Tutankamón, pirámides y momias: las razones detrás del nuevo furor por Egipto

El antiguo Egipto vuelve a convocar al público argentino. Después de reunir a casi 350.000 visitantes, la muestra Ciencia y fantasía. Egiptología y egiptofilia en la Argentina, en el Museo Nacional de Bellas Artes, se convirtió en uno de los fenómenos culturales más convocantes de los últimos años y obligó incluso a extender su fecha de cierre. Durante el verano, además, miles de personas pasaron por El horizonte de Keops, la experiencia de realidad virtual que permitía recorrer la Gran Pirámide de Giza. Ahora, en La Rural, la propuesta continúa con El secreto de los constructores de las pirámides, un recorrido inmersivo que reconstruye cómo pudo haberse levantado la tumba monumental del faraón Keops hace más de 4500 años, a partir de investigaciones arqueológicas recientes y escenarios digitales en 360 grados. A eso se suma también Tutankamón, la experiencia, la exhibición que abrirá el 4 de junio en El Cubo, en Vicente López, con réplicas de objetos hallados en la tumba del faraón niño, reconstrucciones escenográficas y salas audiovisuales.Johann Chapoutot, historiador del nazismo: “Para las élites alemanas, Hitler era un don nadie al que podían controlar”El fenómeno excede a la Argentina. La exposición Egypt Divine del Metropolitan Museum de Nueva York y la inauguración del Gran Museo Egipcio en El Cairo -concebido para albergar buena parte del tesoro de Tutankamón junto con más de 100.000 piezas del antiguo Egipto- volvieron a poner a los faraones en el centro de la escena cultural global. Más de un siglo después del hallazgo de la tumba intacta de Tutankamón por Howard Carter, en 1922, la fascinación parece lejos de agotarse.“Más que una ”egiptomanía", yo diría que hay un interés genuino por conocer la cultura egipcia”, dice a LA NACION la egiptóloga Andrea Zingarelli, curadora de Tutankamón: la experiencia inmersiva y una de las especialistas argentinas en Egipto antiguo. “La posibilidad de recorrer estas muestras o experiencias permite acercarse a distintos aspectos de esa civilización: las divinidades, los reyes, la vida cotidiana. Y además Egipto tiene algo mágico, algo faraónico, algo que sobrepasa lo humano”.Para Zingarelli, buena parte de la fascinación contemporánea por Egipto tiene que ver con esa dimensión monumental que todavía hoy parece desafiar toda lógica. “Todos se preguntan cómo los humanos pudieron construir las pirámides o realizar objetos con semejante excelencia técnica hace más de 3000 años”, señala. Pero también identifica otro elemento central: la relación egipcia con la muerte. “Ellos tenían resuelta la idea de trascendencia. Creían en una vida en el más allá, en el reencuentro con los muertos, y creo que eso nos sigue interpelando muchísimo”.Según cuenta Zingarelli a LA NACION, la muestra que abrirá en El Cubo no está organizada como un museo tradicional. Más que una sucesión cronológica de piezas, propondrá una serie de relatos alrededor de la figura de Tutankamón: su familia, su llegada al trono, la restauración de los cultos tradicionales tras la revolución religiosa impulsada por Akenatón y, sobre todo, el universo material hallado dentro de su tumba.La exhibición incluirá réplicas de collares, pectorales, sarcófagos y de la célebre máscara funeraria, además de reconstrucciones de la cámara funeraria y una sala inmersiva dedicada al viaje espiritual del faraón en el más allá. Pero, para la egiptóloga, uno de los aspectos más fascinantes del descubrimiento tiene que ver justamente con los objetos cotidianos que acompañaban al faraón.“Hay una dimensión humana muy fuerte en esos objetos”, explica la especialista. “En la tumba se encontró de todo: camas, apoyacabezas, joyas, carros y hasta los calzoncillos. De pronto, detrás de la máscara dorada aparece un chico que llegó al trono a los nueve años y murió a los 19”.“No es solo una muestra sobre el descubrimiento de la tumba”, aclara Zingarelli. “También busca contar cómo concebían los egipcios la muerte y qué significaba para ellos ese tránsito”.El hallazgo realizado por Howard Carter hace más de un siglo sigue siendo excepcional. Según recuerda la investigadora, en la tumba aparecieron cerca de 5400 objetos distribuidos en apenas unos 100 metros cuadrados. “Eso la convirtió en un descubrimiento único”, explica. “Y además coincidió con el desarrollo de la prensa moderna, que ayudó a difundir la noticia y a transformar a Tutankamón en un mito global”.Paradójicamente, el faraón niño había sido una figura menor dentro de la propia historia egipcia. “Ni siquiera aparecía en muchas listas reales”, señala Zingarelli. “Pero el descubrimiento tuvo tal impacto que terminó convirtiéndolo en el faraón más famoso del mundo”.La egiptóloga también defiende el auge de las propuestas inmersivas y de divulgación vinculadas con el antiguo Egipto. “La ciencia no puede quedarse encerrada en sus propias paredes”, sostiene. “No todo el mundo puede viajar a Egipto o leer investigaciones académicas. Entonces estas experiencias son una forma de acercar el conocimiento a muchísima gente y de despertar nuevas preguntas”.En su caso, la fascinación empezó mucho antes de viajar a Egipto. De chica leía relatos mitológicos, se interesaba por las historias del mundo antiguo y alineaba muñecos en el patio de su casa para darles clase. Pero hubo una escena decisiva: ver Indiana Jones y los cazadores del arca perdida durante la adolescencia. “Me atrapaba esa idea del misterio y del desciframiento”, recuerda. “Indiana Jones combinaba algo que a mí me fascinaba: enseñar, investigar y descubrir”.Historiadora formada en la Universidad Nacional de La Plata, Zingarelli terminó convirtiendo esa fascinación en un oficio poco habitual en la Argentina. En 1995 integró la primera misión arqueológica argentina en Egipto y desde entonces participó de excavaciones, trabajos epigráficos y proyectos de conservación en Luxor.Durante años estudió jeroglíficos, pinturas funerarias y escenas de la vida cotidiana egipcia. Hoy dirige Amenmose, un proyecto interdisciplinario integrado por investigadores argentinos que permitió hallar más de 2500 objetos en una tumba cercana al Valle de los Nobles.“Entrábamos por un hueco porque la entrada original todavía no había sido descubierta”, cuenta. En las paredes aparecieron escenas de producción de cerveza y pan, banquetes, tareas agrícolas y hasta peluquería. “Es casi como una historieta de la vida cotidiana egipcia”, dice.La tecnología, agrega, transformó radicalmente la disciplina. Desde reconstrucciones digitales y modelos 3D hasta el uso de luz ultravioleta para leer jeroglíficos invisibles al ojo humano. “Hace veinte años teníamos que viajar al exterior para consultar bibliografía. Hoy gran parte del conocimiento está digitalizado. Eso democratizó muchísimo el acceso, y no sucedió hace tanto tiempo”, afirma.La fascinación por Egipto también arrastra desde hace décadas toda una fantasía alrededor de maldiciones, hechizos y tumbas selladas. Zingarelli explica que buena parte de ese imaginario se consolidó tras el descubrimiento de la tumba de Tutankamón, cuando la muerte de Lord Carnarvon -el mecenas de Howard Carter- alimentó las versiones sobre una supuesta “maldición del faraón”.“Hay hechos que ayudaron a construir el mito”, dice. “Carnarvon murió pocos meses después del descubrimiento (justo al mismo tiempo en que su perra murió en Londres y en que hubo un gran apagón en El Cairo) y eso impactó muchísimo. Después la prensa hizo lo suyo y también había toda una literatura sobre momias y maldiciones”.Aunque aclara que nunca se encontraron trampas preparadas deliberadamente en la tumba de Tutankamón, reconoce que incluso entre arqueólogos persiste cierta sensación extraña frente a esos espacios funerarios. “Uno no cree en nada, pero un poco de miedo siempre da”, admite entre risas.Pero más allá de los avances científicos y tecnológicos y de la superstición, Zingarelli cree que Egipto sigue despertando preguntas profundamente contemporáneas. “Ellos pensaban el tiempo de manera cíclica. Creían en el renacimiento y en el encuentro entre vivos y muertos. Nosotros, en cambio, tenemos una relación mucho más tabú con la muerte. Tal vez por eso esa civilización todavía nos sigue fascinando”.Para agendarDel 4 al 28 de junio, de martes a domingos de 10 a 20, en El Cubo – Complejo Al Río (Av. Libertador 101, Vicente López). Entradas: www.tuentrada.com
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