Economía
Un experto habló de los nuevos biocombustibles que no vienen de los cultivos agrícolas y fue contundente
En el mundo avanzan opciones a partir de aceites usados, grasas animales y otros residuos orgánicos
Durante muchos años se asoció la producción de biocombustibles principalmente con cultivos agrícolas que permiten fabricar bioetanol y biodiésel para ser usados en automotores y tractores. Sin embargo, más recientemente avanzaron con ímpetu los biocombustibles para aviones y buques, que pueden ser generados a partir de aceites usados, grasas animales y otros residuos orgánicos. Y la tendencia es a que el uso de estos productos siga creciendo en el mundo, lo que genera una nueva oportunidad para la Argentina.El tema fue tratado por Agustín Torroba, especialista en Biocombustibles y Energías Renovables de IICA, quien disertó en reciente congreso de Maizar. Granja Tres Arroyos cerró una histórica planta avícola por conflictos gremiales“En el mundo hay un mercado de consumo infinito para los biocombustibles, lo que representa una oportunidad para la Argentina, si se adapta a las tendencias imperantes”, desafió el orador. Las dos principales son: Demanda creciente. Ya hay 60 países que mezclan etanol con nafta, siete de cada diez litros de nafta en el mundo están mezclados y ese alcohol reemplaza el 8% de ese combustible fósil actualmente. Por su parte, el biodiésel se está usando en 50 países, que reemplazan el 5% del gasoil en el nivel mundial. Por otro lado, recientemente, en Estados Unidos se autorizó E-15 para usar todo el año en corte con la nafta. Es un mercado con una dimensión 60 veces mayor al de la Argentina, que consume 170 millones de toneladas de maíz para hacer etanol. Por su parte, India, en los últimos seis años, pasó de usar cero etanol a mezclar el 20% con la nafta. Y en Brasil se propone llegar al 32% consumiendo 35 millones de metros cúbicos de alcohol. A todo esto, el biodiésel ya utiliza el 20% del aceite virgen del mundo y el 85% de los aceites usados.Valoración ambiental. La segunda tendencia muestra que las legislaciones de muchos países valoran el activo ambiental y están muy atentos a la huella de carbono para producir combustibles, aspecto en el que muestran ventajas los biológicos sobre los fósiles. “En ese sentido, los cultivos con mejor performance son la caña de azúcar y el maíz”, detalló Torroba. Nuevos productos Un biocombustible que está surgiendo con fuerza es el HVO (Aceite Vegetal Hidrogenado, según sus siglas en inglés) que se produce a partir de aceites usados, por ejemplo de cocinas, y de grasas animales. Es un biocombustible de segunda generación y ya configura el 30% del mercado del biodiésel. Es prácticamente idéntico al diésel tradicional y permite descarbonizar el transporte. Por otro lado, en la Argentina no es muy conocido el SAF (Sustainable Aviation Fuel), que es un biocombustible para aviones, que puede fabricarse de manera convencional o a partir de desechos orgánicos y aceites usados. Es un producto que se está desarrollando de manera creciente y configurará un mercado entre 10 y 20 millones de metros cúbicos en 2030 y de 43 millones de metros cúbicos en 2050 considerando cifras conservadoras. Son valores considerables si se entiende que todos los biocombustibles generan 180 millones de metros cúbicos en el mundo.“En nuestro país todavía estamos muy atrasados en la producción de SAF; no hay ninguna planta que lo destile. Habría que modificar esa situación y para ello sería conveniente certificar las cadenas de valor para procesar maíz o aceites y hacer acciones en la diplomacia ambiental yendo a los ámbitos donde se discuten los estándares de sostenibilidad en las organizaciones de aviación civil, para lo cual debería involucrarse el sector privado”, propuso Torroba.Otro uso en crecimiento es el del biocombustible para uso marítimo que, se mezcla con fuel oil y en los últimos años tomó efervescencia con un comportamiento parecido al del combustible para aviones. También hay barcos duales que funcionan con metanol o etanol puros según el puerto donde se reaprovisionan. Actualmente hay 293 barcos duales que configuran sólo el 0,3% de la flota, pero hay muchos pedidos de buques de estas características en las armadurías. Para que ambos combustibles se desarrollen en la Argentina, habría que conseguir la certificación de valores propios para el país y aprovechar la cadena de valor ya desarrollada. Otra aplicación de los biocombustibles se vincula con la maquinaria agrícola. “Brasil está queriendo ir a mezclas puras en tractores y máquinas autopropulsadas para descarbonizar los laboreos y reducir la huella de carbono de sus productos”, sostuvo el especialistaTransición energéticaAl final de la charla de Torroba sobre biocombustibles, se formalizó la presentación del Movimiento para la Transición Energética y la Movilidad Sustentable en el país, que impulsa una agenda de cambio de la matriz energética adaptada a los recursos y características de la Argentina, semejante a una iniciativa que ya se desarrolló en Brasil.Este movimiento promoverá la producción de biocombustibles derivados de cultivos agrícolas y de residuos, pero también consideraría las posibilidades del hidrógeno verde, el GNC, la electromovilidad, etc. Busca alcanzar un consenso entre las terminales de automóviles, fábricas de maquinaria, productores de biocombustibles y otras instituciones para llegar al Congreso con una agenda consensuada de leyes para el largo plazo y evitar que lobbies independientes promuevan la discusión política. Entre los principales firmantes de este nuevo movimiento están las terminales automotrices, algunas fábricas de maquinaria agrícola, Ciara, la Estación Experimental de Obispo Colombres, Acsoja, Porta Hermanos y la Cámara de Alcoholes Argentinos.En síntesis: en la actualidad, en el mundo, hay una revolución en marcha con la generación de biocombustibles, que va más allá de la producción de etanol a partir de la caña y de maíz y de biodiésel a partir de aceite de soja. Surgen nuevas fuentes de energía para el procesamiento y nuevos usos del producto en el transporte y en la agricultura mundiales. Es un escenario de oportunidad para la Argentina, si todos los actores se alinean en pos de objetivos nacionales consensuados, como ya lo han hecho otros países más adelantados en el tema, con Brasil como emblema, se explicó en Maizar.