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El Ballet del Colón se pone contemporáneo con tres piezas para no dejar pasar
La obra capital del siglo XX, “La consagración de la primavera”, que consagró al gran maestro de la danza Oscar Araiz y dos interesantes estrenos en la Argentina conforman el Programa mixto que continúa hasta el domingo 17 en la sala mayor
Programa mixto. Aftermath (2014). Coreografía: Demis Volpi; música: Michael Gordon; vestuario: Katharina Schlipf; iluminación; Ariel Conde; repositor: Damiano Pettenella. Come In (2006). Coreografía y vestuario: Aszure Barton; música: Vladimir Martynov; iluminación: Leo Janks; repositora: Taylor LaBruzzo. La consagración de la primavera (1966). Coreografía, diseño de escenografía e iluminación: Oscar Araiz; música: Igor Stravinsky; vestuario: Renata Schussheim; iluminación: Ariel Conde; repositor: Yamil Ostrovsky. Por el Ballet Estable del Teatro Colón. Director: Julio Bocca. Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Director invitado: Matthew Rowe. En el Teatro Colón. Próximas funciones: hoy y mañana sábado, a las 20; domingo, a las 17. Hasta el 17 de mayo.Nuestra opinión: Excelente5 starsPoco después del fugaz –y sorprendente– destello de La consagración de la primavera en 1966, según la concepción del entonces joven coreógrafo Oscar Araiz en las legendarias veladas de Amigos de la Danza en el Teatro San Martín, la pieza fue programada el mismo año en el Teatro Colón. El pudor represivo cultural del momento (la dictadura del general Onganía) hizo llegar su descontento. Luego, el Ballet Estable tuvo que esperar 34 años (hasta el 2000) para reencontrarse con esta versión de la obra, originalmente estrenada, en París, en 1913, con coreografía de Vaslav Nijinsky para Les Ballets Russes, y la conmocionante partitura de Igor Stravinsky (entonces fue un escándalo que impulsó a Serguei Diaghilev a bajarla de cartel). No es difícil advertir que los rasgos irritantes de ambas concepciones coreográficas coinciden en una apelación extrema al cuerpo y a la sensualidad, al recrear un rito pagano que apunta a la fertilidad, a la mujer, a la tierra y a instintos primarios. La actual gestión de Julio Bocca en la compañía exhuma esta temporada una vez más la coreografía de Araiz, en un Programa Mixto que se completa con otras dos piezas de danza contemporánea, más recientes (ambas en calidad de estreno para la Argentina).Aftermath, del argentino radicado en Alemania Demis Volpi, abre con un prolongado solo “en rosa” con el que Ayelén Sánchez exhibe un estimulante dominio de brazos y caderas (incluso en el piso), que revela su evolución interpretativa y anticipa el tono sutilmente feminista que destilará la pieza cuando se sumen otras intérpretes, todas mujeres (todas en blanc y con puntas). El grupo a veces rodea a la bailarina inicial pero también reserva bellos momentos de oposición a la solista, así como de integración. La banda sonora electrónica (en vivo y a veces un tanto rimbombante) decrece, y es entonces cuando el coreógrafo propone, acaso como provocación estética, una suerte de “concierto de puntas”: un golpeteo ostensible y deliberado contra el piso, lo contrario de lo que el código neoclásico prescribe (el apoyo silencioso del pie).