Señales confusas en la cadena láctea: Más leche y exportaciones en el primer trimestre del año, acompañadas por rentabilidad negativa y deterioro crediticio en los tambos
El primer trimestre del año arrojó señales más que confusas para la cadena láctea argentina. Al tiempo que la producción de leche creció, las exportaciones alcanzaron su mayor nivel en lo que va del siglo, y la oferta interna recuperó volúmenes similares a los de años anteriores, el eslabón primario...
Ese fue el diagnóstico que trazó un informe de la Fundación Mediterránea, que aseguró que la actividad se enfrenta a un escenario mucho más desafiante y exigente en términos de su sostenibilidad económica.
En lo que respecta a la producción, durante los primeros tres meses del 2026 la misma se ubicó en torno a los 889 millones de litros mensuales, un 9,4% por encima del registro en igual período de 2025, y un 5,4% por encima del promedio de los primeros trimestres del período 2000-2024.
Este mayor volumen encontró de forma exitosa donde colocarse en el mercado externo, al que se le destinaron unos 268 millones de litros mensuales –en formato de leches, quesos, postres y manteca- durante el primer trimestre, lo que supone un incremento interanual del 16% y se ubica como el mayor registro para un primer trimestre en lo que va del siglo.
Aquello representó el 30% de la oferta, dejando el 70% restante en el mercado interno. Aquello representó unos 621 millones de litros mensuales equivalentes, cifra que se ubica casi 6% por debajo del promedio de los primeros trimestres del período 2000-2024. Aún así, representa un incremento del 6,6% respecto del primer trimestre de 2025, y marca un retorno a volúmenes similares a los de años previos.
“En conjunto, los datos muestran una cadena que volvió a operar con mayor disponibilidad de materia prima, una salida exportadora muy dinámica y una recuperación parcial de la oferta destinada al mercado interno. Esa mejora de cantidades, sin embargo, también implicó una mayor presión sobre el equilibrio interno de la cadena, en particular sobre el precio recibido por el productor”, señala el informe.
En concreto, durante el primer trimestre precio promedio de la leche cruda se ubicó en $514 por litro a nivel nacional, un valor que resultó un 19% inferior al de un año atrás ($632/litro) y también 19% menor al promedio de los primeros trimestres del período 2006-2024 ($635/litro).
Medido en dólares, se trató de 0,35 centavos de dólar por litro, un valor 22% inferior al de igual período de 2025, y 13% menor al promedio de los últimos veinte primeros trimestres.
Lejos de sorprender, este deterioro se registra de forma ininterrumpida desde mediados de 2024. “La mayor disponibilidad de leche, junto con una oferta interna en recuperación y una demanda que no logró absorber plenamente esa presión sin afectar precios, contribuyó a mantener acotada la capacidad de recomposición del valor pagado al productor”, explica el trabajo.
Esto se combina, a su vez, con una menor participación del productor primario dentro del valor de la canasta básica. En abril se ubicó en 23,2%, unos 2,1 puntos porcentuales por debajo del registro de abril de 2025 (25,3%). En perspectiva histórica, se trata del valor mensual más bajo de la última década.
La caída de esta participación refleja que el precio de la leche cruda se ajustó con mayor intensidad que el precio final de los productos lácteos: Entre marzo de 2025 y marzo de 2026, los precios al consumidor de la canasta láctea disminuyeron 11% en términos reales, mientras que el precio recibido por el productor cayó 18% interanual.
“Muestra que durante el último año, el ajuste de precios fue más intenso sobre el tambo, lo que derivó en una menor participación del productor en el valor final de la canasta láctea”, marcan desde Fundación Mediterránea.
El combo de estas circunstancias dejó a la rentabilidad primaria en negativo. De acuerdo con los datos monitoreados por OCLA e INTA, en marzo de 2026 la renta del tambo se ubicó en -0,9% por quinto mes consecutivo. Se trata de puntos porcentuales por debajo del observado un año atrás (3,7%), lo que supone el peor marzo de la década.
“La rentabilidad negativa muestra una presión económica sobre el capital aplicado a la actividad, pero no necesariamente captura de manera directa el costo financiero efectivo que enfrentan los establecimientos endeudados. Por eso, el deterioro del indicador debe leerse junto con la evolución del crédito bancario: cuando la rentabilidad económica se ubica en terreno negativo, la capacidad de afrontar deuda, renovar capital de trabajo o sostener inversiones se vuelve más exigente”, explica el informe.
El panorama del industrial exportador aparece, en este escenario, como uno mucho más holgado. Por caso, la exportación de leche en polvo entera promedió un margen bruto de 22,7% enero-marzo de 2026, por encima del 13,2% registrado en igual período del año anterior.
Como si eso fuera poco, la presión también se observó en el frente financiero, donde se dio un importante saldo de préstamos bancarios y un relevante deterioro de la calidad crediticia.
Respecto al primer punto, al cierre del primer trimestre de 2026, los establecimientos lecheros tenían saldos por $478.401 millones, lo que equivale a 970 millones de litros a un valor de 493 pesos por litro.
“Considerando una producción nacional acumulada en los últimos doce meses de aproximadamente 11.846 millones de litros, la deuda bancaria representaba alrededor del 8,2% de un año de producción nacional”, detalla el trabajo.
En cuanto al deterioro de la calidad crediticia, la irregularidad de la cartera -es decir, la porción de los préstamos que no se encuentra en situación normal sobre el total- se ubicó en 4,7%, un nivel que duplica el promedio del período 2011-2025.
“El dato actual no aparece como un pico aislado, sino como parte de una secuencia de deterioro sostenido. Desde el segundo trimestre de 2025, la irregularidad pasó de 1,4% a 2,8%, luego a 4,2% y finalmente a 4,7% en el primer trimestre de 2026. En este sentido, el problema no radica solo en el nivel alcanzado, sino también en la persistencia del aumento. Córdoba y Santa Fe, las dos principales provincias lácteas, registraban las tasas de irregularidad más elevadas entre las cuencas de mayor peso”, indica luego.
Y remarca: “El deterioro de la rentabilidad económica se produce en simultáneo con un mayor peso de la deuda bancaria y con una calidad crediticia más frágil. En ese contexto, la capacidad de los tambos para sostener capital de trabajo, refinanciar pasivos o encarar inversiones queda más condicionada”.
La cantidad de tambos se redujo otro 2,6% respecto del año anterior y también se achicó el número de vacas lecheras
Frene a este panorama, Fundación Mediterráneo concluye que los próximos meses serán clave para determinar si se trata de una tensión transitoria, asociada a la recomposición de la oferta y al cambio en las condiciones financieras, o si marca el inicio de una etapa más prolongada de fragilidad.
“La propia estacionalidad de la producción podría jugar a favor de cierta recomposición de precios, en la medida en que los meses de otoño e invierno suelen traer una menor disponibilidad relativa de leche y, por esa vía, aliviar parcialmente la presión de oferta. En cualquier caso, la coyuntura muestra que el desafío de la lechería no pasa solo por producir más, sino por canalizar esa mayor producción hacia mercados dinámicos y sostener una estructura de precios, márgenes y financiamiento”, finaliza.