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Irán, inesperado link entre el Mundial y Homeland
Con la posibilidad de sincronía inmediata que solo puede dar la “atención trastornada” (el concepto es de Claire Bishop en su muy recomendable ensayo traducido por Caja Negra) pasa de forma fugaz un reel posteado en X donde Claudia Sheinbaum hace un anuncio sobre la participación de Irán en la inminente Copa del Mundo 2026. Fugaz se diría aquí de reojo: el smartphone informa desde la mesa ratona, mientras por el streaming fluye la tercera temporada de Homeland (2011-2020), serie de revisión recomendada en la actual coyuntura geopolítica. En el videíto, con su estilo seguro y altivo, de rodete tensado por las fricciones de la historia misma, la premier mexicana le dice a quien quiera oírla que si la selección de Irán no es bienvenida en las sedes de Estados Unidos, pues (palabra que en México parece querer decir mucho más) que se queden en su país, el más austral de los tres organizadores. Un minuto después de la distracción o el “trastorno”, hay un giro inesperado en el guion de la serie, en el que se entremezclan la historia de los mundiales, de la tecnología, de la política exterior norteamericana y, al fin, la ficción y la realidad. Siguiendo los movimientos bancarios por detrás del 12-D (un atentado con coche bomba que se lleva puesta a casi toda la cúpula de la CIA), una analista de origen árabe que trabaja para la agencia sigue la pista de la cuenta de un club de soccer en Caracas a nombre de un tal Nasser Hejazi. Su jefe, director interino de la CIA tras el atentado, enarca las cejas y, sorprendido, le responde que ese es el nombre del arquero de la selección iraní que participó en “el mundial de Argentina en 1978”. A los diez años, ese fue mi primer mundial vivido a pleno (del 74 los registros son borrosos y poco confiables, implantados, solo sabía que el password entonces era “Cruyff”) y la curiosidad me había convertido en un insoportable niño Odol que recitaba casi de memoria los 16 planteles repartidos en cuatro zonas. Si es por recordar el debut de Irán en los mundiales, el único nombre que resiste el delete de la memoria es el de Andranik Eskandarian, férreo defensor que siguió su ruta en el irreal Cosmos de Pelé. Sin embargo, sabiendo que Homeland juega todo el tiempo al borde del verosímil, era inevitable pausar el stream (horror del cinéfilo) y seguir la pista de la CIA de ficción en el Aleph de la realidad. Y aquí está, en Wikipedia, con un flequillo bastante occidental, el retrato de Hejazi (nombre usado en la serie por el número 2 de la inteligencia iraní para despistar), quien no solo estuvo en el mundial 78 sino que, apodado “el águila de Asia”, es considerado el futbolista más importante de la antigua nación persa. Cuando participaron del Mundial 78 los iraníes representaban a un país gobernado por Rehza Pahlevi, el Sha, que, entronizado en 1967, sostenía un régimen pro-americano que en el debut frente a Holanda (bueno, ok, Países Bajos), con un 3 a 0 abajo en Mendoza, ya daba señales alarmantes de debilidad. Tanto el funcionario de la Revolución Islámica por detrás del 12-D como el legendario Hejazi (uno en la ficción, otro en la realidad) pasaron en un abrir y cerrar de ojos de aquel régimen a esta teocracia con la que Estados Unidos sostiene ahora mismo una guerra atravesada por la disputa con Israel en Medio Oriente. Para cuando fue mencionado en la tercera temporada de Homeland, Hejazi (cuyas proezas no pudieron evitarle 8 goles contra Escocia, Holanda y Perú en el 78) llevaba dos años muerto. Su inesperada reaparición llega justo a tiempo. La serie volvió a las plataformas con el estrecho de Ormuz como centro de un mundo en el que las reglas parecen escribirse y borrarse con la fugacidad de un tuit. No solo las de la geopolítica, sino también las del fútbol, con su Mundial 2026 de tres países-sede, 48 selecciones (¡deben ser menos las que quedaron fuera!) y las novedosas cooling breaks (pausas de rehidratación). Al fin, Irán hará base en Tijuana y el Mundial podría parecerse un poco más a Homeland si los futbolistas persas, como agentes encubiertos de la Guardia Revolucionaria, tuvieran que tramitar falsos pasaportes para jugar en Los Ángeles y Seattle sus partidos de la primera ronda.