (Julio Argentino) Roca. Él sería el que le avisa al entonces presidente de la Nación que estaba pasando esto. Ahí es cuando viene Roca con el ejército y los genoveses se pegan tal susto que desisten de su independencia. Y al otro día le ponen a una calle del barrio el nombre de Roca. –¿Por qué había tantos genoveses en La Boca?MS: –Cuando después de 1810 se rompen los lazos con España se declara el libre comercio. En ese momento la principal flota mercante del mundo era la genovesa y el puerto natural de Buenos Aires era La Boca. Las naves de Génova empiezan a llegar a partir de 1820, 1830 y los marineros desertaban y se quedaban acá. Ellos fueron trayendo a sus familias. Era gente que no vino por hambre, vino buscando hacer negocios. Empezaron a arreglar barcos, a construir barracas para almacenar mercadería, para comerciar. Crean el primer núcleo urbano del barrio, que todavía era desordenado. No había calles; había inundaciones. La vida era muy dura. –¿Podía ayudar para la idea de independencia el hecho de que La Boca estuviera separada del resto de la ciudad?MS: –Sí. A ver, para que te sitúes. El Río de la Plata llegaba hasta Paseo Colón. Ahí había un tren que corría en altura con un viaducto que desembocaba en Casa Amarilla. Y del Parque Lezama hasta el edificio conocido como la Torre del Fantasma, en Villafañe y Almirante Brown, acá en La Boca, hay 14 cuadras, que eran todo pantanos, juncales. La Boca estaba bastante aislada, por eso empezó a crear sus propias entidades de Socorro, de Ayuda Mutua. O los mismos Bomberos Voluntarios de La Boca. Un museo con mucha historiaEl Museo Histórico de la Boca ocupa la que fuera, en buena parte del siglo XX, el Nuevo Banco Italiano (devino luego en BBVA), una entidad creada en el barrio por capitales de constructores navales y almaceneros genoveses.En el gran salón que otrora fuera para la atención de los clientes del banco, los mostradores se han transformado en vitrinas. Allí se exhiben, entre otras cosas, los atributos y objetos relacionados con las repúblicas de La Boca. Se dice en plural porque a aquel intento primigenio de los xeneizes por tener una independencia republicana se le sumaron con los años unas tres réplicas más. Pero ya no en un tono de protesta, sino más bien para celebrar la identidad boquense. “La primera República fue de 1907. Desapareció en 1923 –describe Scotto–. Quinquela Martín y Víctor Quintana fundan la Segunda República de la Boca, que desaparece en 1973. Y Rubén Granara Insúa, que era un anticuario y dirigía un seminario de historia de La Boca, creó la Tercera República en 1986. Y la meta que se impone es crear el Museo Histórico de la Boca”. Este último personaje, un verdadero prócer de la ribera, fue quien ideó una ingeniería económica, con ayuda de los vecinos, para adquirir el edificio del Nuevo Banco Italiano, que en la década de los 80 estaba vandalizado y lo convirtió en la sede de la Fundación Museo Histórico y de la República de La Boca. A poco de morir, en 2022, Granara Insúa deja listo todo para que Scotto, que es abogado, y Abbatángelo, arquitecto, se pusieran al frente de la Fundación y de la República.“Hoy tenemos roles cruzados. Yo me hice cargo de la Fundación Museo y soy el primer ministro de la República. Lo que solemos decir es que Pablo es el presidente y yo soy el representante ante las autoridades argentinas”, dice Scotto. “Hacemos una gran dupla de trabajo”, añade, a su lado, Abbatángelo, a quien Scotto reconoce como más extrovertido para la fase ceremonial: “Él puede cantar, bailar, es más histriónico. El perfil más burocrático era el mío”, dice. “Hay un montón de cosas de lo institucional que yo no sabría hacer –dice el presidente–y Martín las hace a la perfección. Entonces: ¿para qué nos vamos a pisar el poncho si podemos disfrutar cada uno de lo suyo?“. Primera República: adelantados a su tiempo–¿Cómo surge la primera República de la Boca?MS:–Fue una república que nació en 1907 de un grupo de vecinos de la elite política y social del barrio y tuvo muy poca duración. Crearon la estructura del presidente y los ministros. El presidente se llamaba Roberto Hosking. De genovés no tenía nada. Ellos tuvieron unos manifiestos irónicos pero muy avanzados. Por ejemplo, decían que las mujeres tienen que tener los mismos derechos que los hombres, cosa que obviamente no existía. Entendemos que fue por la presencia en La Boca de Julieta Lanteri, la primera gran feminista. Pablo Abbatángelo: –Cuando aprobaban una ley de la República, la escribían en un papelito, lo hacían pelotita y lo soplaban por una cerbatana. Lo llamaban el canuto. Al salir expulsada la norma, quedaba aprobada. Y el símbolo de la república era la herradura y los dedos en cuernos, contra la jetatura, la mala suerte. Hicieron algunas actividades filantrópicas, pero no duró demasiado.–¿Ya no planteaban seriamente la idea de la independencia? MS: –No. Estaba influenciada por la idea de la anterior república. Pero ellos planteaban, por ejemplo, ponerles hollineros –filtros para el hollín– a las chimeneas, porque había una gran cantidad de fábricas que contaminaban mucho. Planteaban también elevar dos metros el nivel del barrio para evitar inundaciones... cosa que se realizó en el año 1940. O sea, fueron unos adelantados. En la descripción de aquella primera nación boquense hay lugar también para el humor. Scotto señala, reconociendo que se pone en el lugar del chisme, que Hosking era un playboy y tenía fama de “no dejar títere con cabeza”. De inmediato, Abbatángelo añade, con una sonrisa: “Todos los presidentes somos así”. Segunda República: “Estaban más locos que nosotros”—¿Cómo fue la Segunda República?MS: –La fundan en 1923, entre otros, Benito Quinquela Martín, que utilizaba en los eventos su uniforme de contralmirante de Mar y tierra, Juan de Dios Filiberto y José Víctor Molina, que fue el primer presidente y que se denominaba “dictador”. Era una cuestión irónica, porque se supone que una república, con división de poderes, no podía tener un dictador. PA: –Estaban más locos que nosotros. –En las fotos se ve que había reuniones con gente elegantemente ataviada, ¿qué eran esos eventos?–Eran las llamadas tenidas gastronómicas, que eran de gala. Iban con smoking, chaqué. Molina tenía una frase que decía que era triste la persona que nacía pobre y moría rica. Había que nacer rico y morir pobre. Había que dilapidar todo. Y siempre empezaba sus fiestas con un “Viva la pepa”. –¿Esta república era más festiva que la anterior?MS: –Es que, a diferencia de la primera República, esta tuvo una gran trascendencia mediática. Caras y Caretas reflejaba los encuentros. Todo visitante extranjero que llegaba a la Argentina era agasajado en la República de La Boca. Los sacaban a pasear en carros por la calle. Estaba el Ministro de Caballería, que era un cochero, que