Fragmentada y en crisis tras perder su hegemonía, la derecha colombiana se alinea con un outsider

BOGOTÁ.– En el parque El Golfito, en medio de un barrio de clase media y casas bajas, solo el eco de los aviones que salen y llegan del aeropuerto internacional de El Dorado de Bogotá interrumpe la calma. Un hombre cruza su orden geométrico impecable con su hija de la mano para ir a la escuela. Resulta difícil creer que hace poco menos de un año, el principal candidato presidencial de la derecha colombiana recibió seis tiros en una de sus esquinas.“Fue ahí mismo, donde ahora está el altar. Miguel Uribe estaba dando un discurso de campaña cuando lo mataron”, dijo a LA NACION Lidia Castro Herrera, una mujer de unos 50 años que paseaba a su perro, mientras señalaba un pequeño altar blanco, como los que se ven en las rutas argentinas pero con leyendas de “paz” y “viva la democracia”.En el momento de su muerte, Miguel Uribe Turbay era el candidato más fuerte de la derecha colombiana, y parecía capaz de aglutinar bajo su figura tanto a los sectores más tradicionales de la derecha del país, como el uribismo, como a partidos más heterodoxos, pero parte del mismo espectro político.Una de las grandes preguntas a horas de la elección es si hubiera sido capaz de evitar la fragmentación del sector político que ha gobernado casi sin interrupciones durante gran parte de la historia contemporánea de Colombia y, más aún, si hubiera sido capaz de detener la caída libre en la que, al menos desde 2022, parece encontrarse este sector.La caída del uribismo“Es que no sabes lo que robaron, durante años se robaron de todo, y encima salieron impunes. Por eso la gente se cansó”, dijo a LA NACION Dinael González, un vendedor ambulante de 41 años en el barrio de Modelia.Dinael se refería a la serie de gobiernos de derecha que gobernó el país entre 2002 y 2022, y en particular a los mandatos del expresidente Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), una de las figuras más influyentes de la derecha y de la política colombiana de este siglo. Pero la indignación de la gente en Bogotá parece no limitarse a los gobiernos del fundador del uribismo, porque incluso cuando este se retiró de su segundo mandato fue capaz de influir en la elección de los próximos dos presidentes que le sucedieron en el cargo y que a ojos de personas como Dinael cargan con los mismos pecados que Álvaro Uribe.“Partidos como el Centro Democrático [que Álvaro Uribe fundó en 2013], el Partido Conservador, y otros que han sido considerados de derecha en Colombia siempre han tenido las mismas figuras políticas tomando decisiones”, dijo a LA NACION Jamer Chica, consultor político y estratega de campañas electorales de la Universidad de Caldas.“En el caso del Centro Democrático, hemos visto que en las precampañas se han instrumentalizado las encuestas y se han amañado mediciones para elegir a un único candidato desconociendo el voto mayoritario. Ese fue el caso en 2018, también en 2022 y ahora se repitió con la elección de Paloma Valencia”, agregó el experto. En este panorama, no sorprende que la figura de Valencia, profundamente vinculada al uribismo y tercera en las encuestas pero muy por detrás de su competidor por la derecha –entre 10 y 15 puntos porcentuales dependiendo de la fuente– , haya quedado por completo eclipsada por una figura que trae aires nuevos, un outsider que se jacta de no venir de la política ni de guiarse por su lógica.La derecha colombiana tampoco ha logrado aprovechar el envión de la ola de triunfos conservadores en la región. Desde las victorias de Daniel Noboa en Ecuador y el presidente argentino Javier Milei en 2023, pasando por la reelección de Nayib Bukele en El Salvador el año siguiente y los cambios más recientes en Chile y Bolivia, Colombia parece ser uno de los pocos países en América Latina en los que la derecha no logra hacer pie.Una figura fresca“Abelardo de la Espriella ha sabido captar muchos de los votos del uribismo porque tiene una lectura muy clara de lo que representa al votante de derecha y sus principios, esto es el orden, la autoridad, la familia y la religión”, explicó Chica.El candidato conocido como “El Tigre” ha basado su campaña en un llamado al “sentido común”, caracterizado en su visión precisamente por los pilares de “la familia, la propiedad, el trabajo, la fe y la seguridad”, y ha centrado su discurso en torno a la necesidad de eficiencia del Estado y los valores del emprendedurismo, así como la mano dura con el crimen, ya sea para con los grupos armados o la delincuencia común.“Con el solo hecho de decir ‘los nunca y los de siempre’ le está poniendo una etiqueta a toda esa clase política tradicional por la cual muchos colombianos sienten apatía, por lo que también ha sabido ganarse a ese votante indeciso que no se identifica con ninguna de las líneas políticas”, agregó el experto.Una alusión a uno de los eslóganes de campaña de Abelardo en el que promete, entre otras cosas, “el milagro” de “los que nunca hemos robado un peso de la plata pública” o “los que nunca hemos hecho politiquería”.Así, a menos de tres días de las elecciones, “El Tigre” parece haber conseguido gran parte del apoyo de la derecha tradicional, como también una parte no despreciable del voto “apolítico” que vota “por sentido común”.“Voy a ir a votar, pero todavía no sé por quién. Yo no tengo afiliación partidaria porque a mi la política me da lo mismo, yo igual tengo que trabajar, pero lo que tenemos que evitar es que suba Cepeda. Estos años de gobierno [de Petro] nos fue muy mal a los comerciantes, la gente no sale, no gasta nada”, dijo a LA NACION Viviana AgrarioLa frase de esta empleada de 47 años de un local de “empanaditas de pipián” sobre la Carrera 16a, a pasos de la Zona T de Bogotá, parece resumir la sensibilidad del votante indeciso de Colombia.Sea quien sea el que se imponga finalmente como el caballo de batalla de la derecha colombiana en caso de balotaje, se espera que reciba el apoyo, al menos partidario, de su contrincante directo.“En la derecha se ve una Paloma con una estructura más tecnocrática y un Abelardo con una estructura más de voto patriota. De fondo, lo que buscamos nosotros es ser eje de unión para que cualquiera de los dos candidatos que pase en segunda vuelta logre conectar su campaña con la campaña ganadora, y limar esas asperezas que se han visto en campaña”, dijo a LA NACION Diego Hernán Neira, representante regional de la derecha colombiana y candidato para la Alcaldía de Tunja.
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