Gustavo Carrara: “El problema del trabajo es una preocupación central y es el eje de la cuestión social”
La Nación··en 40 minutos
El arzobispo de La Plata y presidente de Cáritas reconoce la baja de la pobreza en mediciones vinculadas al ingreso, pero advierte sobre que la paralización de obras, la crisis de la salud y la interrupción de programas consolidan el deterioro estructural; la Iglesia realizará una colecta anual el 6...
El trabajo que Cáritas, el brazo social de la Iglesia, realiza desde hace 70 años en el país es persistente y crece en los tiempos de crisis en la Argentina. Mientras el presidente Javier Milei celebra como un logro la sostenida baja de la inflación, el arzobispo de La Plata y presidente de la organización caritativa de la Iglesia, monseñor Gustavo Carrara, entiende que el freno a la suba de precios no es suficiente y advierte que existe “un parate en el financiamiento de obras y programas sociales y en la presencia inteligente y eficiente del Estado, que consolida una pobreza multidimensional y estructural”.“El problema del trabajo es una preocupación central y, de acuerdo a la doctrina social de la Iglesia, es el eje de la cuestión social”, define el arzobispo, que expresa la mirada de la Iglesia sobre la problemática que castiga a los sectores más vulnerables. Y amplía: “En un barrio, una persona puede haber recibido una mayor transferencia por la Asignación Universal por Hijo (AUH), pero se paralizaron obras que llevaban agua, electricidad segura, cloacas, un centro de salud cercano o una escuela nueva”, enumera, en una entrevista con LA NACION para explicar los alcances de la principal colecta anual de la Iglesia.Con los $14.230 millones recaudados en la colecta de 2025, Cáritas llevó adelante programas de educación, alimentos, prevención de adicciones, seguridad alimentaria, integración de barrios populares y atención en emergencias. En medio de la crisis actual, enfrenta la decisión del gobierno libertario de desfinanciar programas, como el de autoconstrucción de viviendas, que quedaron a mitad de camino y que la Iglesia intenta hoy retomar a partir de acuerdos con gobiernos provinciales, como los de Buenos Aires, Córdoba y Chubut.-¿En qué contexto social se realiza esta colecta de Cáritas?-La colecta anual de Cáritas es el 6 y 7 de junio, con el lema “70 años alentando la esperanza”. Tuvimos un encuentro en la Villa Marista de Luján y allí presentamos las líneas de acción para los próximos tres años, a partir de una escucha realizada en todo el país para relevar las inquietudes de 1320 comunidades. La principal preocupación es el tema del trabajo. No alcanza y existe el miedo a perder el empleo. Otros problemas son la salud mental, las adicciones, la ludopatía, la problemática del proyecto de vida y los suicidios que constatan las comunidades. A eso se suman los programas que venimos trabajando, como la primera infancia, la educación, las becas, la integración de los barrios populares y las villas.-¿Cómo financia Cáritas sus programas de ayuda y promoción integral?-Se financian con la recaudación de la colecta anual, con acuerdos con sectores privados y el Estado, tanto a nivel nacional como provincial y municipal. Un tercio de lo que se recauda va a las parroquias, otro tercio va a las diócesis y el tercio restante se asigna a Cáritas Nacional, con programas de intervención de distintas escalas. El año pasado se recibieron 190.000 donaciones y trabajan 50.000 voluntarios en todo el país.-¿La problemática del empleo es mayor que en años anteriores?-El problema del trabajo es una preocupación central y, de acuerdo a la doctrina social de la Iglesia, es el eje de la cuestión social. Si bien en algunas mediciones la pobreza por ingreso pudo haber bajado, sobre todo por la transferencia directa de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la tarjeta Alimentar, desde la perspectiva multidimensional se mantienen graves déficits. Una persona puede haber recibido más ingresos por la AUH, pero se paralizaron obras que llevaban agua, electricidad segura, cloacas, un centro de salud cercano o una escuela nueva en un barrio precario. Hay un parate en el financiamiento y en la presencia inteligente y eficiente del Estado, lo que consolida una pobreza multidimensional y estructural.—¿No es suficiente que haya bajado la inflación?-No es suficiente para abordar una pobreza que es multidimensional. Claramente es muy bueno que baje la inflación y se sostenga esa baja. Pero si se pierden puestos de trabajo es muy preocupante, porque la gente no va a tener para comprar lo mínimo, aunque haya un descenso del índice inflacionario. El análisis tiene que ser integral. Puede haber crecimiento económico en un sector de la economía, pero no necesariamente eso genera mayor cantidad de empleos que reemplacen los puestos que se perdieron. Y se puede generar un crecimiento de empleo en torno de Vaca Muerta, pero la gente que perdió el empleo en el conurbano bonaerense no va a poder ir a trabajar allí. El análisis tiene que ser integral.-Muchas veces se asocia la tarea de Cáritas a la asistencia en alimentos. ¿Hubo una reducción de la ayuda del Estado para el funcionamiento de comedores?-Cáritas realiza asistencia directa, a través de los comedores, con donaciones que recibe en las parroquias y programas con el Estado que permiten comprar alimentos, aunque hoy existen menos espacios para ofrecer el servicio. La demanda ha crecido y se sostiene en las parroquias. Pero Cáritas no solo da de comer. Ha tenido programas de autoconstrucción de viviendas, con una perspectiva del desarrollo humano integral. -¿Estos programas de autoconstrucción de viviendas se redujeron?-Cáritas estaba construyendo 1200 viviendas en todo el país y el programa se frenó al pararse la obra pública. Tenían un fuerte impacto en comunidades muy pobres. Se llevaban adelante en acuerdos con el Estado nacional y se desfinanciaron. Algunas viviendas se hacen por aportes puntuales, por ejemplo, de la Conferencia Episcopal Italiana, para viviendas temporales y comunitarias destinadas a jóvenes de los Hogares de Cristo que han salido de la calle y del consumo.-¿Hay canales de diálogo con el Gobierno para plantear estas preocupaciones?-Sí, hay instancias de diálogo; la Iglesia siempre trata de tender puentes. Por la cuestión alimentaria hablamos con el Ministerio de Capital Humano; por la crisis del área de discapacidad conversamos con el Ministerio de Salud. Intentamos llevar las inquietudes de la gente a la que acompañamos.—¿Qué respuestas encuentran?-Distintos niveles de respuestas. En lo alimentario se ha sostenido el plan que el Ministerio de Capital Humano desarrollaba con el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD), con la conversión de comedores en centros de familia. El de autoconstrucción de viviendas se ha cortado e intentamos continuarlo con el financiamiento de gobiernos provinciales, como los Buenos Aires, Córdoba y Chubut, por ejemplo. En Salud y discapacidad se pudieron destrabar algunos pagos de prestaciones que ya se habían dado, pero aún falta aceitar este mecanismo, porque muchas instituciones siguen en jaque. Los cottolengos de Don Orione, por ejemplo, acompañan a 1200 personas muy frágiles y enfrentan situaciones extremadamente críticas.-¿Los sectores vulnerables tienen capacidad para reclamar derechos?-Hay que crecer en la conciencia de mirar a quienes no se pueden movilizar para demandar sus derechos. Asistimos a las marchas universitarias multitudinarias en defensa de la educación pública, un reclamo genuino y necesario, porque un país progresa si hay educación y trabajo. Pero hay personas que no pueden movilizarse para reclamar sus derechos y el área de discapacidad es una fragilidad a cuidar.—¿Hay insensibilidad en el Gobierno frente a estos reclamos?-El objetivo del Gobierno es mantener el déficit cero, equilibrar las cuentas y el presupuesto. Pero no se puede hacer eso dejando gente afuera. Habría que ver dónde hacer el ajuste, dónde se pueden liberar ciertos impuestos o retenciones, ver el modo adecuado. Los que más posibilidades tenemos debemos aportar más. El ajuste no puede ir por los que menos tienen. Es un tiempo complejo a nivel mundial.-El arzobispo de Buenos Aires planteó estos temas en el tedeum, como el reclamo por el terrorismo en las redes, y el Presidente respondió que había sido un poco exagerado. ¿Cómo evalúa esa reacción?-Hay un nivel de violencia innegable en las redes sociales. Y es difícil que ese nivel de violencia no se traslade después en acciones. Hay que mirar lo que fue entre los adolescentes el desafío viral, se tradujo en las escuelas, con escritos y amenazas. No tenemos que preguntarnos qué le pasa al adolescente, sino qué nos pasa a los adultos. Somos nosotros los responsables. La violencia que se da en las redes es real y se traduce después en acciones. También hay violencia en los barrios, en el Congreso de la Nación. El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, dijo que bajemos todos esos niveles de violencia. Es la línea del papa León XIV, que llamó a “desarmar” el lenguaje.-¿Cómo se está trabajando para lograr la visita del papa León XIV a la Argentina?-En la Conferencia Episcopal estamos atentos y preparándonos interiormente para la visita, que no está confirmada oficialmente. Habría posibilidades e interpreto que irá acompañada del viaje a Perú, una tierra muy significativa para el Papa porque allí fue misionero. Cuando terminó más tarde su gestión de 12 años como superior de los agustinos en Roma decidió volver a Perú y Francisco lo nombró obispo. En el corazón del Santo Padre añora una vuelta a la diócesis de Chiclayo. Veremos si se anuncia la visita.-¿Qué resultados puede tener la visita del Papa a la Argentina?-La visita del Papa moviliza la fe del pueblo. Yo era adolescente cuando Juan Pablo II visitó por segunda vez la Argentina en 1987. Me acuerdo que recibíamos peregrinos de Uruguay y de otros países y la noche previa a la misa final dormí en la calle con otros jóvenes. Puede movilizar mucho la fe del pueblo y eso puede hacer mucho bien.