Unidos en la adversidad: los motivos del particular vínculo del ex príncipe Andrés y Sarah Ferguson a 30 años de su divorcio

Los divorciados más felices del mundo. Así eran conocidos Andrés de Mountbatten-Windsor (66) y Sarah Ferguson (66). En Gran Bretaña, el llamativo título empezó a instalarse con fuerza casi en el mismo momento en el cual los ex duques de York se divorciaron, el 30 de mayo de 1996. Y, durante tres décadas, ese fue un slogan que funcionó. “Si estuviste casado con alguien, me parece ilógico no ser amigos al fin y al cabo”, aseguraba Andrés cada vez que le preguntaban por su relación con su ex, a quien señalaba como su amiga. Se iban de vacaciones juntos e, incluso, vivían bajo un mismo techo aun a pesar de los romances que inició ella [todos publicados por la prensa: desde aquel amorío que tuvo con su asesor financiero hasta el que mantuvo con el aristócrata italiano Gaddo della Gherardesca] y las relaciones que encaró él [con Lady Victoria Hervey, Amanda Staveley y Caroline Stanbury]. Sarah también le prodigaba las mejores palabras a su ex: “Siempre será mi príncipe azul. Es hermoso que seamos una familia así y que la historia tenga siempre un final feliz”. Pero la historia, se sabe, no tuvo un final feliz: en febrero de este año, y en el marco de la polémica causa del empresario pedófilo Jeffrey Epstein, Andrés, el hermano del rey Carlos III, fue detenido por la policía en la finca de Wood Farm bajo sospecha de conducta indebida en el ejercicio de cargo público [fue liberado el mismo día, pero el proceso de investigación continúa]. Y, entre muchas otras cosas, quedó al descubierto la relación que Sarah y Andrés tuvieron durante todos estos años.EL SURGIMIENTO DEL MITOCuando se casaron, en julio de 1986, todo era como un cuento: los enamorados llegaron a las puertas de la Abadía de Westminster, en Londres, en un carruaje tirado por caballos y enfervorizaron a la multitud. En 1992, cuando ya eran padres de las princesas Beatriz y Eugenia, se separaron. Según Ingrid Seward, la editora en jefe de la revista Majesty, quien solía pasar bastante tiempo en la casa de Sarah tanto durante como después de su matrimonio, Sarah se aburrió y se sintió sola: “Recuerdo que ella decía: ‘Es un amor absoluto, pero es un amor aburrido’. En cierto modo, entendí a qué se refería: él jugaba al golf todo el tiempo o miraba la televisión o estaba siempre afuera con la Marina. Creo que ella estaba tremendamente aburrida, y eso la empujó a los brazos de otros hombres. Él la avergonzaba por cómo le hablaba a la gente; creo que Sarah le perdió el respeto. Ella es muy encantadora y nunca le hablaría con desprecio a alguien que considerara inferior, pero Andrés sí lo hacía y ella odiaba eso”, contó Seward. Para Andrew Lownie, autor de Entitled: The Rise and Fall of the House of York, si bien la relación romántica se diluyó muy pronto, Andrés quería la foto de la familia feliz y quiso recomponer la pareja por el bien de las hijas: “Él pensó que sería lindo volver a estar juntos por el bien de las chicas, pero Sarah no quiso”. Y ahí, quizás, nació el mito de la pareja de divorciados más feliz y la idea de que estaban unidos contra el mundo. Hoy, Lownie dice: “Sarah vivía en el extremo opuesto de la casa y, aunque se encontraban y hablaban por teléfono, no creo que hubiera mucho contacto. Siempre existió esa idea bastante cínica de que él era su tarjeta de presentación para hacer negocios y para ver a los miembros de la familia real”.SEPARADOS, PERO JUNTOSEl funeral de Kate Worsley, la duquesa de Kent, en septiembre del año pasado, y el bautismo de Atenea, la hija menor de la princesa Beatriz, en diciembre, fueron las últimas veces que Andrés y Sarah se mostraron juntos en público. Aunque ambos habían mantenido el perfil bajo tras las nuevas revelaciones sobre su amistad con el fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein, está claro que la relación de los divorciados más felices del mundo se encuentra en un lugar completamente diferente. Ese bloque que parecía tan sólido se quebró.Hoy, mientras Andrés está instalado en Marsh Farm, una modesta finca de Sandringham, Norfolk, Sarah pasa temporadas en las casas de amigos adinerados [la última vez que la vieron estaba en Austria, esquiando] hasta que defina dónde va a vivir y cómo se va a mantener. Llevan meses sin verse y pocos se animan a pronosticar el futuro de la relación: así como Lownie dice que “no veo ningún futuro en esa relación”, Ingrid Seward piensa que el lazo entre ambos es demasiado fuerte como para romperse, que quizás estén destinados a estar siempre juntos. “Estoy segura de que siguen hablando porque él la respaldó en muchísimas situaciones. Y, además, tienen mucho en común: a los dos les gusta la plata, ambos son irresponsables y viven en un pequeño mundo de fantasía creado por ellos mismos”, piensa la editora de Majesty.


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