“Aunque las variables macro estén controladas, cuando uno habla de competitividad seguimos muy finitos”, dice Leonardo Sarquis, marcando la necesidad de una política “mas enfocada”
Alejado desde hace poco más de diez años de la función pública, el consultor Leonardo Sarquis sigue de cerca la evolución del sector agropecuario que, considera, todavía tiene mucho margen de mejora. “Ahora hay un escenario de una pseudo tranquilidad y estabilidad que el agro valora, independienteme...
“Ahora hay un escenario de una pseudo tranquilidad y estabilidad que el agro valora, independientemente de lo que siempre los reclamos están”, analizó en charla con Bichos de Campo quien supo ser ministro de Agroindustria de la provincia de Buenos Aires durante el gobierno de Mauricio Macri.
Aquellas demandan gira principalmente en torno a una baja en los derechos de exportación, que a pesar de las promesas de la gestión actual siguen todavía en niveles elevados para los principales complejos granarios; a la presión impositiva, tanto a nivel municipal como provincial; y al aumento generalizado de costos.
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“Cuando uno habla de la competitividad, aunque las variables macro estén controladas seguimos estando muy finitos”, afirmó Sarquis, que apuntó hacia la necesidad de una “política pública enfocada”.
“Necesitamos pensar en legislaciones, en resoluciones, no en trabas. Ahora tenemos una posibilidad muy buena con estos acuerdos Unión Europea-Mercosur, Argentina-Estados Unidos, y seguramente habrá más acuerdos bilaterales. Los mercados se van a ampliar en la medida que siga esta estabilidad macroeconómica, pero no alcanza solamente con eso. Uno ve un montón de rubros que no están tan bien. Me parece que ahí es donde hay que dar el paso. El productor se tiene que sentir respaldado porque, finalmente, es el primer eslabón de la cadena”, sostuvo el consultor.
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-¿Cuáles son los mejores ejemplos para seguir?- le preguntamos.
-Hay que mirar a los países que, independientemente de los cambios de gobierno y de los signos políticos, no discuten las cosas importantes. Brasil tiene, desde el primer gobierno de Lula en el año 2012, una línea de financiamiento para todos los niveles del sector agroindustrial, a tasas bajas donde cada productor o cada empresa presenta su plan de acción o su plan de negocios y obtiene financiamiento. Eso siguió sin importar si el presidente es o no Lula. En Brasil tenés, además, unos 200 legisladores que se vinculan al sector. En Estados Unidos pasa lo mismo. Es momento de dar esa vuelta de rosca, de seguir beneficiando al productor, no porque el productor proteste, sino por lo que la producción puede dar.