La mentalidad ganadora de Gabriel Heinze, la receta del éxito de un Arsenal que vuelve a luchar por algo grande

BUDAPEST, Hungría.- Existen hilos humanos que duran años, y que disponen de tanta fuerza y determinación que pueden recorrer continentes. El que une la vida y la carrera de Gabriel Heinze parte de su Entre Ríos natal y terminará esta tarde su recorrido en el Danubio, el glorioso río que baña esta ciudad. Pero pasa también por Inglaterra y, sobre todo, por el Sena de París, donde empezó la relación entre el Gringo y Mikel Arteta, hoy respectivamente asistente y primer entrenador del Arsenal. Eran principios de milenio y el Paris Saint Germain que hoy impera en todo el continente europeo todavía no era tan despótico sino simplemente un equipo cualquiera en el campeonato frances.Y fue en este caldo de cultivo en el que el entrenador era el franco-español Luis Fernandez que el defensor argentino y el centrocampista vasco cruzaron sus caminos. El mismo idioma abrió al acercamiento natural, y el joven Mikel, que ya se había curtido en la Masía del Barcelona, donde compartía la litera con Pepe Reina, dio comienzo a su largo recorrido como futbolista que hoy lo ve ser director técnico de los londinenses. Sin embargo, este sábado desde las 13 (hora argentina) en Budapest el PSG será el rival de ambos. En la que se conoce como “La París del este”, es decir la capital de Hungría, el calor que abre al verano abrasa literalmente cada calle de esta urbe con pocos árboles y de enormes avenidas. Y por una de éstas, la que bordea la Ferenc Puskas Arena, Arteta y Heinze llegaron a la sede de la gran final uno al lado de otro. Y llegaron para cerrar un círculo empezado en un la ciudad cuya representativa será la encargada de matar el sueño del “doble”, tras haber triunfado en la Premier League después de 22 años. Del Paraná al DanubioPero, si en el plantel del Arsenal de hoy en día hay alguien que puede de verdad hacer frente a ocasiones exigentes, este es el “Gringo”, un ex defensor que hoy no solamente es el primer consejero del entrenador vasco sino que es como una especie de hermano mayor para sus jugadores. Fue su determinación la que infundió a los jugadores Gunners la confianza necesaria para no desplomarse tras la derrota por 2-1 en el Etihad Stadium el 19 de abril. Una derrota que parecía abrir a un nuevo tropiezo de los londinenses, que ya se han visto sobrepasar por los mancunianos tras una primera vuelta de ensueño.Al final del partido una pancarta ponía “Panic on the Street of London”, estribillo de una famosa canción de los Smiths, con el que los hinchas del City dibujaban la situación del momento. Pero quién no sintió algún tipo de pánico fue el mismo Heinze, que con toda su garra sacudió a los suyos para que después ganaran cinco partidos de cinco en la Premier, además de clasificarse a la final de la Champions. El carácter de caudillo de Heinze salió en el momento más adecuado, es decir cuando había que sacar los colmillos y atacar para defender un título que los Gunners habían merecido.La gran diferencia entre el Arsenal que se fundió metalmente el año pasado y el de la temporada actual está en la presencia del entrerríano, que desde el Paraná que fluye cerca de su Crespo natal llegó al Danubio de Budapest. Tras haber pasado por el Sena y vivir ahora a orillas del Támesis. Una historia de convicción extrema la de Heinze, que con Arteta estrechó el vínculo en Inglaterra mientras uno jugaba en el Manchester United y el otro en el EvertonUn paso atrás, dos adelante“Siempre está puesto con el objetivo del próximo partido. No piensa en otra cosa que en la organización del trabajo. Es un tipo que no descansa nunca”, afirma Javier Vilamitjana, preparador físico y analista que trabajó con Heinze durante muchos años, desde Argentinos hasta Atlanta United. Para él, que ha vivido con el Gringo muchísimos momentos en su etapa como entrenador, la huella del ex defensor de la selección en el Arsenal de hoy es muy evidente: “Siempre se destaca por la motivación que tiene, siempre muestra una energía impresionante, y sabe transmitirla a los jugadores. Eso no es fácil”.Quien coincide en la descripción de un técnico que sabe entrar en la mente de los jugadores es Juan Pablo Sorín, hoy comentarista y presente en Budapest. Para el ex lateral de la Albiceleste, donde compartió vestuario con Heinze, el Gringo fue clave en “superar esa laguna que tuvieron durante la temporada”. Además, destaca Sorín: “Creo que los jugadores han mejorado mucho en lo defensivo gracias a Gabi porque los contagia con su espíritu de lucha, y su experiencia como entrenador en Argentinos, Velez, etc…”.Para Sorín, que destaca también el papel de Germán Castaños, otro argentino que forma parte del staff de Arteta, el Gringo ha sido capaz de dar un paso atrás para después dar dos adelante en su decisión de dejar de lado el trabajo de primer entrenador y volver, después de un tiempo, a hacer de asistente. “Está en un momento diverso de su vida en el que se había alejado un poco, y a veces alejarte y volver puede ser muy positivo, y eso es lo que pasó en el Arsenal con él”. Compañero Alejado de los focos lo más posible durante el entrenamiento de la tarde en el Ferenc Puskas, Heinze ha estado en cambio muy cerca de los jugadores. Y eso es algo que suele hacer y que se ve claramente como un privilegio de su parte. El hecho de haber sido jugador y entrenador ahora lo pone en un lugar más cómodo para tomar la confianza de los futbolistas a su disposición. Y mientras el PSG se dedicó principalmente a los ejercicios con la pelota, con Luis Enrique que charlaba con sus asistentes sentado sobre un balón pero lejos del montón, Heinze y Arteta participaron activamente en toda la sesión.La percepción es que el Gringo sea un compañero más para los jugadores, algo como un hermano mayor con el que poder incluso bromear. En un momento del entrenamiento sin balón, tras unas risas y unas carcajadas se han escuchado los gritos de diversión de Heinze y Odegaard, con el primero que llevaba a upa al segundo por unos segundos, desatando todavía más locuras en el plantel de los ingleses. Quizás en Budapest no sean favoritos para muchos, pero se han aproximado a la gran cita con la sonrisa y el entusiasmo necesario para revertir el pronóstico. Liderados por el carisma de Heinze, el líder de bajo perfil que antes del partido se reencontrará con Luis Enrique, su entrenador en una temporada en la Roma en la que ninguno de los dos pudo concretar algo importante. Tras darse las manos, empezará la batalla más esperada, sobre todo por quién desconectó del fútbol y vuelve a abrazarlo para poder escribir no la historia, sino la épica.
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